El caza improvisado que triunfó

 

 

Uno de los primeros ejemplares del Yakovlev Yak-15. El primer vuelo se hizo en abril de 1946 y la fabricación en serie comenzó poco después.

En junio de 1945, con el caracoleo del caballo blanco del mariscal Zhúkov en la gran ceremonia de la victoria celebrada en Moscú, terminó la guerra en Europa para la Unión Soviética y empezaron nuevos problemas. Uno de ellos era que la aviación del Ejército Rojo no tenía reactores, a diferencia de las fuerzas aéreas británicas y norteamericanas, los previsibles nuevos enemigos de la URSS tras la derrota de Alemania. Precisamente de este último país vino la solución. Cientos de técnicos e ingenieros aeronáuticos alemanes fueron acarreados a la Unión Soviética (como lo fueron a Gran Bretaña y Estados Unidos), junto con su fábricas, materiales diversos y toda la información que se pudo reunir. Allí se encontraron con un sistema de diseño y fabricación de aviones centrado en seis OKB (oficinas de diseño experimental). Cuatro de ellas se dedicaban a los cazas (Mikoyan-Gurievich, Yakovlev, Lavochin y Sujoi) y dos a bombarderos y transportes (Tupolev e Iliuschin), a los que se unió después Antonov.

Los cuatro OKB ligeros recibieron el encargo de diseñar y construir a toda prisa el primer caza jet soviético. El MiG-9 bimotor y el Yak-15 monomotor volaron por primera vez el mismo día, en abril de 1946. Meses después aparecieron las propuestas de Lavochin (un desgarbado monomotor) y de Sujoi (un bimotor demasiado parecido al Me-262). En realidad, se discutió muy en serio fabricar en serie el Me-262, pero parece ser que por influencia de Yakovlev se decidió hacer diseños nuevos de jets. Los motores utilizados para impulsarlos no podían ser otros que los reactores Jumo y BMW alemanes, o copias de los mismos, pues la industria soviética no tenía experiencia en este tipo de motores.

La solución de Yakovlev consistió en modificar su mejor caza de motor de pistones, el Yak-3, sustituyendo el motor original por un reactor Jumo que lanzaba los gases de escape por debajo del ala. El avión era tan ligero que incluso la limitada potencia del Junkers Jumo 004 le permitía tener buenas prestaciones. El Yak-15, aunque parecía una solución de emergencia, fue capaz de evolucionar en el Yak-17, con depósitos de combustible en las puntas de las alas y el Yak-23, con un motor británico más potente y aerodinámica muy mejorada, que se exportó a varios países del Bloque Comunista. El Yak-15 fue el comienzo de una dinastía de cazas destinados a la defensa de la URSS contra los bombarderos de la USAF, que culminaría con el MiG-25 trisónico y que reunió una impresionante colección de diseños, incluyendo el caza más grande del mundo, el Tupolev Tu-128, que era veinte veces más pesado que el Yak-15.

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