Dohuet explica cómo se puede aniquilar una ciudad con una tonelada de bombas por hectárea, y terminar la guerra en un par de horas

La edición original del libro de Dohuet, publicada por el Stabilimento Poligrafico per L’Amministrazione della Guerra, Roma, 1921. En ibs.it

Giulio Dohuet nunca consiguió el carnet de piloto y murió fulminado por un infarto, a los 60 años, mientras podaba sus rosales en su casa de Roma (1). Aunque su carrera de jefe de la aviación militar duró apenas cinco años, con interrupciones, tuvo tiempo de enredar en toda clase de asuntos. Ingeniero de formación, influyó en el diseño de los bombarderos Caproni en 1914 y después de la entrada en la guerra de Italia, en 1915, propugnó la creación de una enorme flota de bombarderos, completamente fuera de la capacidad industrial italiana, como única manera de ganar a Austria-Hungría. En 1921, ya militar en excedencia, el Ministerio de la Guerra publicó su famoso libro Il dominio dell’aria (El dominio del aire).

Douhet se explaya en las no muchas páginas del libro en su visión de la guerra aérea, que él piensa que consiste esencialmente en el bombardeo y aniquilación de las ciudades del país enemigo. Proporciona cifras, estimaciones y previsiones de la fuerza necesaria, siempre según la tecnología disponible en su época, y habla casi con maligna viveza de gases venenosos, bombas incendiarias y todo lo necesario para el exterminio de toda la vida existente en una ciudad:

“En mi opinión, la unidad de bombardeo debe ser capaz de destruir completamente una superficie especificada de 500 metros de diámetro. Un área de esa extensión, entonces, será la base para calcular y establecer la potencia de la unidad de bombardeo. Determinada empíricamente [la extensión de superficie a destruir] el paso siguiente es determinar la cantidad de material activo –explosivos, incendiarias y gases venenosos– necesaria para aniquilar cualquier cosa existente en esa superficie.”

Dohuet calcula que se necesitan 20 toneladas de bombas para destruir la superficie estándar de 500 metros de diámetro (aproximadamente 20 hectáreas), de donde, a dos toneladas por avión (la capacidad máxima de los bombarderos a comienzos de la década de 1920), se necesitaría una fuerza mínima de 10 bombarderos. Al final, se establece una relación directa entre la superficie a aniquilar y el número de bombarderos, aplicable a cualquier tamaño de ciudad.

La idea central de Dohuet, a pesar del tono casi vivaracho con que habla de aniquilación y exterminio desde el aire, es reducir las víctimas de la guerra mediante su fin rápido –idealmente en unas horas– por una sublevación popular para evitar la repetición del horror de los bombardeos aéreos. La idea le vino al parecer tras uno de los bombardeos de Brescia (2): “El completo colapso de la estructura social no puede dejar de ocurrir en un país sometido a [tan] implacable machaqueo desde el aire. Muy pronto el pueblo mismo, para poner fin a tanto horror y sufrimiento, llevado por el instinto de la autopreservación, se sublevará y exigirá el fin de la guerra –¡y esto antes de que su Ejército y su Marina hayan tenido tiempo de movilizarse por completo!. El lector que piense que hablo sin fundamento no tiene más que recordar el pánico que se creó en Brescia cuando, durante el funeral por las víctimas de un bombardeo anterior –muy pequeño comparado con los del tipo que describo aquí– uno de los dolientes confundió un ave con un avión enemigo”.

La doctrina douhetiana necesitaba empero aviones que en 1921 eran apenas proyectos lejanos y esbozos. La Gran Guerra había demostrado la gran dificultad de fabricar grandes bombarderos capaces de volar miles de km con grandes cargas de bombas. Desde el punto de vista italiano, además estaba la necesidad de sobrepasar la gran barrera de los Alpes para ir a bombardear al previsible enemigo:
“El tipo de avión de combate apropiado para nuestra Fuerza Aérea Independiente –es decir, un avión con gran radio de acción, un techo suficientemente alto como para volar sobre los Alpes, suficiente velocidad y una capacidad de carga que le permita un amplio margen de armamento y protección blindada– es similar a un avión comercial de transporte empleado por la aviación civil, una vez que un peso equivalente de armamento y blindaje haya sido sustituido por pasajeros, carga y correo” (3).

Douhet pensaba que lo ideal era “organizar una aviación civil capaz de ser convertida en una poderosa fuerza aérea militar en caso de necesidad nacional”. Esta idea llevó a enconadas discusiones en la Conferencia de desarme de 1932, pues todo el mundo se daba cuenta que la aviación debía ser controlada en bloque, incluyendo a los aviones civiles, no bastando la prohibición de la aviación militar. Desde el primer momento en que se fabricaron aviones, los bombarderos se convirtieron en aviones de pasajeros y los aviones comerciales en aviones de guerra.

1- Giulio Dohuet, artículo de la Wikipedia italiana
2- Enciclopedia Bresciana di Antonio Fappani: Bombardamenti
3- Giulio Dohuet, Il dominio dell’aria (1921 y addenda de 1926) Edición en inglés de la USAAF (1942, The Command of the Air) reimpresa en 1983 – y 1998 Air Force History and Museums Program. Washington, D.C., 1998.

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