Causa Justa

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Un Spectre armado con dos ametralladoras múltiples y dos cañones. Este avión orbita alrededor del objetivo, destruyéndolo con una lluvia ultraconcentrada de proyectiles de grueso calibre.

 
“Just Cause” es un videojuego que transcurre en la isla sudamericana ficticia de San Esperito. Agentes de la CIA, un dictador y grupos revolucionarios se enfrentan en un enorme escenario virtual. La Operación Just Cause (Causa Justa) real no fue un juego. Se desarrolló en las últimas semanas de 1989 y mató a cerca de un millar de panameños, la mayoría civiles, cobrándose la vida también de 23 soldados norteamericanos, una proporción de víctimas de 1 a 50. Atacar Panamá tenía poco mérito desde el punto de vista militar, pues el país invasor dominaba ya mucho antes de la invasión una franja de unas 500 millas cuadradas repleta de bases militares terrestres, navales y aéreas en el mismo centro centro neurálgico del país invadido. Los cuarteles generales del Comando Sureño (Southern Command) estadounidense y de la Fuerza de Defensa panameña estaban a apenas 500 metros de distancia.

Panamá contaba con su Fuerza de Defensa, unos 13.000 hombres poco entrenados armados con armas ligeras. Norteamérica desplegó en el terreno unos 26.000 soldados profesionales. En el aire no cabía esperar oposición. Según un órgano oficial de la USAF, “Los Estados Unidos tenían más que superioridad aérea. Tenían un monopolio aéreo” (1). La Fuerza Aérea Panameña tenía tres docenas de aparatos, ninguno de guerra. La fuerza aérea estadounidense hizo un despliegue completo, en parte desde bases propias en el Canal, como la de Howard, y en parte a base de aviones traídos desde el territorio continental de los Estados Unidos. Lo más importante fue el flujo continuo de grandes cargueros Starlifters que llevaron una división completa a Panamá y grandes cantidades de equipo, ayudados por algunos Hércules. Cierto número de aviones de ataque al suelo, como el A-37 Dragonfly o el A-7 Corsair, se reunieron también.

El ataque aéreo comenzó cuando dos F-117 traídos en vuelo desde Nevada, con nada menos que cuatro reabastecimientos en vuelo, lanzaron sendas bombas de una tonelada sobre los cuarteles de la fuerza de defensa panameña de Río Hato, al parecer no con intenciones mortíferas, sino para “aturdir y desorientar” a sus ocupantes. Los F-117 habían sido diseñados como “bombarderos furtivos”, invisibles para el radar enemigo, cosa evidentemente inútil pues Panamá carecía de cualquier tipo de instalación de defensa aérea. Tras el estrambótico ataque de los bombarderos invisibles de alta tecnología, las fuerzas de tierra norteamericanas fueron ocupando metódicamente todos los puntos claves del país. Aquí fue donde jugaron un papel muy importante los Hércules cañoneros. Un oficial de la 82 División aerotransportada describe así su acción cuando su unidad se encontró en apuros frente a otra de la Fuerza de Defensa panameña: “Explicamos nuestra situación, y el hombre del cañonero preguntó, “¿Dónde estáis?” y se lo mostramos, y él añadió “¿Dónde están los chicos malos?” y se lo indicamos. Hubo una pausa ominosa de un par de segundos, y entonces dijo, “Tenéis que retroceder 18 pies”. Hecho esto, los cañones del AC-130 resolvieron el problema” (1).

(1) John T. Correll: “A Small War in Panamá” . Air Force Magazine, dec. 2009.
 


 

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