El avión de guerra más moderno de Latinoamérica

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Un General Dynamics / Lockheed Martin F-16 Fighting Falcon de la Fuerza Aérea Venezolana a finales del siglo XX.

 

Causó cierta sorpresa que el gobierno venezolano, en 1981, quisiera comprar F-16 para su aviación militar (FAV). Ningún país latinoamericano los tenía, y Washington no deseaba ninguna fuerza aérea al sur del río Grande dotada de aviones modernos y peligrosos –bastantes problemas tenía con la dotación soviética de la FA cubana.

Pero Venezuela era por entonces un país relativamente rico, gracias al petróleo, y de confianza desde el punto de vista político, con una alternancia de partidos de centro y derecha o de izquierda “moderada”. Una vez obtenido el placet estadounidense, los aviones empezaron a llegar en 1983, un mal momento pues fue el año del comienzo del declive del auge petrolero venezolano.

El país pronto entró en serias dificultades económicas y debió dejar entrar a los expertos del FMI y otras bandas financieras internacionales, que recomendaron las tradicionales medidas de austeridad para los de abajo. El descontento de la población estalló en el Caracazo de 1989, reprimido a sangre y fuego, y en los dos golpes de estado de 1992.

En el segundo de ellos (noviembre) los F-16 de la FAV cumplieron un papel histórico participando en el derribo de algunos Broncos que se disponían a bombardear el palacio presidencial de Miraflores, una misión habitual de la aviación latinoamericana (recuérdese la masacre de la plaza de Mayo en Buenos Aires, 1955, y el bombardeo del Palacio de la Moneda, en Santiago de Chile, 1973).

Pero en 1999 Hugo Chávez, de la izquierda revolucionaria (oficial) ganó las elecciones. Como en el caso de Irán, aunque a menor escala, Estados Unidos se encontró con un país ideológicamente enemigo al que le había vendido tecnología militar aérea avanzada. Se cancelaron ulteriores ventas de F-16 a la FAV, así como el suministro de repuestos, asistencia técnica, etc, y se esperó que la flota de Halcones Luchadores (esa es la traducción del nombre oficial del avión, Fighting Falcon) se extinguiera de muerte natural, como se confió que pasaría con los Tomcat y Phantom II vendidos a Irán.

La República Boliviariana de Venezuela buscó otras fuentes de suministro para su aviación militar e inició una estrecha relación con Rusia, que le suministró Sujois-30, cazabombarderos muy avanzados, ante el escándalo estadounidense. Los F-16 venezolanos protagonizaron una extraña historia, probablemente falsa, divulgada por el diario monárquico español ABC, según la cual la FAV había enviado un ejemplar desmontado a Irán, para que los militares de la república islámica pudieran evaluarlo a fondo, con vistas a contrarrestar un posible ataque israelí que seguramente utilizaría este tipo de aviones.

 


 

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