La nave de las vacas

Mercado Nacional de Ganados Jesús Collado Soto (La Cuadrona). Un ejemplo de la grisácea arquitectura del franquismo superior, actualmente adornado con grafitis de colores. Google Street View.

Hay un enorme edificio en Torrelavega donde se decide el destino de las terneras de toda Europa. Es La Cuadrona, una nave de hormigón y cristal con capacidad para más de 7.000 animales inaugurado en 1973. Además de las terneras, su especialidad son las vacas lecheras, y de él sale una especie de tauroducto que lleva vacas a Galicia, la mitad de las frisonas de leche que llegan a Torrelavega (la capital del Besaya) terminan en Galicia.

Las frisonas son las vacas rectangulares y blanquinegras que salen en los anuncios de leche desnatada, y proceden de una provincia holandesa del norte del país, Frisia, lindante con el mar del Norte y llana como la palma de la mano. Las melancólicas vacas frisonas invadieron España como respuesta a la invasión imperial de Holanda, que fue contenida en las afueras de Groninga por caballos de frisia, trípodes de madera que impidieron el paso de la caballería.

Las vacas frisonas se adaptaron tan bien a la península Ibérica que ahora mismo son algo así como cuatro de cada diez vacas, y mayor proporción en la región cantábrica. Han arrinconado a las vacas del país (tudanca y rubia gallega), incapaces de hazañas como la de Kaliña, una frisona gallega que produjo más de veinte toneladas de leche en poco más de 300 días en 2013. Eso son más de 70 litros de leche diarios. En la fotos que se pueden ver de este prodigioso animal la vaca parece sana y vivaz, con unas ubres del tamaño de un balón de playa grande.

Según La Voz de Galicia lo normal hace unos años era que unas 200 reses viajaran de Cantabria a Galicia cada semana (el mercado se celebra los miércoles, y los martes por la tarde el de terneras), pero el movimiento ha bajado mucho desde entonces. Eso quiere decir un movimiento anual de unas 10.000 vacas hacia el oeste, que no es poco, casi todas en camión. Todo este éxodo bovino está cuidadosamente reglamentado en folletos y guías de buenas prácticas salidas de los oscuros despachos de los burócratas de Bruselas. La verdad es que un viaje por carretera de varios cientos de kilómetros puede ser llevadero o proporcionar un sufrimiento indecible al animal, especialmente si está herido o enfermo.

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