El día que la Fuerza Aérea de Chile olvidó por completo

Un Hawker Hunter de la , tal vez uno los que bombardearon objetivos en Santiago de Chile, incluyendo el Palacio de la Moneda, el 11 de septiembre de 1973.

El primer comunicado de la Junta Militar, radiado a las ocho de la mañana del 11 de septiembre de 1973, solo incluía cinco puntos, dos retóricos (la histórica misión de las Fuerzas Armadas y Carabineros de acabar con el yugo marxista, y un poco de coba a los trabajadores de Chile), dos operativos (la exigencia de inmediata renuncia del presidente de la República y la implantación del toque de queda) y una amenaza a los medios de comunicación: “La prensa, radios difusoras y canales de televisión adictos a la Unidad Popular deben suspender sus actividades informativas a partir de este instante. De lo contrario recibirán castigo aéreo y terrestre”. Firmaban el comunicado los cuatro comandantes en jefe de Tierra, Mar y Aire y de los Carabineros. El firmante Gustavo Leigh, jefe de la Fuerza Aérea de Chile, ocupaba su cargo desde hacía pocos días, y había aprendido el oficio de aviador en la Zona del Canal de Panamá y en Estados Unidos, como tantos otros militares latinoamericanos.

La amenaza de castigo aéreo no era vana. En un episodio que quedó grabado de manera indeleble en la historia de Chile y del mundo, cuatro Hawker Hunter del Grupo 7 despegaron de Carriel Sur, Concepción, unos 500 km al sur de Santiago y volaron sobre los edificios de la capital a baja altura. Tenían siete blancos asignados, cinco antenas de emisoras próximas a la UP, la residencia privada de Salvador Allende en la calle Tomás Moro y el palacio de la Moneda, sede de 23 presidentes de Chile, que llevaba bajo el fuego terrestre desde primera hora de la mañana. Los Hunters llegaron al mediodía, dispararon cohetes aire-tierra y luego usaron sus cañones de 30 mm. El palacio ardió y el presidente Allende apenas tuvo tiempo de lanzar su último mensaje por la radio antes de (al parecer) suicidarse pegándose un tiro. El ataque de los cazabombarderos de la Fuerza Aérea Chilena al máximo símbolo de la democracia de Chile dejó una herida profunda y duradera.

Cuarenta años años después, en septiembre de 2013, la performance “La sombra de los Hawker Hunter” pintó cuatro enormes siluetas de los aviones sobre el pavimento de las calles de los alrededores del Palacio de la Moneda. (1). En julio de 2018 se presentó al público en Antofagasta la instalación de video arte “Hawker Haunted”, de Cristóbal Cea, descrita así: “Una versión animada en 3D [de un Hawker Hunter] planea con sus turbinas apagadas y la cabina cubierta por una bolsa plástica, sin destino ni ubicación geográfica aparente”. Cea consigue transmitir una inquietante sensación de quiebra social a través de una tecnología ciega (2).

La Fuerza Aérea de Chile (FACh) también recuerda a este avión, pero no su momento de fama mundial. Un evento en el Club de Campo de Oficiales de la Fuerza Aérea de Chile, en diciembre de 2017, es descrito en estos términos ultra-profesionales: “El Hawker Hunter es un caza de reacción británico, adquirido por Chile en 1967 durante el gobierno del Presidente Eduardo Frei Montalva, lo cual significó un nuevo nivel de poder ofensivo para la Fuerza Aérea de Chile. Estas Aeronaves prestaron servicios por casi 30 años en nuestro país, siendo dados de baja en 1995. …el jueves 21 de diciembre se realizó el evento “Hawker Hunter” en el Club de Campo de Oficiales de la Fuerza Aérea de Chile “Quinchamalí”, instancia que agrupó a todos aquellos miembros de la Fuerza Aérea de Chile que se desempeñaron y desarrollaron su carrera en relación a la mencionada nave. … el Museo Aeronáutico colaboró con la ornamentación del lugar proporcionando objetos históricos relativos a la aeronáutica nacional” (3).

La página web de la FACh recoge 62 hitos históricos, desde el primer vuelo en Chile (1910) a la visita del papa Francisco (2018). Hay un hueco entre 1972 (Llegan los poderosos C-130 Hercules) y 1974 (El traslado en vuelo de una tanda de Hawker Hunter en vuelo desde Reino Unido a Chile). Tampoco parece haber ninguna referencia a los sucesos del 11 de septiembre en el Boletín Histórico ni en la Revista de la Fuerza Aérea. Los nombres de los pilotos que atacaron la capital del país son un secreto a voces en Chile, pero la Fuerza Aérea, cuando ha sido requerida legalmente para proporcionar la información, declara no saber absolutamente nada al respecto.

Muy lejos de Chile, en la fábrica de motores de Rolls Royce de East Kilbride, cerca de Glasgow, Escocia, los trabajadores de la British Amalgamated Union of Engineering Workers boicotearon la reparación de ocho motores Avon de los Hawker Hunter chilenos, que formaban parte de los 1.500 motores que pasaban por la factoría cada año. Como dijo Robert Somerville, uno de estos trabajadores, “Las imágenes de los Hawker Hunter sobre el palacio presidencial eran horrorosas, especialmente para nosotros, que reconocimos los aviones” (4). Se planeó entonces transferir el trabajo a alguna filial de la empresa, como Motores Rolls-Royce de Sao Paulo, Brasil (5). El gobierno de Harold Wilson, laborista, estableció en mayo de 1974, pocas semanas después del plante de los mecánicos escoceses, un embargo de armas a Chile que incluía el fin de la asistencia técnica a los motores Avon de Rolls Royce. No obstante, se permitió enviar a Chile dos fragatas y un par de submarinos recién construidos en los astilleros del río Clyde (6).

En octubre se informó de la compra de 18 F-5 Freedom Fighter y de 16 Cessna A-37 Dragonfly por la Fuerza Aérea Chilena. Nixon acababa de ser expulsado del cargo por felón y Gerald Ford estaba al mando. El F-5 era un caza de superioridad aérea pero no demasiado caro, que se repartió mucho entre los países del mundo libre (incluyendo España, en plena dictadura franquista). El Dragonfly era un avión de contrainsurgencia especializado, que se usó mucho en Centroamérica para combatir a la guerrilla en la década de 1980. Fuentes chilenas insistieron en que el dinero lo ponían ellos, no la ayuda militar estadounidense (7).

En 1976 los demócratas estadounidenses forzaron un embargo de armamento a Chile, que no tuvo más remedio que ingresar en el club de apestados aéreos internacionales (repleto de repúblicas sudamericanas por entonces, en pleno auge del Operativo Cóndor) y acudir a Francia para comprar sus siguientes aviones de guerra, un derivado del Mirage III (Mirage 50), en 1979. Durante la década siguiente Chile modernizó sus Mirage con ayuda del tándem Israel – Sudáfrica, que por entonces proporcionaba tecnología aeronáutica avanzada relativamente barata a países sometidos a embargo de armas. Así surgió el Mirage Pantera, uno más de la rica variedad de Mirages que floreció en Sudamérica en aquella época. Ya levantado el embargo, la conexión con Israel continuó, produciendo el potente Mirage Elkan, guardián o escondite en mapudungun, la lengua mapuche, el pueblo originario del sur del país.

(1) La sombra de los Hawker Hunter #LaSombradelosHH . Domingo 8 de septiembre, desde las 06:00 horas, La Moneda, en Santiago de Chile. Colectivo de Arte CasaGrande y Londres 38, espacio de memorias.
(2) Hawker Haunted. Exposición en Antofagasta, Chile, 20 de julio de 2018 – 5 de septiembre de 2018 – Biblioteca Regional de Antofagasta, Antofagasta, Chile. Cristóbal Cea, video arte. Exhibición de la obra ganadora del Concurso XI Premio MAVI / Minera Escondida Arte Joven Contemporáneo.
(3) http://www.museoaeronautico.gob.cl/home/noticias/2017/-144-cenahawkerhunterenelclubdecampodeoficialesdelafuerzaaereadechile
(4) Los empleados de Rolls Royce que desafiaron a Pinochet. Paula Molina, Chile, para BBC Mundo (bbc.com).
(5) FLIGHT International, 16 May 1974
(6)FLIGHT International, 30 May 1974
(7) FLIGHT International, 17 October 1974

 

 

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