Un avión mundial para un imperio planetario

 

El Fairey Long-Range Monoplane I en 1929.

La década de 1920 fue la edad de oro de los récords aéreos, y el más sensacional de todos era el de distancia. Los aviadores se empaquetaban en sus estrechas cabinas y se preparaban para pasar muchas horas en el aire mientras mares y tierras se deslizaban bajo su aparato. Después del extraordinario vuelo en solitario de Charles Lindberg en 1927, 36 horas y 1/2 en el aire en el trayecto Nueva York – París, el récord de distancia se quedó en casi 6.000 km, y en los diez años siguientes fue batido una y otra vez. Había muchos aviadores dispuestos a pasar a la historia, y no era difícil encontrar financiación. Los aviones eran por lo general modelos civiles o militares estándar capaces de cargar gran cantidad de combustible suplementario, como el Breguet 19 o el Junkers W.33. Las rutas dependían del país de origen de los aviadores, pero había imanes irresistibles, como el salto del Atlántico, norte o sur (el Pacífico estaba fuera de las posibilidades de la tecnología de la época). Una elección obvia del trayecto era enlazar la madre patria con las colonias, como hizo la aviación francesa con sus posesiones en el AEF (África Ecuatorial Francesa), aunque volar de una tirada de París a Indochina tuvo que esperar.

Si bien la aviación de récord era en general de iniciativa privada, el caso del Fairey Long-Range Monoplane es singular, pues fue uno de los poquísimos aviones diseñados especial y oficialmente para volar muy largas distancias. Surgió de una especificación del Ministerio del Aire británico de 1927 para un avión postal de muy gran autonomía. La firma Fairey asumió el encargo y fabricó una máquina muy aerodinámica, con un ala enorme que servía de depósito de combustible, capaz de albergar una tripulación de dos personas en vuelos con una duración máxima estimada de unas 60 horas, suficiente para recorrer más de 8.000 km. El récord mundial de distancia rondaba por entonces esa cifra. El proyecto era completamente militar, a diferencia de la mayoría de vuelos de récord de su época y pertenecía a la RAF, en concreto a su Long Range Development Unit (Unidad de Desarrollo de Vuelos de Larga Distancia). La aviación de muy larga distancia tenía un interés muy especial para el imperio más grande que ha existido jamás.

El propio C.R. Fairey, fundador de la compañía constructora de este singular avión, explicó la “acuciante necesidad” de máquinas capaces de volar varios millares de millas, especialmente para el Imperio británico, en una sesión de la Royal Aeronautical Society celebrada en octubre de 1929. El orador resumió la autonomía normal de los aviones de la época: 400 millas para los cazas, 600 para bombarderos ligeros o 1.200 para transportes e (implícitamente) bombarderos pesados –según él, todo lo que necesitaba un país para estar completamente protegido del ataque de otros era una franja de océano de 600 millas de anchura–.

Yendo al grano, C. R. Fairey estimó en 2.000 millas la autonomía necesaria para los aviones de servicio colonial. Pocos aviones de la RAF o Imperial Airways la poseían en aquella época. El constructor de aviones ofreció una interesante visión del mundo desde el punto de vista de Londres: “El punto más cercano a Inglaterra que es territorio británico es Malta, a 1.300 millas de distancia. Otro salto de 1.100 millas lleva al avión a la zona del canal de Suez… desde donde distancias de entre 1.000 y 1.350 millas nos dejan en la India. Con una máquina de 2.000 millas de autonomía, el correo de la India se podría llevar en tres saltos: Londres – Malta – Bagdad – Karachi, con un tiempo total de alrededor de 60 horas” (1).

El 24 de abril por la mañana el Fairey Long-Range Monoplane despegó del aeródromo de Cranwell, a unos 200 km al norte de Londres, uno de los de pista más larga de la RAF. El avión iba tan pesadamente cargado de gasolina que necesitó algo más de un kilómetro para levantar el vuelo. Pasó sobre Estambul y a partir de ahí entró en territorio imperial, pasando sobre Bagdad y sobre Karachi. El objetivo era Bangalore, cuna de la aviación india, pero vientos desfavorables aconsejaron regresar a Karachi, donde aterrizaron cuando pasaba la hora 50 de vuelo. No se batió el récord mundial de distancia, pero lo importante era la primera conexión directa entre la metrópoli y la joya de la corona del Imperio, la inmensa y diversa India. Aquello abría interesantes posibilidades de control aéreo colonial de larga distancia. Algunos meses después, el mismo avión y la misma tripulación intentaron hacer la otra gran ruta imperial, Londres -Ciudad del Cabo. El aparato se estrelló en Túnez por el mal tiempo. Un año después una versión remozada del Fairey Long-Range Monoplane batió el récord mundial de distancia entre Cranwell y Walvis Bay, entonces en el África del Sudoeste bajo mandato sudafricano y actualmente en Namibia.

1- Flight, 18 de octubre de 1929.

 

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