El regalo del conde de Artal

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Uno de los tres Morane Saulnier G comprados por el conde de Artal en 1913

 

Armar a sus expensas una compañía o un regimiento era algo que los nobles antiguos solían hacer, pero la práctica cayó en desuso con los ejércitos masivos del siglo XIX, que se suponía que debían ser pertrechados en exclusiva por el Estado. Cuando el conde de Artal regaló tres aeroplanos al ejército español, en noviembre de 1913, fue pues el último de una larga tradición. Pero también inauguró una nueva costumbre: el alto valor social de regalar aviones de guerra al gobierno.

Al ser los aviones tan caros, solía ser necesaria una suscripción popular, a la que los muy ricos contribuían a veces con un avión por barba, y el resto con pedacitos de aeroplano allegados por honrados trabajadores, viudas y niños de las escuelas. Así se hizo en España en 1921, en la gran suscripción nacional para que cada provincia regalase un avión al ejército, que los necesitaba para aplastar a los rifeños tras el desastre de Annual. En 1940 los Spitfire Funds consiguieron reunir dinero suficiente para cientos de aeroplanos, y en la Unión Soviética fue práctica habitual que los obreros de esta o aquella fábrica comprasen a escote un Yak-3 o un LaGG-3.

José Artal y Mayoral emigró muy joven a Uruguay desde su Cataluña natal. Hizo dinero en la banca y se afincó en Buenos Aires, donde encontró una nueva y absorbente ocupación en el comercio de arte. Importaba cuadros de pintores españoles y los exponía en Buenos Aires, donde pronto consiguieron gran éxito entre la clase rica argentina. La mayoría de estas obras eran del género decorativo costumbrista puesto en boga por Mariano Fortuny, y han desaparecido hoy de la primera línea de museos y exposiciones, pero otras se debían al pincel de Sorolla o de Ramón Casas, pintores muy estimados hoy. Incluso llegó a exponer unas vistas de París de Pablo Picasso, en la temprana fecha de 1901.

Su labor al frente de la Cámara de Comercio Hispano Argentina, y especial-mente su participación en el éxito del pabellón de España en la Exposición del Centenario de la República Argentina llegaron a oídos de Alfonso XIII, que le ascendió a la categoría de conde en 1912. Al año siguiente el nuevo conde de Artal correspondió regalando los tres aviones al ejército. Tal vez pensó que un avión era en sí mismo un objeto artístico, y sin duda conocía la pasión del rey de España por la aviación. Los tres aviones que envió a sus expensas tenían muy poco valor militar para el bombardeo y hostigamiento de indígenas, y fueron dados de baja en pocos años. Artal murió en San Sebastián en 1918, sin haber llegado a cumplir los sesenta años.

 

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