El Fiat G.50 en la guerra civil española: infructuoso esfuerzo comercial

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Fiat G.50 a comienzos de 1939, en España. 

 
A medida que el final de la guerra se acercaba, los fabricantes de aviones italianos se dieron cuenta con desconsuelo de que sus productos llevaban años funcionando bien en España, pero que apenas habían hecho ventas. Necesitaban un buen producto para ganar cuota de mercado a los alemanes, que por esas fechas ya tenían tres caballos ganadores en la industria aeronáutica española: el Me-109, el Ju-52 y el He-111. El Fiat CR-32 Chirri era un avión magnífico, pero en 1938 ya era evidente que habría que entrar en el mercado español de cazas con algo más innovador. La solución fue un avión que por entonces se estaba empezando a fabricar para la Regia Aeronáutica (Aviación Real),  el Fiat G-50 Freccia (Flecha, la G es por Giuseppe Gabrielli, como CR son las iniciales de Celestino Rosatelli), el sucesor del Fiat CR-42, sucesor a su vez del famoso CR-32 Chirri y muy diferente de sus antecesores al ser monoplano, casi todo metálico, con tren de aterrizaje escamoteable y con cabina cerrada.

Un mal control de los tiempos hizo que la docena de Freccias destinados a la promoción llegaran a España a finales de febrero de 1939 y no estuvieran listos para la guerra hasta mediados de marzo. Para entonces la República ya estaba acabada. La cotización de la peseta republicana había descendido a cero, Francia e Inglaterra habían reconocido al gobierno de Burgos, Azaña había dimitido de su cargo de Presidente, Negrín volaba hacia el exilio y el golpe de estado anticomunista del coronel Casado, jefe del Ejército del Centro, había triunfado, con la ayuda del socialista centrista Julián Besteiro y del teniente coronel anarquista Cipriano Mera, jefe del IV Cuerpo de Ejército. De manera que los nuevos aviones italianos ni siquiera tuvieron oportunidad de ver al enemigo en las pocas misiones de guerra en que alcanzaron a participar.

Al ser un avión nuevo y sin pulir, tenía muchos defectos, siendo uno de los principales que la cabina cerrada lo era de verdad, pues se encajaba de tal forma gracias a las vibraciones del vuelo que debía ser abierta a martillazos en tierra por los mecánicos al regeso de las misiones. Eso quería decir que sus pilotos, en caso de derribo o incendio, eran hombres muertos atrapados en la cabina. En versiones posteriores fabricadas en Italia la cabina se quitó. El tren de aterrizaje tenía tendencia a ceder una vez desplegado, lo que se solucionó con unas bisagras especiales.

A pesar de que los G-50 Freccia tenían un aspecto imponente, la aviación nacionalista no mostró ningún interés por ellos, aunque los incluyó en su inventario y los envió a su cajón de sastre aeronáutico, Marruecos.

En Italia, el Freccia era de lo más moderno de la fuerza aérea italiana cuando Mussolini cometió el gran error de su vida declarando la guerra a Francia y Gran Bretaña en el verano de 1940. Incluso se enviaron algunos a la Batalla de Inglaterra. Pronto se vió que no era lo bastante moderno para el brutal ecosistema aéreo de la segunda guerra mundial, que además evolucionaba con rapidez: le faltaba potencia y sus armas no eran lo bastante mortíferas.
 

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