Blog / Up

El fantasma del Movimiento


Imagen de la portada del folleto «Veinte años de paz en el Movimiento Nacional bajo el Mandato de Franco. Provincia de Barcelona». (1939-1959). Hallado en todocoleccion.net

“La Casa del Partido será la expresión grave [en piedras solemnes] de esta política que, si sabe encuadrar a las masas, sabe ordenarlas con útil y bella jerarquía”.

Así comienza, en puro estilo falangista, el reportaje publicado en la revista oficial de la Sección Femenina “Y” (1) que describe con bastante detalle la Casa del Partido, es decir la sede central de FET y de las JONS, que debía levantarse en el solar del Cuartel de la Montaña. Este gran edificio militar fue destruido durante la guerra civil, después de que fuera tomado por una fuerza improvisada republicana el 20 de julio de 1936, lo que determinó el fracaso de la sublevación militar en Madrid.
Con mucha inoportunidad, la revista eligió julio de 1945 para publicar la descripción de lo que sería una mole inmensa que albergaría todas las dependencias principales del partido único. Las dimensiones ciclópeas del proyecto –el patio principal, la gran plaza de Honor, tendría capacidad para la formación de una división de 18.000 hombres– y su disposición interior y exterior dejaban claro que la idea era proyectar un mega-símbolo fascista sobre la ciudad de Madrid y por extensión sobre España entera. Precedentes eran la Casa Parda del NSDAP en Múnich, bastante más modesta y que ocupaba un palacete del siglo XIX, y el Palazzo della Farnesina en Roma, prevista como sede del Partido Nacional Fascista, construida exprofeso en estilo racionalista.

Lejos de toda modernez, el proyecto de la Casa del Partido falangista era de una apabullante pesadez, una versión industrial del Escorial. El momento para presentar el proyecto al público no pudo estar peor elegido. El fascismo italiano y el nazismo alemán ya eran organizaciones ilegales y perseguidas desde mayo de 1945, y en España la Superioridad ordenó eliminar toda referencia fascista del partido único, FET y de las JONS, empezando por el nombre de Partido, que fue sustituido por el nebuloso concepto del Movimiento Nacional.

En 1945 desaparecieron de los fuselajes de los aviones militares y de las derivas de los aviones civiles el yugo y las flechas, símbolo de la Falange. Fueron sustituidos por los colores rojo y gualda nacionales. También comenzó a extinguirse el saludo brazo en alto y muchas otras señales de que en España había una organización émula del Partido Nacional Fascista italiano o el Partido Nacional Socialista Obrero Alemán.

Después de la derrota de Hitler y Mussolini, así como del fascismo húngaro de Ferenc Szálasi, que también usaba flechas en su logotipo, y de otros varios partidos fascistas europeos, la Falange resultaba completamente impresentable en las dos acepciones que incluye la RAE en su diccionario –”Que no se puede presentar en público por su aspecto” y “De escasa calidad moral o intelectual”, con su yugo y flechas, camisas azul mahón, gritos de rigor, saludos, correajes, etc. De manera que el partido Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalistas sufrió una mutación y se convirtió en una extraña institución: el Movimiento, sin más.

Pocas organizaciones políticas ha habido en el mundo tan peculiares como el Movimiento Nacional, pseudopartido único en España desde 1939 a 1977. Por ejemplo, ¿a qué se dedicaba la Jefatura Provincial del Movimiento en Guipúzcoa, hacia 1964? Pues, según el libro dedicado a esta provincia vascongada en la serie España en paz, nada menos que a “servir de vehículo a las aspiraciones provinciales de carácter político”. Sigue una descripción más detallada de sus funciones y actuaciones que nos da la clave: el Movimiento era la RSC (Responsabilidad Social Corporativa) del franquismo y tenía en él más o menos la misma importancia que tiene hoy en las grandes empresas, es decir poca aparte de hacer de fachada decorativa.

Eso no quiere decir que el Movimiento no fuera una compleja organización, con mucha gente trabajando bajo su manto a tiempo completo. El libro sobre Badajoz de la misma serie España en Paz se limita a enumerar esa prolija estructura: La Jefatura Provincial del Movimiento (el jefe era el gobernador civil), las delegaciones provinciales de Auxilio Social, Educación Nacional, Frente de Juventudes, Sección Femenina, Sindicatos, Información, Prensa, Propaganda y Radio, Asociaciones, etc. RSC en estado puro. Algunas dependencias del movimiento procedían de la guerra o eran restos del antiguo matonismo falangista ( Ex Cautivos, Ex Combatientes, Vieja Guardia, Guardia de Franco). Otras eran de organización interna, pues el Movimiento no dejaba de ser un estado dentro del estado: Secretaría Local, Inspección, Sanidad, Tesorería, etc.).

Siguiendo la estructura fractal tan característica del franquismo, la Jefatura Provincial de Badajoz (a su vez reflejo de la Jefatura Nacional) se replicaba en 162 (ciento sesenta y dos) Jefaturas Locales, cada una con su correspondiente mini-estructura de delegaciones. El libro dedicado a Jaén da otra visión del asunto del Movimiento: los patronatos para mejora y construcción de viviendas y la Delegación Provincial de Sindicatos, que en Jaén parecía de importancia. La DPS (esa sigla no se usaba, en general el franquismo seguía la norma NUA –no use abreviaturas–) controlaba una vasta organización asistencial: la Obra Sindical del Hogar y de la Arquitectura para construcción de viviendas, La OS “18 de Julio” para asistencia sanitaria, la OS de Artesanía, la de Formación Profesional, etc. La OS Educación y Descanso era muy importante y la que mejor resumía el espíritu RSC del Movimiento Nacional. Organizaba en Jaén, según el libro conmemorativo, el “recreo y elevación cultural del trabajador jiennense, valiéndose de excursiones, exposiciones de arte, veladas teatrales, sesiones cinematográficas y conferencias”. En tono más serio, la OS de Cooperación apadrinaba infinidad de cooperativas dedicadas a almacenar aceituna y a producir aceite.

Las funciones políticas del Movimiento Nacional era difíciles de entender, y se fueron embarullando cada vez más a medida que el Régimen se encaminaba a su final. Las funciones de educación y propaganda eran mucho más importantes, pero la creación del Ministerio de Información y Turismo en 1951 le quitó mucho terreno en esta última función (2), aunque siguió conservando cierta presencia en la radio y la prensa. La función educativa se centró en dos principales públicos objetivo, la juventud y las mujeres.

La Sección Femenina iba a su aire, dedicada a la tarea de civilizar a la nación, pues, en palabras de su Delegada Nacional, “Hay miles y miles de seres que desenvuelven su vida en una espontaneidad salvaje, aminorada en algunos casos por la inteligencia natural, pero que hacen, en general, de España un país en algunos aspectos poco presentable» (3). Un objetivo principal de la SF eran las aldeas y pueblos pequeños dejados de la mano de Dios. La SF caía sobre los pueblos con Cátedras Ambulantes de higiene y salud comunitaria, Escuelas de formación, divulgadoras de asistencia sanitario-social, Escuelas Hogar, cursos para el servicio social, y grupos de Coros y Danzas.

En mayo de 1957, una Cátedra Ambulante llegó a Escopete, un pueblo de 350 habitantes de la comarca de La Alcarria, en Guadalajara. La crónica de Jesús García Perdices (4) da algunas pistas sobre la misión allí de la SF: crear y re-crear una arcadia rural que no había existido nunca, desde sus bailes típicos auténticos a la correcta manera de cuidar una colmena –la miel era un recurso importante en esa zona. Las misioneras, a las que se compara con una comunidad religiosa de las que fundaba Santa Teresa de Jesús, enseñan a leer a los analfabetos, a las madres el cuidado correcto de los niños pequeños, a coser, a bordar, a curtir pìeles y elaborar artesanías, a obtener más producción de miel y de huevos de colmenas y gallineros. Y también a recuperar su cultura perdida o apunto de perderse: «hay clases especiales de canto y baile en las cuales el organillo ramplón y barriobajero que preside los salones pueblerinos, ha callado avergonzado ante las notas viriles de una jota o la gracia melodiosa de unas seguidillas, con las que unas muchachas de ciudad han enseñado a bailar a las mozas de los pueblos sus bailes, los tradicionales, los que bailaban su madres y abuelas y que llevaban camino de perderse en el olvido». Había algo que ni la más esforzada actuación misionera podía detener: el pueblo empezaba a vaciarse, desde su máximo de casi 400 habitantes alcanzado en 1950. En los veinte años siguientes perdió el 80% de su población. En 1977, cuando desapareció la Sección Femenina, contaba con apenas 80 habitantes.

La SF era parte del antiguo concepto falangista de la devolución de la deuda de la ciudad al campo y consideraba a los habitantes rurales como indígenas por civilizar, aunque poseedores de un folklore antiguo que, convenientemente pulido, podía resultar de interés.

La SF también actuaba en la ciudad, en actividades útiles para la sanidad pública como la difusión de prácticas de puericultura higiénica y la colaboración en campañas de vacunación, como la importante que dio contra la difteria. Los equipos de enfermeras sociales de la SF repartían folletos, entraban en las casas, organizaban centros de vacunación, repartían desinfectantes –cal, zotal o petróleo–, y alimentos infantiles –leche en polvo y harinas irradiadas.

De esta manera, la SF pudo contribuir a la disminución de la mortalidad infantil, durante la dura década de 1940. En la ciudad continuaba el modelo colonial: se hacía llover la moderna ciencia sanitaria sobre indígenas completamente ignorantes, madres sin conocimientos sobre cómo criar a su hijos. A partir de 1944, cuando se publican leyes de vacunación obligatoria, el modelo colonial pasa a modelo industrial, la responsabilidad deja de ser de las misioneras y pasa a las Jefaturas de Sanidad (5).

Hay que decir que la Sección Femenina produjo la única aportación valiosa del Movimiento Nacional a la cultura del país, el Manual de Cocina (Recetario) publicado por primera vez en 1950, que vendió muchos miles de ejemplares. A partir de 1995 se reeditó con el nombre de su autora, Ana María Herrera.

La otra rama importante del Movimiento era la dedicada al moldeo de las mentes juveniles, clásica e imposible aspiración de todos los regímenes políticos autoritarios. En 1940 se creó la Delegación Nacional del Frente de Juventudes y su rama operativa, las Falanges Juveniles de Franco. En 1960, se desfascistizó y diluyó la rama juvenil del Movimiento en la Organización Juvenil Española (OJE), que se hizo privada en 1977 y todavía existe. El objetivo era colocar una boina y un uniforme a todos y cada uno de los españoles y españolas situados en la franja de edad entre los 7 (la edad de la razón, en la que se hacía tradicionalmente la primera comunión) y los 21 años (la mayoría de edad legal). No se consiguió copar el 100% de esta importante franja de edad, probablemente ni siquiera el 25%, pero su impacto fue importante entre la clase media y en provincias.

El objetivo final de las Falanges Juveniles de Franco era un disparate clásico fascista, a elegir entre un elenco de frases. Por ejemplo “entregar a la Falange una juventud fornida y de su estilo, dispuesta a seguir al Caudillo a vida o muerte” (6). Más modestamente, las FJF tenían objetivos operativos, pues se supone que su principal actividad consistía en sacar a los chavales de la atmósfera malsana de la ciudad y endurecerlos a base de marchas por la no-ciudad, siguiendo la práctica habitual del escultismo. En los primeros tiempos se trataba por ejemplo de conocer y apreciar el campo y la vida de los labradores, “Dirigir el cariño de los jóvenes hacia la tierra”, así como “Dar a conocer el valor de los elementos naturales, [aprendiendo] a luchar contra ellos”. Un tema central del Régimen del Movimiento era dominar y transformar la naturaleza.

En 1976, su último año como organización oficial de la OJE, ya se incluía como objetivo el más blandengue de «Amar y respetar la naturaleza.» (7), ya en plena avalancha de ambientalismo. El impacto sobre el paisaje de estas actividades era notable, cuando se juntaban cientos o miles de adolescentes en grandes campamentos veraniegos situados en claros del bosque, como el extenso Campamento Nacional Francisco Franco, en Covaleda, Soria, todo lleno de caminitos trazados con piedras pintadas de blanco, una pequeña ciudad creada precisamente para huir de la ciudad.

El papel político del Movimiento Nacional era ininteligible, pero su retórica era el lenguaje oficial del Régimen. Los Principios del Movimiento Nacional procedían de antiguos textos falangistas y fueron tamizados y limados hasta que quedaron en su forma definitiva (y oficial y literalmente inmutable) en mayo de 1958. Junto con aspectos bastante corrientes en declaraciones nacionales de este tipo (como algunas Constituciones), contenían algunas perlas cultivadas de la logorrea falangista, indescifrables pero que se hicieron muy famosas, por ejemplo «España es una unidad de destino en lo universal», «La unidad entre los hombres y las tierras de España es intangible [que no debe o no puede tocarse, según el Diccionario de la Real Academia]» o «La comunidad nacional se funda en el hombre como portador de valores eternos.» La parte mollar de los Principios establecía algunos sólidos diques políticos, por ejemplo «la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana [es la] única verdadera» y otro estableciendo el papel fundamental del Ejército. Otro prohibía los partidos políticos.

El último Principio, que evidentemente iba de relleno, es de los más largos, e incluye una versión falango-franquista de la Gran Intensificación: “El Estado procurará por todos los medios a su alcance…impulsar el progreso económico de la nación con la mejora de la agricultura, la multiplicación de las obras de regadío… salvaguardar y fomentar la prospección y explotación de las riquezas minerales… intensificar el proceso de industrialización”. La creciente petrolización, ya visible en 1958, permitió que este fuera el único Principio que se tradujo a la vida real, en términos de megatoneladas de cemento y hectómetros cúbicos de agua. (8).

Lo cual nos lleva a la cuestión de si el Movimiento Nacional tenía alguna idea sobre el rumbo que debía tomar la ecología de la nación. La tenía. La idea básica la había expresado José Antonio Primo de Rivera en 1934: “[Una] verdadera vuelta a la Naturaleza, no en el sentido de la égloga que es el de Rousseau, sino en el de la geórgica, que es la manera profunda, severa y ritual de entender la tierra” (9). Es decir, nada de pastorcillos diciendo sandeces en florestas nemorosas, sino campos virgilianos bien labrados y regados, recorridos por maquinaria agrícola avanzada. Dicho de otra manera, “Cada pulgada de terreno, cada gramo de recurso, debía ser puesta a trabajar para conseguir el gran objetivo fascista de la autosuficiencia” (10) Esta idea general se intentó poner en práctica hasta 1959 aproximadamente.

Desprovisto de casi toda señal exterior de que era una organización fascista, el Movimiento se trasladó a la calle de Alcalá, nº 44, Madrid, donde vegetó durante 30 años hasta que, la noche del 7 de abril de 1977, los operarios desmontaron el yugo y las flechas de madera pintada de rojo, de diez metros de altura, que estaba incrustado en la fachada del edificio y todo terminó.
El final del Movimiento Nacional se puede definir echando mano de dos conceptos físicos: la sublimación (Pasar directamente del estado líquido al gaseoso) y la dilución (Hacer que algo pierda importancia o intensidad hasta no poderse percibir). El partido único fue vertido en el gran barril de la Administración española y mezclado con ella hasta que desapareció del todo. Fue todo lo contrario de un proceso traumático, y bastó para determinarlo un texto de folio y medio de extensión publicado en el Boletín Oficial del Estado.

La sustancia del Decreto de Transmutación del Movimiento Nacional –el título real es bastante más largo (11)– es bastante sencillo. Las funciones políticas del MN quedaban eliminadas, y las otras integradas en los órganos ya existentes o por crear de la Administración general dedicados a «funciones sociales, generalmente desarrolladas por la Administración pública en los países de nuestro entorno geográfico y cultural, tales como la acción social, la promoción del deporte y de la cultura, la juventud, la condición femenina, la familia, etcétera.» Todos y cada uno de los funcionarios del Movimiento pasaban a ser funcionarios del estado sin más. Incluso los cargos más descaradamente políticos tenían una salida airosa en el funcionariado o mediante una generosa indemnización. Así desapareció el Movimiento Nacional, como si nunca hubiera existido.
El MN desapareció de las mentes y de las instituciones, pero poco a poco sus vestigios materiales salieron a la superficie. Una investigación identificó en 2022 nada menos que 4.208 ejemplares de su vestigio más característico, la placa colocada en el portal de los edificios con el símbolo falangista del yugo y las flechas incrustado en el logo del INV (Instituto Nacional de la Vivienda) y la leyenda “Esta casa está acogida a los beneficios de la ley de 15 de julio de 1954”. Las placas llevaban pegadas en los portales más de medio siglo sin que nadie hubiera reparado en ellas. El yugo y las flechas es el fósil marcador del franquismo, como el trilobites lo fue del Paleozoico. Se los puede encontrar labrados en piedra, en escudos o fuentes públicas, o fundidos en diversos materiales metálicos.

1- Y, Revista para la mujer, julio de 1945. Biblioteca Nacional de España.

2- José Zafra Valverde: Régimen politico de España. Ediciones Universidad de Navarra, 1973.

3- Pilar Primo de Rivera. Discurso de apertura del Consejo de la Sección Femenina (c. 1960). En Sección Femenina de F.E.T. y de las J.O.N.S.:Economía Doméstica. (1963).

4- Jesús García Perdices: Cátedras Ambulantes. Nueva Alcarria, 4 de mayo de 1957.

5- Monserrat Cordovilla Pinto: Las campañas sanitarias de la Sección Femenina y su contribución a la reducción de la mortalidad infantil en la posguerra (1940-1950). En «Las mujeres en la dictadura: fascismo, catolicismo y resistencia». Biblioteca de CCOO de Castilla y León, Fundación Jesús Pereda.

6- F.E.T. y de las J.O.N.S. – Delegación Nacional del Frente de Juventudes. Marchas y montañismo (1943)

7- César Fdez-Quevedo Rubio: Las actividades de “Aire Libre” en la Organización Juvenil y el Frente de Juventudes: Memoria para optar al grado de doctor. Universidad Complutense de Madrid, Facultad de Educación, Centro de Formación del Pofesorado, Departamento de expresión Musical y Corporal. 2017. Las citas de los objetivos primeros proceden de Dávila, S. (1941). De la O.J. al Frente de Juventudes. Madrid: Editoral Nacional.

8- Los Principios del Movimiento Nacional (Estudios sobre la Ley Fundamental de 17 de mayo de 1958). Revista de Estudios Políticos, 1958.

9- Manuel Fuentes Irurózqui: El pensamiento económico de José Antonio Primo de Rivera. Madrid, 1967.

10- Environmental Histories of Mediterranean Fascisms
Guest Editors: Marco Armiero, Roberta Biasillo, Paulo Guimarães (Editorial). Perspectivas, Journal of Political Science, Special issue. 2021.

11- Real Decreto-Ley 23/1977, de 1 de abril, sobre reestructuración de los Órganos dependientes del Consejo Nacional y nuevo régimen jurídico de las Asociaciones, Funcionarios y Patrimonio del Movimiento.

Asuntos: ,

Tochos:

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies