La guerra en modo Dios

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Un Boeing 707 JSTARS (E-8) a comienzos de este siglo.

 

A comienzos de 2003, el ejército iraquí poseía en teoría un poder considerable, basado principalmente en sus numerosas unidades de vehículos acorazados, pero en la práctica estaba una generación por detrás de las fuerzas estadounidenses y británicas en poder ofensivo. Principalmente, carecía por completo de aviación –primer e importante requisito de la guerra colonial moderna. Por consiguiente, carecía casi por completo de información acerca del enemigo y de capacidad para dañarlo a placer y a distancia.

Las fuerzas angloanorteamericanas, por el contrario, contaban con el equivalente de las ametralladoras que derrotaron tan fácilmente a los derviches en Omdurman: JSTARS (Joint Surveillance and Target Attack Radar System, Sistema Conjunto de Radar de Vigilancia y Ataque de Objetivos) y JDAM (Joint Direct Attack Munition, Munición Conjunta de Ataque Directo).

Durante todo el tiempo que duró la primera parte de la guerra, los atacantes trabajaron con mapas electrónicos actualizados al minuto de la disposición de las fuerzas iraquíes, obtenidos mediante una vigilancia aérea constante y minuciosa por parte de los aviones JSTARS. La información pasó prácticamente en tiempo real a todo tipo de vehículos aéreos, que enviaron enormes cantidades de explosivos y material incendiario con gran precisión a los puntos indicados.

Los tableros eléctrónicos de mando en Florida, Washington o Doha eran prácticamente los mismos. La información acerca de qué destruir fluía armoniosamente a través de redes de comunicaciones hiperdensas. El tiempo de demora entre la recogida de información y la acción, que hace años era de horas o días, se redujo prácticamente a minutos. La fuerza aérea de los Estados Unidos, en apariencia, había cumplido la pesadilla de Dohuet, Trenchard, Mitchell y sus compinches: ya era omnipotente, omnipresente e invulnerable.

El moderno sistema JSTARS utiliza antiguos Boeing 707 reconvertidos con una tripulación de 19 operadores, sentados cada uno ante varias pantallas donde la información recogida del terreno mediante sofisticados radares es filtrada, procesada, analizada, encajada en los mapas animados de operaciones y compartida mediante complejos canales de transmisión de datos con todos los que la necesitan. El avión tiene una autonomía de 11 horas.

Se emplearon ocho aparatos de este tipo en la guerra, suficientes para proporcionar otra característica pareja de la omnipotencia: la omnipresencia, simbolizada en las imágenes de Dios como un gran ojo anubarrado que flota sobre la tierra. Los rayos que surgen de la nube-ojo estaban a cargo de nutridas flotillas de aviones, la mayoría diseñados dos o tres décadas atrás para enfrentarse a la amenaza comunista.

La guerra en modo Dios, no obstante, tiene una característica que no se cumplió por completo en Irak. La omnipotencia implica destruir precisamente aquello que se quiere aniquilar y no lo que está a su lado, como los rayos vengadores surgidos del cielo que exterminaban ejércitos en la Biblia. No fue así por completo en Irak. Se produjeron errores en el uso de munición inteligente. Misiles destinados a matar a Sadam Hussein mientras cenaba en un restaurante arrasaron un barrio entero sin conseguir la muerte del tirano. Otras bombas cayeron en mercados concurridos. El total de víctimas civiles rondó las 10.000, una cantidad difícil de pesar en la historia universal de la violencia organizada e imposible de comprender para los que sufrieron cada caso individual.

 

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