La gran derrota de la aviación colonial

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Un Grumman F6F Hellcat después de su servicio en Indochina, en una unidad de entrenamiento de la aviación naval, en Hyères, cerca de Tolón, a mediados de la década de 1950. Los Hellcats de la aviación naval francesa actuaron, justo con Helldivers, Corsairs y Privateers, codo con codo con los aviones de la Armeé de l’Air en el intento frustrado de romper el cerco Del Vietminh al campo atrincherado de Dien Bien Phu.

Los Hellcats pertenecían a la dotación del portaaviones Arromanches, fabricado para la Royal Navy en 1944 y comprado por Francia en 1951. El Arromanches estaba aparcado en el Golfo de Tonkín, desde donde sus aviones participaban en las acciones de la guerra de Indochina. Cuando el asunto de Dien Bien Phu se puso realmente peligroso, fueron desembarcados y estacionados en la base aérea de Cat Bi, cerca de Haiphong, el gran puerto del norte de Vietnam, para paliar así su limitada autonomía de vuelo. Estos aviones podían llevar casi dos toneladas de bombas, gracias a su potente motor de 2000 hp.

 

La derrota de Dien Bien Phu de mayo de 1954 es uno de los grandes mitos de la historia reciente. Es muy probable que la autoconfianza demostrada por los países no alineados en la Conferencia de Bandung celebrada un año después debiera algo a esta impresionante constatación de que las antiguas potencias coloniales podían ser vencidas de manera inapelable. Dien Bien Phu marcó el fin del colonialismo y de los imperios coloniales, y sus ecos siguen resonando todavía hoy.

Nadie tenía previsto que un movimiento táctico limitado incluído en el Plan Navarre (por Henri Navarre, el general que tomó el mando de toda Indochina en 1953) acabara en una debacle semejante. Tras los éxitos del Vietminh en 1950 en el norte, cerca de la frontera china, el fracaso de la ofensiva del Río Rojo (el ataque hacia Hanoi) el año siguiente y las sucesivas alternativas de la guerra habían dejado a un Vietminh expectante, conocedor de su falta de preparación para plantear una gran batalla clásica capaz de derrotar a las fuerzas francesas.

El Plan Navarre también reconocía la imposibilidad de aniquilar militarmente al Vietminh. La idea general consistía en “limpiar” de las fuerzas del Vietminh el centro y el sur (las antiguas colonias de Annam y Cochinchina) y a continuación, seguramente en 1955 y 1956, asegurar metódicamente las posiciones francesas en el norte, la colonia de Tonkín, con el fin de, desde una posición de fuerza, negociar una futuro más o menos francés para Vietnam. La llamada Operación Atlante se uso en marcha a comienzos de 1954 sobre Vietnam central y del sur, consumiendo más de la mitad de las unidades disponibles por Navarre.

A finales de 1953, la creencia de que el Vietminh amenazaba Laos había llevado a una operación secundaria, Castor, que consistía en colocar una fuerte guarnición en Dien Bien Phu, en un importante nudo de carreteras entre Vietnam y Laos. Los Dakotas hicieron todo el trabajo de transporte desde Hanói a Dien Bien Phu, y comenzaron a dejar caer batallones de paracaidistas y legionarios, que comenzaron a construir el campo atrincherado. Llegaron los cañones y toda clase de utillaje mientras el jefe militar del Vietminh, Giap, dudaba. Pero al fin se tomó la decisión de atacar la posición francesa en Dien Bien Phu.

Navarre podía haber rechazado el envite y haber levantado el campo mientras las fuerzas del Vietminh todavía eran débiles, pero decidió aceptarlo, como aquel vaquero que se tiró a un cactus pensando que era una buena idea. Muchos factores pesaron en la decisión, siendo uno de los principales el éxito en Na Sam en 1952. Allí se había creado un campo fortificado, un “erizo” abastecido por aire, que recibió la pomposa denominación de base aeroterrestre. Consistía en una red de posiciones bien atrincheradas con un campo de aterrizaje en medio. Los ataques del Vietminh se estrellaron contra este dispositivo, que fue visto por los franceses como una gran victoria.

Na Sam hizo creer a los planificadores militares franceses que podían crear a voluntad enclaves inexpugnables en cualquier lugar que quisieran, incluso en lo más profundo del territorio enemigo. La magia que permitía esta capacidad era el poder aéreo: el Vietminh no tenía aviación. En Na Sam, los aviones habían abastecido de todo lo necesario a la posición mientras destruían los ataques del enemigo a base de napalm y metralla. Sin aviones, el Vietminh no podía ganar. El campo aeroterrestre era la culminación de casi medio siglo de guerra aérea colonial.

De manera que Dien Bien Phu fue reforzado y ampliado como un Na Sam a gran escala, con el extraordinario refinamiento de poseer su propia fuerza área, media docena de Bearcats que fueron destruídos o neutralizados el primer dia de bombardeo Vietminh. Los 55 días restantes, en paralelo a los esfuerzos por abastecer la posición por el aire, se llevaron a cabo denodados esfuerzos para defenderla utilizando la fuerza aérea: además de los aviones de la Aéronavale citados antes, Bearcats y B-26 Invader de la Armée de l’Air. Los aviones volaban a Dien Bien Phu desde bases situadas en Hanói o Haiphong, unos 300 – 400 kilómetros, suficientes para dejarles un tiempo de actuación sobre el objetivo muy limitado, salvo para los B-26 y los Privateer.

Los aviones atacaron una y otra vez las posiciones del Vietminh y sus rutas de abastecimiento, pero sin producir ningún efecto decisivo. El Vietminh había aprendido a protegerse de los ataques aéreos, incluso con napalm, desarrollando una impresionante red de túneles, cuevas y camuflaje. Y tenía además una densa artillería antiaérea. El fracaso de la aviación francesa llevó a plantear en serio una solución apocalíptica, que se discutió muy en serio en París y Washington: el bombardeo masivo de las posiciones del Vietminh por bombarderos pesados de la USAF, usando incluso bombas atómicas si fuera necesario –lo que se llamó operación Vulture/Vautour. Aquello no se llegó a hacer, en buena parte por el buen sentido del presidente Eisenhower. Dien Bien Phu se rindió el 7 de mayo de 1954. El resultado final fue visto como la derrota sin paliativos de las mejores unidades del ejército francés y de su fuerza aérea, a manos de un ejército de campesinos sin aviación.

 

 

 

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