El primer bombardero supersónico de la URSS

Uno de los prototipos del Tupolev Tu-22, c. 1960 (1).

En los primeros años de la década de 1950, los planificadores militares soviéticos se dieron cuenta de que ya tenían un buen bombardero jet de alcance continental –el Tupolev Tu-16– y dos bombarderos intercontinentales, el turbohélice Tu-95 y el reactor Myasishchev M-4, pero que faltaba un elemento importante en su arsenal para el equilibrio del terror: un bombardero estratégico supersónico. Se sabía que la USAF estaba trabajando en el suyo, el que sería el Convair B-58 Hustler, así que en 1954 la industria aeronáutica soviética recibió el correspondiente decreto del Consejo de Ministros de la URSS y el encargo le tocó a la oficina de Tupolev.

Andrei Nicolayevich Tupolev ya había sobrepasado la edad de jubilación (tenía 66 años por entonces) pero asumió la tarea con ímpetu. Tras un diseño fallido, el Tu-98, el futuro Tu-22 cogió forma como un aguzado avión de más de 90 toneladas de peso a plena carga, capaz de alcanzar los 1.400 km/h y de volar 4.000 km, pero solo la mitad de esa distancia a velocidad supersónica. El 21 de junio de 1958 voló el primer prototipo, seguido algo más de un año después (el 7 de septiembre de 1959) por la versión cuasi-definitiva.

Siguieron años de duro trabajo y de protestas de la fuerza aérea soviética, que veía que su mirlo blanco no alcanzaba las performances de velocidad y distancia establecidas en el pliego de condiciones. Por fin, a mediados de la década de 1960 comenzaron las entregas en firme a las unidades operativas. Los problemas técnicos y de motorización se fueron solucionando, aunque la tasa de accidentes fue muy alta, y una sonda de reabastecimiento en vuelo alargó el radio de acción del avión hasta distancias cuasi-intercontinentales. Así entró el Tu-22 en el despliegue aéreo de la guerra fría, en el que jugó un papel secundario. “Occidente” se enteró de la existencia del avión en 1961, cuando una exhibición de diez ejemplares sobrevoló el aeródromo de Tushino, en las afueras de Moscú, que funcionaba como escaparate de las novedades aéreas soviéticas.

Los regimientos aéreos dotados de este avión se acantonaron en la parte europea de la URSS, apuntando a toda clase de blancos en Europa occidental. El Tu-22 cumplió sus tareas rutinarias de guerra fría, de manera poco visible, hasta que fue retirado del servicio a mediados de la década de 1990, tras participar unos pocos aviones en la guerra de Afganistán. Nunca lanzó bombas sobre ninguna ciudad europea, pero sí sobre ciudades en Tanzania, Chad e Irán, por cuenta de la fuerza aérea libia e iraquí, que recibieron cada una un puñado de ejemplares.

1- Basado en un perfil publicado en Wings Palette.

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