“Los Hotentotes traban conocimiento con los Aviones”

DH9swa1922

de Havilland DH.9 de la aviación sudafricana a comienzos de la década de 1920, todavía con las insignias británicas.

 

Un impuesto sobre los perros decretado por la administración sudafricana fue la gota que colmó la paciencia de la comunidad nama Bondelswarts, parte de la llamada trad¡cionalmente en Europa raza hotentote. Los perros eran imprescindibles para el pastoreo y la caza, sus dos principales actividades. El impuesto era una vuelta de tuerca más de la politica de explotación impuesta por el gobierno sudafricano al (en teoría) Mandato de la Sociedad de Naciones de África del Sudoeste, antigua África Oriental Alemana. Los hereros y otras comunidades del país habían sostenido amargas luchas contra los tropas coloniales alemanas, que compitieron con las belgas del Congo del rey Leopoldo en salvajismo. Más tarde ayudaron a los sudafricanos a derrotar a los alemanes en la primera guerra mundial, solo para comprender poco después que habían caído en manos de otra tiranía igual de dura.

A diferencia de los alemanes, los sudafricanos poseían aeroplanos, procedentes de un “”Regalo Imperial” de excedentes de aviones de la Gran Guerra que Gran Bretaña envió a sus antiguas colonias en 1920. La mayoría eran entrenadores Avro 504 y bombarderos de Havilland DH.9. Los DH.9 fueron utilizados en marzo de 1922 para aplastar la rebelión de los mineros del Rand. Los mineros eran de impecable raza blanca, pero podían ser bombardeados porque la revuelta se consideró bolchevique (Red Bolshie en la prensa británica de la época). Los mineros querían impedir el acceso de los sudafricanos de raza oscura a sus puestos de trabajo a cambio de sueldos de miseria.

Dos meses después, la autoridad local en el Sur de la actual Namibia reunió 400 hombres, varias ametralladoras y dos aeroplanos DH.9, y se dispuso a dar un escarmiento a los Bondelswarts. Los rebeldes serían un millar, y muy pocos de ellos tenían armas de fuego. Los aviones se revelaron muy útiles en misiones de reconocimiento y de abastecimiento de sus fuerzas en un territorio tan vasto y árido.

Un día los insurrectos fueron cogidos por sorpresa en los riscos de Hankiesdoorns. Allí estaban a primera hora de la mañana, intentando entrar en calor junto a las hogueras que habían encendido al amanecer, cuando el primer avión emergió bruscamente sobre la meseta, que estaba rodeada de un círculo de peñascos. Era un de havilland DH.9 cargado con 200 kilos de bombas y varios millares de cartuchos de ametralladora, y les había pillado sin ningún tiempo para reaccionar. El DH.9 podía llevar dos bombas de 100 kilos, pero lo más corriente era que cargase con una mayor cantidad de bombas más pequeñas. La técnica de bombardeo colonial consistía en sobrevolar el círculos la posición a castigar, lanzando las bombas a intervalos desde poca altura y descendiendo todavía más a continuación para ametrallar a los fugitivos.

Atrapados en estrechas gargantas de paredes casi verticales, los Bondelswarts no tenían escapatoria, y el ataque se convirtió en una carnicería. Fueron muertos “a veintenas” dice la crónica del ataque, que fue incluida en una crónica titulada brutalmente “Los Hotentotes traban conocimiento con los Aviones” que publicó Flight pocas semanas después. El artículo termina diciendo “Los hotentotes han apodado a los aviones “pájaros de fuego” y los miran con supersticioso terror. Un aviador ha declarado que, volando a una altura entre 50 y 100 pies, y causando gran número de bajas, sólo le dispararon una vez [1].” Los Bondelswarts fueron elegidos para hacer un escarmiento: fueron expeditivamente aleccionados, y con ellos todos la gente de piel oscura del territorio, sobre el poder implacable del colonizador y su nuevo instrumento de terror, el aeroplano.

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[1] Flight, 15 de junio de 1922

 

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