Mach 2 para la DAAFAR

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Un MiG-21 de la DAAFAR (Defensa AntiAérea y Fuerza Aérea Revolucionaria) en la segunda mitad de la década de 1960.

 

Diez años después de la Conferencia de Bandung, el 3 de enero de 1966, se reunió en La Habana la primera Conferencia Tricontinental, organizada por la Organización para la Solidaridad de los Pueblos de Asia, África y América Latina (OSPAAL). América Latina no había estado representada en Bandung, pero la gran reunión de 1966 se celebraba en la capital del primer estado socialista de América. El año anterior se había creado el Partido Comunista de Cuba, que había asumido oficialmente la dirección política del país.

La revolución cubana parecía por entonces completamente consolidada. Las grandes crisis de la invasión de Playa Girón y de los misiles soviéticos habían sido superadas con éxito, y en 1965 se había dado por terminada la oposición interna armada. Los Estados Unidos continuaban su eterna guerra de desgaste contra el régimen de la Isla, y en 1966 aprobaron la llamada Ley de ajuste cubano, que se interpretó como una invitación a los cubanos para desertar del país.

La alianza Cuba-URSS era firme, y tenía consecuencias bien palpables. Una de ellas eran los escuadrones de plateados MiG-21 que atronaban el cielo de La Habana con ocasión de las celebraciones del triunfo de la Revolución y del asalto al Cuartel Moncada, el 1 de enero y el 26 de julio respectivamente. Los MiG-21 habían llegado a Cuba casi a la vez que a las unidades de la fuerza aérea soviética, en 1962, cuando llegaron a la isla para proteger a las unidades de misiles allí enviadas. Tras el final feliz del conflicto, los cohetes se fueron pero los MiGs se quedaron y pronto llegaron más.

Desde el punto de vista de los aviadores militares cubanos, la cosa no podía ir mejor. En 1959, año del triunfo de la Revolución, el avión más avanzado de la FAEC (Fuerza Aérea del Ejército Cubano) era el Lockheed T-33 “Shooting Star”, un entrenador jet que había volado por primera vez en 1944 y que tenía unos 900 km/h de velocidad punta. La FAEC tenía apenas media docena. Ahora la nueva DAAFAR (Defensa AntiAérea y Fuerza Aérea Revolucionaria) tenía centenares de unidades de un avanzado caza jet capaz de volar a más de 2.300 km/h, lo que la convertía en la tercera fuerza aérea de América en tener aviones Mach 2, después de los Estados Unidos y Canadá.

Después de ser una versión raquítica de la USAF, la nueva fuerza aérea cubana era ahora una versión bastante potente de la fuerza aérea soviética. Tenía MiG-15, MiG-17, MiG-19, MiG-21 y luego llegarían los MiG-23 y por fin los MiG-29. Lo único que no tenía la DAAFAR era bombarderos. Aunque parece ser que hubo algunos Iliushin 28 en Cuba cuando la crisis de los misiles, ambas potencias llegaron al acuerdo tácito de no dotar a la fuerza aérea cubana con Tu-16 o Tu-22 o algo peor, algo excesivo para la sensibilidad norteamericana a apenas cien millas de la costa de Florida.

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