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Lockheed F-80 (T-33) Shooting Star de la USAF a comienzos de la década de 1950, en colores de exhibición. Según un cuadro de Paul David Solosky.

 

A finales de la década de 1940, el Gobierno de los Estados Unidos estaba cada vez más convencido de que España debía unirse a los países del Mundo Libre en su lucha contra el comunismo. El comienzo de la guerra de Corea sólo aceleró el proceso de aceptación del régimen franquista. En abril de 1951, una exhibición aérea de aviones de la USAF (Fuerza Aérea de los Estados Unidos) tuvo lugar en Sevilla.

Los aviones que trajeron los americanos habían sido diseñados hacia 1945, pero su distancia tecnológica con respecto a los aviones militares españoles, diseñados hacia 1935, parecía enorme. Dos años después se firmó el primer acuerdo USA-España. Además de consolidar definitivamente el régimen franquista, los acuerdos firmados dotaban a a fuerza aérea española con 270 Sabres. Hubo que entrenar a centenares de pilotos para pilotarlos, y eso requería un avión jet que no podía ser otro que el T-33 que había fascinado a los militares españoles en Sevilla en 1951.

El esfuerzo de formar en tan poco tiempo a tantos pilotos de reactores no fue ni mucho menos baldío para la economía nacional. Muchos de ellos, tras cumplir su tiempo de servicio en el Ejército del Aire, pasaron a sus ramas civiles, las compañías Iberia y Aviaco, para pilotar los DC-8, DC-9, Caravelles y otros reactores que trajeron y llevaron de España a millones de turistas en los años de 1960, 70 y 80.

 

 

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