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Un Marut de la Fuerza Aérea India, hacia 1970.

 

En 1956, un año después de la conferencia de países no alineados de Bandung –que dio origen al concepto de Tercer Mundo, y en la que tuvo un gran papel Jawaharlal Nehru– comenzaron los trabajos para diseñar el primer avión supersónico hecho en Asia. La India reafirmaba así su papel de potencia internacional, tan sólo ocho años después de su independencia del Imperio Británico.

El año anterior, en Argentina, la Revolución LIbertadora había acabado con el peronismo y forzó al diseñador de aviones Kurt Tank, muy implicados con el régimen, a abandonar el país. Tank se llevó a la India los planos de lo que habría sido el Pulqui III, sucesor del Pulqui II y que habría sido el primer caza bisónico argentino y así comenzó el desarrollo del Marut.

Un ejemplar fue enviado a Egipto en 1967 para servir de banco de pruebas del avanzado reactor que debía equipar el Helwan 300 (diseñado en España como Hispano Aviación HA-300), pero este proyecto de tecnología aérea avanzada afroasiática, a trasmano de las grandes potencias, fue cancelado posteriormente. El Marut (Espíritu del Viento) nunca consiguió los potentes motores que necesitaba, y dobló la velocidad del sonido, aunque terminó siendo un avión de guerra muy aceptable, especializado en el ataque a posiciones en tierra.

Hindustan tardaría décadas en embarcarse en otra iniciativa aeronáutica de alta tecnología propia, el proyecto LCA, ya a finales del siglo XX. Parte de la culpa la tuvo la necesidad urgente de gran cantidad de aviones militares para utilizar en el prolongado conflicto con Pakistán, que fueron adquiridos en el extranjero o fabricados con licencia en la propia India. El Marut fue empleado en la guerra que enfrentó a las dos partes en 1971.

 

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