Una ominosa presencia en el gran museo de aviación

 

El Boeing B-29 Silverplate (modificado para llevar la bomba atómica) Enola Gay, el bombardero de Hiroshima

Hiroshima y Auschwitz van con frecuencia en la misma frase –”el siglo de Hiroshima y Auschwitz”– y se pueden comparar sus restos desde el mismo punto de vista. Auschwitz es actualmente un museo estatal de Polonia, recibe cientos de miles de visitas al año, hasta el punto que se esta planteando una polémica ampliación de su aparcamiento. Hay otro elemento que visitar, una instalación que muestra con detalle lo que no se puede ver en el mismo Auschwitz , la estructura y funcionamiento de las cámaras de gas, representadas por una secuencia de maquetas sin color, en un blanco espectral repleto de figuritas que se arremolinan en las cámaras y mueren en masa. Está en Berlín, en el Museo de Historia Alemana.

El B-29 especial Silverplate Enola Gay fue preservado desde el principio, pero abandonado en una pista al alcance de saqueadores y buscadores de recuerdos. Un grupo de veteranos del 509th Composite Group (la unidad de la USAAF que realizó los bombardeos atómicos sobre Japón) propició la restauración de la mitad delantera del fuselaje con idea de exhibirlo en el NASM  (Museo Nacional del Aire y el Espacio) en Washington D.C.

Más tarde se le unieron las alas, cola y resto del aparato, tras una laboriosa restauración hecha exactamente con el mismo criterio que se utiliza con una iglesia románica –se usaron piezas originales y las que hubo que fabricar ex novo se marcaron cuidadosamente para que los historiadores del futuro sepan que no pertenecían al avión original, el que voló sobre una ciudad del sur de Japón el 6 de agosto de 1945 y mató a más de 50.000 personas instantáneamente con una sola bomba.

Desde el principio, la idea de colocar en un museo semejante recuerdo de una de las mayores  masacre de la historia fue controvertida. Martin Harwir, director del NASM desde 1987 a 1995, tuvo la idea de exhibir el Enola Gay adecuadamente rodeado de información que diera voz también las víctimas de la masacre. Aquello no gustó nada en una parte poderosa del ecosistema político norteamericano. Se criticó abiertamente por asociaciones de veteranos que la nueva exhibición hacía parecer a las tripulaciones de la fuerza aérea como asesinos (1).

Al final la exhibición acerca de las víctimas fue desviada a una institución universitaria privada, pero la exposición del Enola Gay fue despojada de toda información no técnica. Hay que tener en cuenta que el NASM es una institución oficial, y como se explicó, un centro gubernamental no podía admitir la culpabilidad del gobierno de los Estados Unidos. La nueva exhibición del bombardero atómico levantó protestas, algunas de la cuales fueron sonadas y tuvieron lugar en el propio museo. Actualmente el B-29 Silverplater Enola Gay es la principal atracción del museo.

(1) Atomic Heritage Foundation: Controversy over the Enola Gay Exhibition

 

 

 

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