La guerra sicalíptica

La primera víctima de la guerra es la verdad, y la segunda la sicalíptica. Procedente del argot teatral o tal vez fruto de una casualidad, pero con sólida etimología griega, la sicalipsis se puede ver como una explotación más del cuerpo de las mujeres o como una saludable transgresión de la moral pequeño-burguesa. El caso es que la República en paz (1931-1936) fue una buena época de la sicalipsis, con imágenes más o menos artísticas de pin-ups reproducidas en las principales revistas y una atmósfera general que aspiraba al libertinaje. Todo esto fuer barrido por la guerra, tanto en el estado nacional como (algo más tarde) en el republicano.

El 19 de julio de 1936 el correo seguramente no estaba para enviar libros sicalípticos, pero este anuncio muestra que antes de la guerra había negocio en el trasiego de imágenes “sugestivas verdad”.

Crónica, 19 de julio de 1936

 

El Estudio Manassé, fundado en Viena en 1922 por la húngara Olga Solarics y su marido, revolucionó el mundo de las pin-ups de la época. Sus fotos fueron publicadas con frecuencia en las revistas españolas de la era republicana.

Crónica, 30 de agosto de 1936

 

Mi Revista, revista barcelonesa de inspiración anarquista, mantiene algo vacilante la llama de erotismo gráfico el primer día del terrible año de 1937. En este caso se trata de una pin-up estándar norteamericana.

Mi Revista, 1 de enero de 1937

 

A pesar de tratarse de una empresa colectivizada –como lo fueron muchas en Barcelona en aquella época– y al incongruente símbolo comunista que luce en el ángulo superior izquierdo, la casa Vilardell no renuncia a la tradición del erotismo publicitario con esta estupenda ilustración de Víctor Aguado (1898-1960). Compárese con otro anuncio del mismo producto, en este caso publicado en La Coruña más o menos en la misma fecha.

 

Mi Revista, 15 de abril de 1937

 

Al empezar el año 1938, que la República encaró con pocas esperanzas, Mi Revista abandona el estilo pin-up internacional y publica la foto de una supervedette española vestida de uniforme folclórico, pintada como una puerta y del género que se puede llamar sicalíptico-cañí. Este tipo de imágenes dominaron la producción gráfica española simil-erótica legal durante los 30 años siguientes, hasta la eclosión del destape a finales de la década de 1960.

Mi Revista, 1 de enero de 1938

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