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Vought Crusader de la marina de los EEUU. Beirut,1958

 

El 14 de julio de 1958, un comunicado de Radio Bagdad asombró al mundo: “Aquí, la República del Irak. Este es vuestro día de victoria y de gloria. El enemigo de Dios y su amo han muerto y descansan tendidos en las calles.” Se refería al joven rey Feisal y al viejo y astuto Nuri Said, eterno primer ministro o cargo similarmente influyente en Irak desde hacía cuatro décadas. Ambos habían sido asesinados, el rey y el regente en su palacio y el primer ministro en una callejuela de Bagdad, cuando intentaba huir disfrazado. La radio también anunció la proclamación de la República, que anunciaba su amistad con la República Árabe Unida formada el año anterior por Egipto y Siria (1) . Los gobiernos de Londres y Washington, el viejo y el nuevo poder en la región, acusaron el golpe.

Irak no era un país cualquiera. Estaba comenzando a desarrollar una riqueza petrolífera que parecía inmensa, controlada hasta entonces estrechamente por Gran Bretaña a través de la IPC (Iraq Petroleum Company). El control seguiría, pero con mayores dificultades, hasta la nacionalización de 1972; los iraquíes no querían repetir el fiasco iraní de 1952, cuando Mossadegh nacionalizó la Anglo Persian y fue aniquilado un año después por un golpe de estado organizado por la CIA. Mucho peor arreglo tenía que la ciudad que dio nombre al pacto militar equivalente de la OTAN en Oriente Medio estuviera ahora en manos “anti-occidentales”. El Pacto de Bagdad reunía a Turquía, Irak, Irán y Pakistán, pastoreados por Reino Unido, para formar una especie de barrera en el flanco suroeste de la Unión Soviética. Seriamente mermada por la defección iraquí, la alianza militar se pasó a llamar CENTO (Central Teatry Organization) y desapareció unos años después. Desde el punto de vista de Occidente, se había “perdido” Irak, como se perdió China en 1949 y se perdería Irán en 1979.

Al día siguiente del golpe en Bagdad, el presidente libanés solicitó formalmente ayuda a los Estados Unidos. Unas horas después, el rey de Jordania pidió al Reino Unido el envío urgente de ayuda militar. Daba la sensación de que el frente árabe anti-occidental encabezado por la RAU estaba a punto de controlar todo Oriente Medio. En cuestión de horas, tanto los Estados Unidos como Gran Bretaña comenzaron a proyectar su poder militar sobre el Líbano y Jordania, con un componente aéreo abrumador.

La US Navy tenía un gran portaaviones merodeando por las costas de Levante, el Essex, parte de la Sexta Flota tan bien conocida en todos los puertos mediterráneos. El Essex lanzó sus aviones sobre los azules cielos del Líbano, principalmente Furies (la versión naval del Sabre) para indicar la llegada del aplastante poder militar norteamericano. Luego desembarcaron los marines, que se abrieron paso entre los bañistas de la playa de Beirut hasta llegar a su objetivo principal, el aeropuerto. Entonces pudo comenzar en serio un puente aéreo de pertrechos y soldados desde las bases aéreas de Europa occidental, utilizando los grandes cargueros de la USAF. Esta organización también llevó varias escuadrillas de Super Sabres F-100 a la base turca de Incirlik, con la misión de intimidar a la pequeña fuerza aérea siria (formalmente UARAF, Fuerza Aérea de la República Árabe Unida). Los aviones del Essex se vieron pronto reforzados por el contingente aéreo del Saratoga, que llegó poco después, y que tenía una novedad en sus cubiertas: una unidad de Vougth Crusader supersónicos, que habían entrado en servicio unos meses antes.

Toda esta nutrida flota aérea patrulló el espacio aéreo del Líbano y también de Jordania (2), donde por entonces los británicos estaban desembarcando una unidad de paracaidistas usando sus propios aviones de transporte. Gracias a la ayuda de los grandes cargueros estadounidenses, que llevaron a cabo un crucial puente aéreo de combustible y pertrechos hasta Amman usando Globemaster, y a que la presión de Washington convenció a Tel Aviv de dejarlos pasar por el espacio aéreo israelí, los británicos pudieron aprovisionar con rapidez y solidez a sus fuerzas militares  expedicionarias en Jordania. La RAF, además de cargueros, aportó varios escuadrones de Hunters, por entonces su mejor caza. Egipto había reconstruido con gran rapidez su fuerza aérea con ayuda soviética tras la debacle de Suez, pero aun así el dominio de la aviación anglo-americana era abrumador en el verano de 1958 en la mitad oriental del Mundo árabe.

 (1) Mundo, 27 de julio de 1958: “Las operaciones militares en la sublevación iraquí se desarrollaron con gran rapidez”

 (2) BYRD, D. A. : Lebanon Crisis: Operation Blue Bat [Short of War: Major USAF Contingency Operations 1947-1997. A. Timothy Warnock, Editor – Air Force Historical Research Agency]. Air Force History and Museums Program in association with Air University Press (2000)

 

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