Gas tóxico sobre Etiopía

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Savoia Marchetti SM.81 Pipistrello de la Regia Aeronáutica (Aviación Real) pintado con colores coloniales, incluyendo vistosas franjas rojas sobre las alas para facilitar la identificación de avión en caso de aterrizaje forzoso sobre territorio agreste.

 
Cuarenta años después de la derrota de Adowa, Mussolini decidió atacar Etiopía. El mariscal Badoglio comenzó a usar gas tóxico pocos días antes de la Navidad de 1935, en dos versiones, primero en bombas y después lanzando el producto directamente desde los aviones. Las rociadas de gotitas amarillas caían sobre los etíopes descalzos y semidesnudos causando un espantoso efecto . Algunos parecían despellejados en gran parte de su cuerpo, quemados por el gas mostaza. Esta lluvia terrorífica que quemaba y mataba afectó a decenas de miles de etíopes. Cuando la noticia se filtró a los periódicos, a través de trabajadores de la Cruz Roja y corresponsales de prensa, la prensa italiana se apresuró a declarar que se trataba de enfermos de lepra.

Las otras potencias se negaron a condenar a Italia aun ante pruebas indiscutibles: después de todo, la aviación colonial de Francia, España y Gran Bretaña había hecho lo mismo, aunque a menor escala, en los años precedentes. Lo que se había hecho antes con un puñado de de Havilland DH.9 o de Potez 25 se hacía ahora con formaciones de bombarderos Caproni y Savoia Marchetti. Lo que estaba haciendo Mussolini no era más que una versión aplastante de lo que llevaban haciendo otros países desde hacía décadas para dominar la “inmensa marea” de los pueblos de color, una pieza más del vicioso esquema de la colonización.

El Duce tenía un interés directo en las acciones aerocivilizadoras sobre Etiopía, pues dos de sus hijos servían en la . Vittorio Mussolini escribió más tarde un relato de sus actividades en Etiopía que parece la descripción de alguna excitante partida de caza : la radio enviaba informes “como partes de caza”. En lugar de decir “Hay una hermosa bandada de palomas bien gordas en Castel Porciano” se comunicaban datos como “te aconsejo que vueles hacia Samré; ya verás, está lleno de abisinios”.

Algunos adornaban sus hazañas con elegantes metáforas. Un piloto mantenía bien vivo en su recuerdo el espectáculo de un pequeño grupo de caballería etíope saltando por los aires “como cuando florece una rosa” bajo sus bombas de fragmentación. Otros aviadores expresaban un fervor digno de D’Annunzio: “Cuando veía las bombas caer, habría querido arrojar mi corazón con ellas”. Los aldeanos etíopes se agachaban y se tapaban las oídos con las manos como atrapados en medio de una tormenta(1). El 29 de marzo de 1936 Harrar, la segunda mayor ciudad de Abisinia, fué bombardeada por 300 bombarderos italianos.

Posteriormente se pensó que la invasión de Etiopía había sido “la primera gran oportunidad perdida” de parar los pies al fascismo. Otras serían la ruptura unilateral del tratado de Versalles y la ocupación del Sarre y, por encima de todas, Munich.

(1) Piers Brendon: The Dark Valley. A Panorama of the 1930s. Pimlico (2001)

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