El primer y casi último avión colonial alemán

 

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Un LFG Pfeil algo esquemático, el mismo modelo que combatió en Namibia contra las fuerzas sudafricanas en 1914 y 1915.

 
Luft-Fahrzeug-GmbH (Sociedad de Vehículos Aéreos) se fundó en 1908 en Bitterfeld (Sajonia) para investigar el apasionante campo de la locomoción aérea y fabricó diversos aviones y dirigibles durante la primera guerra, extinguiéndose después como muchas otras compañías. Su modelo LFG Pfeil (Flecha) era un biplano de tubos de acero recubiertos de tela, con la enorme ala superior en flecha más pronunciada que muchos reactores actuales. Esta fórmula aeródinámica se usó mucho en la época, por ejemplo en el Lohner Pfeil que se usó en Marruecos en 1913. Su motor de 100 HP le permitía moverse a unos 95 km/h, con una autonomía excelente, lo que propiciaría su envío a los vastos espacios del África Alemana del Sudoeste. Tenía espacio para el piloto, situado casi en medio del fuselaje, y un observador, sentado justo detrás del motor y apestado por el aceite caliente y los gases de escape.

 
En mayo de 1912, cuando se fundó la Deutschsüdwestafrikanischer Luftfahrerverein (Liga de Locomoción Aérea del África Sudoccidental Alemana) en Keetmanshoop, en el sur del país, la colonia tenía poco más de 25 años de vida. Había sido uno de los trozos de África adjudicados al Imperio alemán en la conferencia de Berlín. A diferencia de Togo y Camerún (Deutsch-Westafrika) y Tanganica (Deutsch-Ostafrika), de carácter tropical, la actual Namibia era un terreno abierto y regularmente árido, en el que la aviación podría tener un papel muy relevante.

La Liga Aérea de Keetmanshoop y otras asociaciones aéreas que se fundaron por entonces eran un intento por presionar a las autoridades de la colonia y de Berlín para que dotaran de fondos a la nonata aviación colonial alemana. Las autoridades hicieron oídos sordos hasta que a comienzos de 1914 se enviaron por fin dos aviones, un Aviatik P-14 y un LFG Pfeil, con fines de ensayo y demostración de su posible utilidad colonial.

Ambos eran biplanos muy grandes con motores pequeños (de 100 CV), capaces de volar a 100 km/h. Los dos incorporaban equipo especial para el servicio en regiones alejadas de la civilización, como espejos de señales, brújula, depósito de agua, armas, equipo de acampada y herramientas para reparaciones de urgencia. Tras algunas semanas de ensayos, la autoridad militar los consideró completamente inútiles para el servicio colonial por escasos de potencia y fiabilidad para tan rudo territorio.

Entonces estalló la guerra y los dos aviones pasaron automáticamente a constituir la fuerza aérea de la Schutztruppe (el ejército colonial). El África Sudoccidental alemana afrontó la guerra completamente sola, sin ninguna posibilidad de recibir ayuda de la metrópoli. Eso excluía la posibilidad de recibir más aviones o hasta la más insignificante pieza de recambio.
Tampoco podía contar con la lealtad o el apoyo de los naturales del lugar, que habían sido sistemáticamente masacrados en el llamado genocidio nama y herero, que había terminado pocos años atrás. Sudáfrica asumió la responsabilidad de ocupar la colonia alemana, aunque antes tuvo que lidiar con la oposición de la población boer a combatir contra lo que ellos veían como hermanos de sangre.

Increíblemente, los dos aviones con que contaba la fuerza alemana volaron y funcionaron hasta julio de 1915, fecha del fin de las hostilidades, casi un año a base de bricolaje aeronáutico llevado al extremo. El Aviatik y el LFG se estrellaron una y otra vez, perdieron piezas importantes o vieron arder sus motores, pero una y otra vez fueron reparados y a veces literalmente reconstruidos.

En agosto de 1914 nadie sabía cómo era la guerra aérea, la única experiencia era la proporcionada en Libia, Marruecos o las guerras balcánicas. En Europa, las incipientes aviaciones militares aprendieron pronto toda clase de tácticas, pero eso era más difícil de hacer en el ambiente aislado del sudoeste de África.

Los dos aviones alemanes volaban en largas misiones para descubrir al enemigo y a veces arrojaban bombas improvisadas sobre los campamentos sudafricanos, que se sabe que mataron al menos a tres hombres. Dar o no en el blanco era cuestión de puro azar, como lo era acertar en los aviones con las nutridas descargas de fusilería que los recibían, pues nadie sabía como disparar a un avión en vuelo.

El reconocimiento aéreo, misión primordial del LFG y el Aviatik, también requería experiencia. En abril de 1915 un avión alemán pudo reconocer la formación sudafricana en Trekkopje, pero confundió fatalmente nueve carros armados con cocinas de campaña. En el ataque que siguió, las ametralladoras de los carros aniquilaron a la fuerza alemana.

Las incursiones y la información proporcionada por la minúscula fuerza aérea de la Deutsch-Südwestafrika terminaron por inquietar al mando sudafricano, que tenía algunos pilotos entrenados pero no tenía un solo avión. Tras muy laboriosas gestiones varios Farman F.27 de hélice empujadora y dos RAF BE.2 llegaron a Sudáfrica, pero no estuvieron operativos hasta mayo de 1915, con un reconocimiento sobre Walvis Bay. A pesar de ser aviones militares que tenían, por ejemplo, lanzabombas ortodoxos y un nutrido equipo de mecánicos detrás, su operatividad fue minúscula, lastrada por incesantes accidentes y averías, lo que convierte la supervivencia del LFG y del Aviatik en un verdadero récord (1).
 

1- Peter Chapman DUST ON THE HORIZON: THE AIR WAR IN GERMAN SOUTH WEST AFRICA 1914-1915 The ’14 -’18 Journal (2004)

 

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