El primer bombardero imperial japonés

 

Un ejemplar de la media docena de Mitsubishi Ki.20 (Junkers G.38) con que contó la aviación militar japonesa. El primer vuelo del G.28 fue el 29 de noviembre de 1929, el del Ki.20 el 28 de octubre de 1931.

El G.38 fue la culminación gigante de un camino emprendido en 1919, cuando voló el F.13, el primer avión de pasajeros moderno. La máquina era tan grande que unos cuantos pasajeros podían viajar sentados dentro del ala, contemplando las vistas normalmente reservadas a los pilotos gracias a unas ventanillas practicadas en el borde de ataque. Tres ejemplares prestaron servicio en Lufthansa durante varios años. Podía llevar 30 pasajeros en condiciones de comodidad casi absurda, para los estándares actuales.

El Imperio japonés se fijó en el avión desde un punto de vista muy distinto. Los planificadores militares del Ejército ansiaban disponer de un gran bombardero estratégico para golpear muy lejos a sus imperios rivales, por ejemplo el británico en Singapur, sin desdeñar el holandés en las Indias Orientales, el norteamericano en Filipinas o el soviético en Manchuria. Seis K-20 fueron construidos a partir del G.38, con un gasto enorme que puso al límite el complejo militar-industrial de la época.

Cuando entraron en servicio, se comprobó con desconsuelo que la enorme máquina apenas podía volar 2.500 km, que resultaba muy lenta y que necesitaba pistas limpias de aeropuerto para aterrizar y despegar. Por si fuera poco, no tenía bodega de bombas, y la carga de explosivos (potencialmente muy grande, del orden de 5 toneladas) tenía que llevarse externamente. La conversión de civil a militar en este caso, no fue un éxito. Los ejemplares de K-20, prudentemente, no participaron en la guerra de China ni después, y al final se los utilizó como aparatos de demostración y propaganda, a lo que se prestaba muy bien su enorme tamaño y aparatoso aspecto.

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