Enorme, anguloso y metálico: el arquetipo del bombardero soviético

Un Tupolev TB-3 a comienzos de la década de 1930. El TB-3 (Bombardero Pesado nº 3) alzó el vuelo por primera vez el 22 de diciembre de 1930.

Muchos nombres ilustres de la aviación soviética contribuyeron al diseño del TB-3: V M Petlyakov, V M Myasishchev, A A Arkangel’sky y A I Putilov formaron parte del equipo. El estado no convocó un concurso en el que pudieran participar las empresas, sino que (en 1925) convocó al TsAGI (Tsentral’nyi AeroGirodinamicheskii Institut, Instituto Central de Aerohidrodinámica) para que comenzara los trabajos de un sucesor del TB-1, el gran éxito de Tupolev, un bombardero pesado bimotor de siete toneladas de peso máximo y 1.400 hp. Su sucesor debía tener al menos 2.000 hp de potencia, que era mucho para la época. El estado soviético, en cuanto vio alzar el vuelo al TB-1 ese mismo año de 1925, decidió forzar el paso planeando ya su sucesor. Esto entraba en la lógica de la nueva URSS, un estado recién creado con un régimen político único en el mundo, que veía en la aviación un camino factible para demostrar su superioridad técnica y social. El TB-1, anguloso y cubierto de chapa ondulada, estaba muy influido por los diseños Junkers, que los ingenieros soviéticos conocían de primera mano en la fábrica que la firma alemana tenía en Fili, un suburbio de Moscú.
El TB-3, la versión muy aumentada del TB-1, se convirtió en el momento de su primer vuelo en el bombardero más temible y moderno del mundo. Era 100% metálico, a base de acero y duraluminio y tenía cuatro potentes motores encastrados en el ala, la fórmula definitiva de los polimotores de hélice, cuando en ese tiempo muchos constructores todavía dudaban si colocarlos encima o debajo del ala sujetos por cables y tirantes, o incluso, peor todavía, cómo colocarlos entre las dos alas en el caso de los diseños biplanos, todavía populares en 1930. El TB-3 era enorme, pesado –casi veinte toneladas a plena carga– capaz de llevar cinco toneladas de bombas y tenía un buen radio de acción (2.000 km). Su punto flaco estaba en la velocidad, 200 km/h como máximo.
Su primer trabajo fue participar en el desfile aéreo del Primero de Mayo en Moscú, en 1932. Nueve vastos y angulosos TB-3 volaron sobre la Plaza Roja, una visión del Poder Soviético que se haría familiar en los años siguientes. El verano de 1934 unos cuantos ejemplares, despojados de su equipo militar, hicieron vuelos de buena voluntad a algunas capitales europeas. Todavía faltaban algunos meses para que el asesinato de Serguéi Kirov en Leningrado, el 1 de diciembre, desencadenara todas las furias de la represión. En 1937 tanto Andréi Tupolev como Petlyakov, jefe del equipo de diseño del TB-3, fueron encarcelados.
Los años sucesivos vieron al TB-3 evolucionar en toda clase de versiones y llevar a cabo toda clase de tareas para el estado soviético. Poco a poco quedó claro que el avión sería un pato sentado si tuviera que enfrentarse a los cazas de la época, que ya volaban a 400 km/h como cosa normal. El gran cuatrimotor fue utilizado como carguero, avión de exploración polar, formó parte de Aeroflot y fue usado para experimentos militares en los que llevaba varios cazas adosados que soltaba en el momento oportuno. Cuando llegó la invasión alemana en junio de 1941, los TB-3 que quedaban (unos 500 de un total de 818 fabricados) fueron utilizados como bombarderos tácticos, generalmente de noche (el Me-109 alemán casi triplicaba su velocidad punta) y participaron, como bombarderos o cargueros en todas las batallas de la Gran Guerra Patriótica, hasta 1943 por lo menos. En 1945 la aviación militar soviética todavía tenía unos cuantos en servicio (1).

1- Lennart Andersson, Soviet Aircraft 1917-1941.

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