El avión que pasó de atacar Londres a defender Berlín

El sexto y cuasi definitivo prototipo del Junkers Ju-88, que voló por primera vez en octubre de 1938, casi dos años después del primer prototipo, que lo hizo el 29 de diciembre de 1936. A diferencia de la primera generación de bombarderos alemanes del Tercer Imperio, JU-86, Do-17 y He-111, en este caso no se transformó un avión civil en avión de guerra, pues el encargo fue completamente militar desde el principio.

El RLM (Ministerio del Aire) alemán, en plena fiebre de rearme, dudó sobre el concepto de Kampfzerstörer (algo así como “destructor de combate), un concepto que sonó mucho en la década de 1930 y parecido al BCR (Bombardement, Combat, Reconnaissance) o Multiplace de Combat francés. En general la idea era construir un avión lo bastante rápido, potente, grande, ágil, resistente y veloz como para aniquilar todo lo que se le pusiera delante, en tierra o en el aire. Este conjunto de demandas contradictorias solía condenar estos proyectos al fracaso. Al final, el Ministerio del Aire alemán, prudentemente, decidió encargar un Schnellbomber (bombardero rápido), que era su línea de diseño preferida en cuanto a bombarderos se trataba, por encima de los bombarderos pesados.

El encargo se hizo a comienzos de 1936, un año después de la muerte de Hugo Junkers. Junkers había desarrollado las mejores aeronaves comerciales de los años 20, con la serie F.13, W.33, G.34, el gigantesco G.38 y el famoso Ju-52. La gran depresión afectó muy seriamente a su negocio, y la llegada al poder de los nazis le horrorizó, por lo que representaba de poner su factoría al servicio del rearme alemán. Junkers, cuyo nombre se asocia a aviones tan ominosos como el Stuka, era un pacifista, caso muy raro entre los constructores de aviones, y menos en esa época, en que los aviones de pasajeros se convertían tan fácilmente en bombarderos.

La casa Junkers, ya sin su fundador, se convirtió en el puntal de la aviación militar alemana. La propuesta de bombardero rápido fue respondida de manera muy brillante y rápida, pues el prototipo voló a finales del mismo año en que empezó su desarrollo. El Ju-88 era un bimotor muy grande, que podía llegar a las 14 toneladas a plena carga, muy rápido (pasaba con holgura la frontera de los 400 km/h), con buena autonomía (1.800 km) y gran capacidad de bombas (hasta 3 toneladas). En conjunto, no se diferenciaba mucho del Vickers Wellington, que había volado por primera vez unos meses antes que el Ju-88, salvo por ser más rápido y tener menos radio de acción.

Su ordalía llegó cuando comenzaron los bombardeos de las ciudades británicas. Aunque reconocidamente mejor que el Heinkel He-111 y el Dornier Do-17, sus pérdidas fueron muy grandes, y compartió el fracaso de toda la operación. Esa fue su primera participación en una operación douhetiana de bombardeo estratégico, en el papel agresor. Su segunda actuación en operaciones de este tipo lo hizo desde el lado de la defensa, convirtiéndose así en un bombardero antibombarderos. Se construyó una versión de caza nocturno para enfrentar a las riadas de cuatrimotores de la RAF que atacaban de noche las ciudades alemanas. En este papel el Ju-88 funcionó muy bien, al ser rápido y poder llevar mucho armamento encima. Pronto empezó a erizarse de antenas de radar y equipo de contramedidas electrónicas, con las cuales libró una áspera batalla contra los Halifax y Lancaster del Mando de bombardeo británico.

Se construyeron unas 4.000 unidades de esta versión, que se unieron a 11.000 más construidas en decenas de versiones diferentes. En conjunto, el programa de fabricación del Ju-88 fue el mayor de toda la industria aeronáutica alemana, a la que forzó al límite.

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