La aviación de la Cruz Roja

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Junkers F.13 de , de servicio sanitario en Marruecos (1925).

 

Las reiteradas peticiones de la Comité Internacional de la Cruz Roja a sus ramas españolas y francesas para que permitieran el envío de misiones humanitarias al Rif, provocadas en parte por peticiones de Abd-El-Krim y por el aflujo de refugiados a la Concesión Internacional de Tánger, chocaron con una obstinada negativa. El argumento que esgrimió el presidente de la Cruz Roja Española, el Marqués de Hoyos, fue que la guerra del Rif no era tal, ni por supuesto una guerra civil, una guerra colonial o una guerra entre estados –los tres supuestos principales en que se contemplaba la intervención de la Cruz Roja–, sino que era simplemente una operación policial por cuenta del Gobierno marroquí, “necesaria para restablecer el orden alterado por los rebeldes, no beligerantes, que ignoran la autoridad del Majzén” [1].

De manera que no hubo auxilio de la Cruz Roja para la población civil rifeña, a pesar de algunos intentos de la Cruz Roja Egipcia y Turca. La Cruz Roja Española, por el contrario, bajo la enérgica dirección de la Duquesa de la Victoria, organizó pronto un completo sistema de atención sanitaria para las tropas españolas heridas, con hospitales en el Protectorado, bastante mejores que los militares, y otros muchos en la Península, a los que afluían continuamente barcos y trenes cargados de heridos con rumbo a Málaga, Cartagena, Valencia y Madrid. Y también unos pocos aviones, como el F.13.

El Junkers F.13 era una obra maestra, una idea de cómo podrían haber ido las cosas en la aviación si no hubiera sido por los cuatro años de la primera guerra mundial, durante los cuales la innovación aeronáutica se detuvo casi por completo. Hizo su primer vuelo en junio de 1919, cuando los dinosaurios biplanos procedentes de la conversión de los bombarderos de la guerra dominaban los cielos. Basta comparar la silueta de un F.13 con la un Goliath para ver que pertenecían a generaciones tecnológicas distintas.

Los F.13 de la Cruz Roja funcionaron facilitando la comunicación entre la central de fabricación de heridos en el Protectorado de Marruecos y los hospitales donde los curaban, trasladando personal médico, material sanitario y eventualmente heridos. La guerra de Marruecos absorbió durante años casi la cuarta parte del presupuesto del país y causó decenas de miles de muertos y heridos en las tropas españolas. No se sabe mucho sobre las bajas rifeñas, pero como mínimo duplicaron a las españolas, pues la proporción de bajas en una guerra colonial suele ser desde 1 a 5 hasta 1 a 20 entre colonizadores y colonizados. Esto es debido principalmente a que los colonizadores suelen tener más cantidad de armas modernas o incluso armas que los colonizados no poseen. Como dijo un militar anónimo acerca de la principal razón para usar un arma terrible como es la ametralladora contra los indígenas: “Porque nosotros la tenemos y ellos no”.

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[1] Revista de Estudios Internacionales Mediterráneos – REIM – Nº 7 – (Enero – Mayo 2009) La Cruz Roja en la La Guerra del Rif (1921-1926): Ensayo bibliográfico, por Francisco Javier Martínez-Antonio.

 

 

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