Un bombardero contra bombarderos: Tupolev Tu-128

 

Un Tupolev Tu-128 a finales de la década de 1960.

La Unión Soviética medía aproximadamente 10.000 km de ancho,  la distancia de Kaliningrado al estrecho de Bering, y había 5.000 km de su extremo norte a su extremo sur, aproximadamente la anchura de los Estados Unidos continentales. La defensa aérea de sus 22 millones de km cuadrados de territorio planteaba problemas proporcionalmente enormes. Había bases aéreas norteamericanas repartidas por todo el mundo, formando una especie de anillo en torno al llamado Mundo Comunista. Los bombarderos más pequeños, como el B-47, podían atacar territorio soviético desde las bases avanzadas en España, Japón, Turquía y otros países, y los enormes B-52, con su gran radio de acción y reabastecimiento en vuelo por  cisternas KC-135, podían aparecer literalmente por cualquier lugar, por ejemplo por el ignoto Ártico soviético, siguiendo la ruta polar abierta por Valeri Chkálov en 1937.

La fuerza aérea de la URSS invirtió muchos recursos en la defensa aérea. Su disponibilidad de bombarderos estratégicos capaces de atacar territorio estadounidense era mínima comparada con la capacidad del SAC de atacar territorio soviético, posibilidad que los pilotos norteamericanos ensayaban una y otra vez, ya desde desde su paso por la academia de la USAF. En la década de los 50 la aparición de los misiles tierra–aire de largo alcance alivió algo la situación, pero las baterías antiaéreas no podían colocarse con la densidad suficiente en el inmenso perímetro de la Unión Soviética. Los interceptores disponibles tenían un problema similar: podían despegar en minutos para proteger áreas industriales y urbanas más densamente pobladas, pero no se podían repartir por toda la extensión de la URSS de manera efectiva. Se necesitaba un caza interceptor de nuevo cuño, un patrullero más que un veloz trepador. Debería ser grande, para contener el combustible necesario para mantenerse en el aire durante horas y veloz para salir al encuentro de los B-52 del SAC. Su gran tamaño le permitiría funcionar como una batería aerotransportada de misiles.

Los generales de la fuerza aérea soviética fueron al OKB de Tupolev y volvieron con la solución: la transformación del proyecto de bombardero supersónico T-84 en el caza interceptor supersónico Tu-128. Con su velocidad punta de 1.600 km/h y techo de 16.000 metros, parecía capaz de enfrentarse a los B-52, y su autonomía de dos o tres horas le permitía abarcar un considerable espacio de patrullaje. Era capaz también de detectar por sí mismo a los bombarderos enemigos, gracias a un sistema de radar bastante sofisticado, lo que le permitía depender menos del control de tierra, que tradicionalmente controlaba muy estrechamente a los interceptores. Así organizado, el Tu-128 patrulló el espacio aéreo de la URSS durante aproximadamente dos décadas, sin haber disparado nunca un solo misil contra los bombarderos norteamericanos, aunque parece que sí derribó algunos globos meteorológicos espía. Estaba armado con cuatro misiles R-4 bajo las alas, cada uno de los cuales pesaba media tonelada y medía más de cinco metros. Estos misiles tenían el suficiente radio de acción y un  sistema de búsqueda de blancos lo bastante preciso como para permitir al Tu-128 disparar desde muy lejos –o muy abajo– al avión enemigo a derribar. El gran patrullero del espacio aéreo soviético –conserva el título de mayor avión de caza de todos los tiempos, con sus 27 metros de largo y más de 40 toneladas a plena carga– solía pernoctar en bases remotas, muchas veces en los confines del Ártico. El avión voló por primera vez en 1959 y entró en servicio en 1963, siendo retirado a comienzos de la década de 1980. Al final de su vida activa, fue sustituido por el más capaz y veloz MiG-25, capaz de volar a 3.200 km/h.

 

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