El primero de la dinastía de superbombarderos

 

 

Un Boeing XB-9 en 1932, recién salido de la factoría de Seattle y todavía sin armamento. Los aviones del USAAC (Cuerpo Aéreo del Ejército de los Estados Unidos) llevaban por entonces un llamativo esquema de color a base de azul brillante en el fuselaje y amarillo rabioso en alas y cola. Más tarde el azul se cambió por verde militar y por último todo el aparato se cubrió de caqui aéreo.

En 1930 el USAAC solicitó a los fabricantes de aviones norteamericanos un diseño de bombardero grande y mortífero. Tras más de una década de vacilaciones que incluyeron el fiasco de Barling XNBL, los planificadores militares norteamericanos se decidieron a construir un poder aéreo global. Necesitaban por lo tanto máquinas capaces de volar miles de kilómetros a gran velocidad con pesadas cargas de bombas. El B-9 de Boeing fue el primer avión que se acercó a estas especificaciones, pues podía volar 1.000 km con una carga de 1.000 kilos de bombas, a casi 300 km/h. Sólo se construyeron siete ejemplares del prometedor avión, pues la casa Martin forzó el paso con su modelo B-10, un poco más rápido y de aspecto más moderno y aerodinámico que el B-9.

No obstante, el B-9 resultó ser el verdadero origen de la corriente principal de la “dinastía B”, los bombarderos estratégicos que han sido la base del poder global estadounidense  desde abril de 1931, fecha del primer vuelo del avión. Boeing utilizó su experiencia en el diseño de monoplanos compactos completamente metálicos, que había servido para producir el Monomail y luego sería la base de modelo 247, un avión de pasajeros que voló por primera vez en 1933 y que no destacaría mucho en cualquier aeropuerto actual, aunque luego fue eclipsado por el Douglas DC-1 y sucesores.

El siguiente trabajo de Boeing para el Ejército sería el B-15, un avión gigantesco diseñado como bombardero global, cuya versión reducida, el B-17 o Fortaleza Volante, se fabricó a millares y lanzó cientos de miles de toneladas de bombas sobre Europa. El paso siguiente fue el B-29, la Superfortaleza, primer bombardero atómico, que arrasó Japón con napalm antes de lanzar la Bomba. Tras el interregno del Convair B-36, todavía más grande, el Boeing B-52 fue, desde mediados de la década de 1950 hasta la actualidad (más 60 años en activo, el récord absoluto de longevidad para un militar avión tan grande) fue ya el arma determinante.

Siguieron el Rockwell B-1 y el ala volante Northrop B-2 Spirit, el avión más caro de todos los tiempos. Actualmente la casa Northrop Grumman está trabajando en el B-21, el bombardero del siglo XXI, que parece ser una versión completamente estilizada del ala volante “invisible” B-2. Hay fecha de jubilación para el B-2 y para el B-1, pero no para el B-52, de manera que a la vuelta de 2050 el poder global de los Estados Unidos se apoyaría en la ultrasofisticada tecnología del B-21 y en el B-52, un avión que cumplirá un siglo por entonces.

 

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