Dos mil quinientos años recibiendo turistas

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3. Andalucía y Baleares

Las dos regiones son potencias turísticas internacionales (y pertenecen a las cuatro grandes de las regiones españolas, junto con Cataluña y Canarias), y están acostumbradas a recibir todos los años cada una del orden de diez millones de turistas extranjeros de tipo tradicional, con su traje típico que consiste en (de abajo arriba) chancletas, pantalones cortos, camisa de colores vivos, cámara de fotos o móvil de última generación, gafas de sol de espejo y gorra de almirante de la US Navy. Estos entrañables seguidores del sol y la playa pasan como media diez días en su destino y gastan unos cien euros diarios, lo que arroja la importante cifra de mil eurazos por cabeza, a repartir entre los mayoristas de allí y los bares, restaurantes y hostales de aquí.

La especie dominante en las Baleares son los alemanes, casi cuatro millones al año, seguidos de los británicos, tres millones nada más y con una especial querencia por Menorca e Ibiza. En Andalucía abundan más los británicos, dos millones y medio, seguidos de franceses y alemanes. Hay que tener en cuenta que la huella del turismo en Baleares es abrumador, casi la mitad de todo el dinero que hay en las islas procede del turismo. Si multiplicamos los 1,1 millones de autóctonos por 350 días obtenemos 385 millones de pernoctaciones, cifra a comparar con las 110 de pernoctas de los foráneos.

Si tenemos en cuenta que los extranjeros se concentran en los meses del verano, el peso del turismo en ciertos lugares y temporadas es abrumador, más parecido al ritmo de un crucero atendido por una tripulación que al de un país que recibe visitantes. Algunas zonas de Ibiza parece que se encuentran en esta situación, junto con el casco viejo de Praga, el pasaje Matheu de Madrid y otros puntos calientes del turismo mundial. La situación en Andalucía es más relajada, el turismo apenas supera la décima parte de la riqueza regional y los visitantes nunca apabullan a los nativos, ni siquiera en el barrio de Santa Cruz en Sevilla.

La experiencia turística de Baleares y Andalucía viene de largo. Hace aproximadamente 2.500 años, un reguero de nombres geográficos terminados en -oussa nos pone sobre la pista de los primeros turistas del mundo, los jonios chalkidios o más llanamente los griegos, que dejaron sus huellas en Siracusa, Lampedusa, Oinoussa (Cartago) y ya en nuestro terreno en Pitiusa (Ibiza), Ophioussa (Formentera), Kotinoussa (Gádir, Cádiz) y Kalathoussa (Huelva), lejanos antecesores del Club Med y los Mediterranean Inns.

Hay un tipo de boj, Buxus balearica, que solamente se puede encontrar en serranías de Andalucía oriental y en la sierra de Tramuntana en Mallorca, extinto en Murcia. La Feria de Abril en Palma fue prohibida recientemente acusada de haber degenerado en botellón.

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