El último y efímero bombardero atómico marino

Un prototipo del North American A-5 Vigilante (primer vuelo: 31 de agosto de 1958).

Tras la frustrante experiencia del Douglas Skywarrior, la Marina estadounidense continuó impertérrita en su búsqueda de un bombardero principal, un arma de destrucción masiva comparable a los aviones del Mando Aéreo Estratégico de la Fuerza Aérea. Esta vez no apostaron por un aparato enorme, sino más bien por un paquete concentrado de tecnología de vanguardia. El resultado de este requerimiento, desarrollado y fabricado por North American, era en 1958, año de su primer vuelo, el avión más complejo y moderno del mundo. Significativamente, el Vigilante se echó al aire por primera vez pocos días antes de la primera prueba exitosa de un microchip, fecha (12 de septiembre de 1958) que se considera que inaugura la era de la microelectrónica.

El avión era más largo que dos autobuses juntos y pesaba casi 30 toneladas a plena carga, algo exagerado para los portaaviones desde los que tendría que operar. De aspecto aguzado, tenía una velocidad máxima de Mach 2 y podía volar 1.800 km hasta su objetivo y regresar, lo que le daba acceso a gran parte del planeta, teniendo en cuenta su base móvil y acuática. Una vez sobre su objetivo, el Vigilante no abriría las portillas para dejar caer la bomba atómica, sino que la evacuaría de una forma bastante indecorosa, por la cola y junto con varios tanques de combustible vacíos. La bomba atómica que lanzaría sería el modelo estándar de la época, tan compacta y ligera (menos de media tonelada) que casi cualquier avión de la Fuerza Aérea o la Marina podía llevarla. La bomba tendría un megatón (un millón de toneladas de TNT) de potencia, unas 50 veces más que la bomba de Hiroshima.

Para cumplir su misión, la tripulación de piloto y navegante/bombardero tenía mucha tecnología avanzada a su disposición, incluyendo control del avión por cableado electrónico (fly by wire), sistema de navegación inercial, computadora de a bordo, circuito cerrado de TV, una especie de proyector de parámetros de vuelo relevantes, etc. El avión en sí mismo era una virguería, construido con partes de titanio y aleaciones especiales, sopladores de aire para mejorar la sustentación, etc. Su aspecto general era el que se esperaba en la década de 1950 que debía tener un avión moderno: una flecha aguzada.
Esa maravilla de la tecnología de la destrucción comenzó a ser entregada a la Marina de los Estados Unidos en 1961.

El avión era un engorro enorme por su tamaño y por la cantidad de sistemas delicados, poco probados y propensos a estropearse que contenía. Mal que bien, hizo sus pruebas como bombardero hasta que en 1963 se tomó la decisión de dejar todo el equilibrio del terror atómico naval en manos de los misiles embarcados en submarinos. El Vigilante fue reinventado como avión de reconocimiento y de esta guisa enviado a Vietnam, donde sufrió graves pérdidas a manos de la artillería antiaérea norvietnamita. Al final su vida útil fue más corta que la del más antiguo pero mucho más versátil Skywarrior y sus muchas versiones. El Vigilante, diseñado como super-bombardero, no podía servir aparte de eso más que como avión de reconocimiento, tarea que podían hacer muchos otros aviones, ocupaba mucho sitio y tenía un mantenimiento muy trabajoso. A finales de la década de 1970 acabó su servicio activo.

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