De proyecto secreto a anuncio publicitario: el superbombardero B-19

 

 

El único prototipo del B-19, pintado con los colores del Cuerpo Aéreo del Ejército de los Estados Unidos (USAAC) en la época de su primer vuelo, a mediados de 1941.

El verano de 1941 un periodista describió al XB-19 como “un ave de presa mecánica que proclama el desafío de la aviación americana a los enemigos que amenacen nuestro país” (1). Las fotos que publicó la prensa del proceso de fabricación del aparato mostraban a la legión de obreros que trabajaba en su construcción apiñados ante la sección central del fuselaje y la alas, que se construían en vertical. Eran tan grandes que el ala parecía una muralla, con los torreones formados por las góndolas de los motores y por el fuselaje. No obstante, estas interpretaciones defensivas del avión no eran las que habían dictado la especificación original del USAAC que había dado origen a la construcción del aparato.

A partir de 1930 el Cuerpo Aéreo había comenzado a tomarse en serio su papel de organizar una fuerza aérea global, capaz de actuar en todo el mundo como reflejo del poder planetario de los Estados Unidos. Necesitaba por lo tanto aviones capaces de volar miles de millas a gran altura y velocidad con una considerable carga de bombas. En 1932 tuvieron la primera máquina que avanzaba en esa dirección, el Boeing B-9. En 1935 voló el Boeing B-15, un avión enorme con largo radio de acción, pero el USAAC quería más distancia, tamaño y capacidad de carga, de manera que ese mismo año comenzaron los trabajos del B-19 por parte de la casa Douglas, en la forma de un proyecto ultrasecreto de bombardero de muy larga distancia.

El trabajo se arrastró cuatro años, lastrado por la racanería del Cuerpo Aéreo (Douglas terminó poniendo de su bolsillo la mayor parte del coste del avión). En 1939 la casa constructora tiró la toalla, considerando que la X de experimental sobraba: el proyecto XB-19 ya no era tecnólogicamente avanzado, la innovación estaba en otros modelos como el B-29, el futuro bombardero de Hiroshima, que comenzaba a tomar forma en los tableros de dibujo. El B-19 era simplemente un avión enorme. La solución del USAAC fue levantar el secreto y comenzar a dar publicidad al avión como el bombardero mayor y más pesado nunca construido en América.

A partir de entonces, el B-19 funcionó como un simulacro: encandiló a la imaginación popular como el mayor y por lo tanto más amenazador avión de guerra existente, con unas dimensiones y performances nunca vistas: 40 metros de largo y 64 de envergadura, más de 80 toneladas a plena carga, de las que 15 podían ser bombas, 12.000 km de autonomía y una tripulación de 16 personas. Justo después de su entrega a al USAAc comenzó la guerra contra Japón y el avión fue pintado de camuflaje y convertido en carguero, hasta su desguace final en 1946.

1- Roger Bilstein: The airplane and the American Experience, en The Airplane in  American Culture, Dominick A. Pisano Editor, The University of Michigan Press (2003).

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