La gran frontera de Despeñaperros

La rueda en la península Ibérica (Papeletas para su estudio desde la época prehistórica hasta los tiempos de Augusto), por Juan Cabré Aguiló. Actas y memorias  de la Sociedad Española de Antropología, Etnografía y Prehistoria: Año 3, Tomo 3, 1924 – Copia digital. Biblioteca Virtual de Prensa Histórica 

6. Andalucía y Castilla-La Mancha

“Aquella noche llegaron a la mitad de las entrañas de Sierra Morena […] y así hicieron noche entre dos peñas y entre muchos alcornoques”. Así se describe en Don Quijote la frontera vacía entre Castilla-La Mancha y Andalucía, una tierra de nadie muy extensa, Sierra Morena. La novela contiene insuperables descripciones de sus peñas, quebradas y soledades.

En el centro de Sierra Morena, que es una cordillera vista desde el Guadalquivir y un ligero reborde vista desde La Mancha, en la raya entre Jaén y Ciudad Real, está el meollo de todo el asunto: Despeñaperros. Durante millones de años, el río ha ido labrando en las durísimas cuarcitas su paso desde la Meseta al valle del Gran Río. El río guió y determinó los senderos prehistóricos por donde se iba a santuarios con misteriosas pinturas, algunos de los cuales se pueden ver todavía, y después a carreteras polvorientas, por las que se arrastraban carretas y diligencias, y después el ferrocarril, y luego la Autovía de Andalucía. Despeñaperros conecta Valdepeñas con Jaén. El AVE (que ya casi nadie se acuerda de que significa Alta Velocidad Española) no circula por Despeñaperros, sino que cruza Sierra Morena algunos kilómetros hacia el Oeste, entre Puertollano y Córdoba.

El antiguo ferrocarril pasaba grandes apuros para subir el puerto y llegaba a Madrid descangayado. Una famosa anécdota capta bien el asunto: “Venía a Madrid Manuel Ortega –Caracol el del Bulto, padre de Manolo Caracol y mozo de estoques de Joselito– y, al apearse del tren en Atocha, a donde con tantos trabajos habían llegado, la locomotora le soltó un rebufo de vapor en el andén. –¿Ahora me vas a ronear de vapor? –protestó el del Bulto–. ¡Esos cojones… en Despeñaperros!” Hay muchas versiones de esta anécdota, la recogida aquí fue publicada en el blog Salmonetes ya no nos quedan (salmonetesyanonosquedan.blogspot.com).

La naturaleza fue vencida al fin a base de fuerza bruta, explosivos y retroexcavadoras del tamaño de catedrales. Felipe González inauguró en 1984 “la solución definitiva de la carretera de Despeñaperros”, a base de 200.000 metros cúbicos de voladuras, rocas de 35 metros sobre la carretera, etc.

Despeñaperros, además de ser la pesadilla del MOPU, es una verdadera verruga del espaciotiempo, un lugar reducido donde han ocurrido muchas cosas sin ser una ciudad. Contiene en unas pocas miles de hectáreas docenas de esculturas monumentales naturales, el denso manojo de vías de comunicación que decíamos, restos arqueológicos por doquier, un espeluznante bar franquista (casapepeespana.com), huellas de batallas, y sobre todo simboliza y da nombre a una de las líneas divisorias más nítidas de España y puede que del mundo: el proverbial: “de Despeñaperros para abajo” y “de Despeñaperros para arriba”. Un ejemplo entre millones, atribuido al torero Joaquín Rodríguez Ortega, “Cagancho”: “De Despeñaperros para abajo se torea; de Despeñaperros para arriba se trabaja”. Antes de que metan la pata y se pongan a hablar del ritmo del sur y la desidia andaluza, aquí está la explicación de la frase, extraída del Practice Book Aspectos del mundo hispano (Cambridge University Press). “Los toreros del sur de España torean muy bien, mientras que los del norte no lo hacen bien a pesar de que se esfuerzan”. (From Despeñaperros southwards bullfighting is an art, but north of Despeñaperros it is simply hard labour). Ahí queda eso.

Es verdad que muchos piensan que la verdadera divisoria está en los Pirineos, o en la raya del Ebro, o en la sierra de Guadarrama y Gredos. Hay bastantes libros sobre caminos y vías de comunicación en España, pero falta uno sobre sus principales fronteras y rayas de separación.

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