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El Farman 190 utilizado en la expedición de André Malraux en Yemen (1934)

 

En 1934 Arabia Saudí entró en guerra con Yemen por una disputa fronteriza, en realidad para medir las fuerzas de ambos nuevos poderes. También se puede decir que fue una guerra entre los árabes de las ciudades y los árabes de las tiendas, a los que se refirió Yahya despectivamente llamando “advenedizo beduino” a Ibn Saud. Yahya y los yemeníes por extensión se consideraban los verdaderos árabes, viendo a los árabes del desierto como ignorantes palurdos. Pero al final la imagen canónica del árabe se quedó para los del desierto. También fue un conflicto entre los árabes del llano y los de las montañas: tras tomar El Hodeidah, los saudíes dudaron sobre si avanzar hacia Sana’a, sabiendo que los yemeníes eran expertos en la guerra de montaña. La misma consideración se hicieron los militares británicos, a quienes Yemen, con sus apretadas ciudades en valles escarpados, les parecía un extraño lugar después de los enormes espacios abiertos a los que les había acostumbrado su visión tradicional de Oriente Medio.
Aunque ambos países contendientes poseían aviones, no ha quedado constancia de que se usaran de ninguna manera en esta guerra, que fue corta y relativamente poco cruenta, de magnitud cuatro (como comparación, la guerra civil española fue de magnitud seis y la segunda guerra mundial de magnitud ocho). Los saudíes tenían mejor material y arrollaron a los yemeníes, pero el prudente Ibn Saud no tenía ninguna intención de ir demasiado lejos y las hostilidades pararon pronto con un acuerdo honorable para ambas partes.

Ese mismo año, ignorante al parecer de lo que pasaba allí abajo, llegó Malraux. Famoso tras el éxito de La condición humana, intelectual pero sin embargo valeroso y aventurero, André Malraux era un fanático de la aviación, aunque nunca aprendió a pilotar y siempre volaba como pasajero. Tras dramáticas ruedas de prensa en el Cairo y cenas con oficiales franceses e ingleses en Yibuti y la Somalia Británica, Malraux, el piloto Corniglion-Molinier (un camarada de Guynemer, la espada alada de Francia)  y un mecánico cuyo nombre no ha conservado la historia hicieron un vuelo bastante absurdo sobre Yemen con intención de descubrir nada menos que la capital perdida del reino de Saba. Volaron ida y vuelta desde Yibuti. No sacaron nada en limpio –el avión estuvo sobre Yemen muy poco tiempo y las fotografías resultaron borrosas– salvo una serie de artículos para L’Intransigeant donde Malraux hizo una obra maestra de lírica aero-exótica. La protesta del gobierno de Yemen por la violación de su espacio aéreo pasó prácticamente inadvertida.
 

 

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