Cuatro países que se dan la espalda

Fragmento de un mapa de Europa publicado en 1836 (Europeana)

Los verdaderos intereses de los PIGS son verticales, casi nunca transversales. Esta expresión algo enrevesada quiere decir que estos países están obsesionados con los países que tienen “encima” –es decir, los FUG (France, United Kingdom y Germany)– y “debajo” –los enemigos ancestrales de la otra orilla del Mediterráneo. Por ejemplo, España se preocupa mucho de Francia, Reino Unido, Alemania y Marruecos, dedicando una atención bastante displicente al resto del mundo (salvo a las grandes potencia, claro está), salvando la retórica de las repúblicas hermanas hispanoamericanas. Italia dedica gran atención a sus vecinos del norte, los tudescos, y a su ex-colonia e incómodo vecino del sur al otro lado del Mediterráneo, Libia. Grecia mantiene una milenaria relación de amor y odio (más bien esto último últimamente) con Turquía, hasta el punto que son un caso extraño de países pertenecientes a la misma alianza militar, la OTAN, siempre al borde del conflicto y que a veces han entrado en guerra abierta, como cuando el asunto de Chipre en 1974. Es famosa la relación entre España y Portugal, coinquilinas de la península Ibérica, comparable a dos personas espalda contra espalda.

Los dos grandes estados ibéricos comparten península, clima, cocina, cuencas hidrográficas y familia linguística, pero viven completamente apartados el uno del otro. El iberismo, movimiento político que impulsa la unión de España y Portugal, no es mal visto por mucha gente de ambos estados, pero nunca se ha dado ningún paso real para alcanzarlo –el Bloque Ibérico de los ultranacionalistas Franco y Salazar fue una pintoresca contradicción en años de guerra.

Como los dos estados comparten varios grandes ríos, señaladamente el Duero, el Tajo y el Guadiana, tienen sus respectivas y oficiales Demarcaciones Hidrográficas Internacionales para gobernarlos. Naturalmente, jamás las autoridades de la Bacia do Tejo se han molestado en hablar directamente con sus homólogos de la Cuenca de Tajo. Se limitan a hablar con Lisboa, que a su vez habla con Madrid, que a su vez habla con la gente del Tajo. Otra cosa es la natural y a veces estrecha relación entre los vecinos de los pueblos a uno y otro lado de la raya, pues Spain y Portugal son los dos únicos PIGS que comparten una larga frontera terrestre.

Los normediterráneos nunca pertenecieron a la misma estructura política, salvo en tiempos del Imperio romano (del que Irlanda y Escocia quedaron fuera, más allá del limes), hasta que cayeron en el cepo de la Unión Europea. Pero eso no quiere decir que no hayan tenido su historia conjunta, tanto amistosa como violenta.

Es bien conocida la conexión entre la católica Irlanda y la católica España, con envío de dinero y armas hacia la verde Erin por parte del Imperio español y trasiego de curas y estudiantes irlandeses a España, a donde iban a aprender la verdadera fe. Ese lazo probó su valor en tiempos de la guerra civil española, cuando los voluntarios irlandeses en las filas de Franco superaron de largo a los que sirvieron a la República. Se los encuadró en una unidad irlandesa, pero apenas entraron en combate, al ser su principal valor el mostrar cómo los católicos del mundo apoyaban a la causa nacional. La guerra civil española también implicó al Portugal del Estado Novo, que envió voluntarios a servir en las filas nacionalistas, y sobre todo a la Italia fascista, el país que más intensamente se volcó en la victoria de los nacionales españoles.

Italia también envió un puñado de antifascistas a la guerra de España, que fueron encuadrados en la brigada Garibaldi. Cierto episodio de la batalla de Guadalajara, la acción del palacio de Ibarra, fue llevado en su totalidad por italianos de la Garibaldi y por sus enemigos del CTV fascista, sin intervención apenas de los españoles. Los voluntarios griegos, que no llegaron al millar, apoyaron en su mayoría a la causa republicana, cosa lógica pues el golpe de Estado de Metaxas –que dio origen al llamado régimen del 4 de agosto– había ocurrido sólo dos semanas después del golpe de estado de los militares españoles –llamado el régimen del 18 de julio.

Hace 2.500 años las cosas eran muy distintas, cuando los PIGS (o al menos sus costas e islas) formaban un brillante rosario de civilización desde Grecia a Tartessos y más allá, hasta las costas de Galicia y de Irlanda, marcado por un reguero de topónimos acabados en –oussa que contrastaba agudamente con el oscuro centro y norte del continente europeo. La conexión continuó. Las relaciones entre lo que serían después los países PIGS fueron naturalmente muy intensas en los años que culminaron en Lepanto, cuando los poderes mediterráneos dominaban buena parte del mundo. La corona de Aragón controlaba el sur de Italia y una parte de la actual Grecia, y en 1580 Castilla, Aragón y Portugal formaban un mismo estado. Pero lo nuestro es el último siglo. A partir de 1912 Portugal, España, Italia y Grecia son estados soberanos con poco conocimiento mutuo, y lazos políticos y comerciales muy débiles.

No hay nada parecido a los fuertes lazos verticales de amor o de odio, generalmente las dos cosas al mismo tiempo, que unen Grecia con Turquía, Italia con Alemania o España con Francia. En el último siglo solamente ha habido una guerra entre países PIGS, y fue la frustrada conquista de Grecia por el ejército italiano en 1940. Pero eso fue una consecuencia de la lógica (o más bien locura) militar del fascismo, sin nada que ver con una bien alimentada cultura de odio y resentimiento como la que había entre Alemania y Francia o entre Alemania y Polonia.

Los PIGS se desdeñan entre sí, viendo cada uno en sus vecinos una averiada versión de sí mismo que le recuerda sus carencias y debilidades. Los españoles suspiran cuando se enteran por los periódicos de que sólo Portugal y Grecia nos acompañan a la cola de Europa en algún triste indicador de lectura de libros o personas en paro. Italia se angustia viendo cuán próxima está en estos y parecidos indicadores a España.

El verano de 2012, varios ministros del gobierno español repitieron como un mantra hindú la sentencia “España no es Grecia”, que es una evidencia o, más finamente, una tautología. Esperanza Aguirre, la lideresa del ala derecha del People’s Party, afirmó en unas declaraciones muy difundidas “Hay que bajar el gasto público si no queremos convertirnos en Argentina”, y así. La vida de los periféricos, entre otros muchos sinvivires, incluye la odiosa comparación constante con sus países-espejo. Los principales son los otros tres de la brava terna de periféricos peninsulares mediterráneos, siempre a la cola de Europa en las encuestas de calidad. “Sólo nos supera Portugal” dicen en España con angustia, o “A un paso de Grecia” dicen los italianos. Dando otra vuelta de tuerca Leoluca Orlando, alcalde de Palermo, declaró solemnemente: “Sicilia es la Grecia de Italia”.

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