La ensaimada y el low cost

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55. Baleares y Madrid

 

Las parejas de novios de la capital fueron de las primeras de España que hicieron su viaje de luna de miel a Palma de Mallorca. Esa costumbre duró dos o tres décadas, hasta 1980 aproximadamente. Otro nexo muy fuerte son las ensaimadas frescas que traían los comandantes de los aviones de Iberia personalmente en sus cabinas. Durante años, hubo un negocio de ensaimadas mallorquinas traídas en el primer avión de la mañana que se vendía, todavía calientes, en el aeropuerto de Barajas, en la actual terminal T-1-2-3.
Fue en agosto de 1935 cuando LAPE (Líneas Aéreas Postales Españolas) puso en servicio la ruta aérea Madrid – Palma de Mallorca, con escala en Valencia. Son Sant Joan y Barajas quedaron así unidos para siempre, una ruta frecuentadísima que recorren a la vez pasajeros humanos y ensaimadas. Según Aena, la ruta se reanudó en 1939 por Iberia/Lufthansa, a San Bonet, no a Sant Joan, que era base aérea militar y en 1954 asfaltó y amplio su pista para recibir a los Sabres norteamericanos. El Plan de Aeropuertos de 1958 puso las cosas en su sitio y devolvió a Son Sant Joan su categoría civil justo a tiempo: los aviones empezaron a llegar en cantidades prodigiosas de toda Europa. Actualmente hay docenas de vuelos diarios Madrid – Palma, servidos por Iberia Express, Air Europa y la omnipresente Ryanair. Esta última aerolínea debía chocar con las ensaimadas, y chocó.
Las ensaimadas de Mallorca no llevan mantequilla, sino manteca de cerdo, saín, como debe ser. El otro ingrediente fundamental es la harina de fuerza, definida así en el pliego de condiciones de la IGP (Indicación Geográfica Protegida) Ensaimada de Mallorca: “La harina de fuerza es la obtenida a partir de Triticum aestivum y los valores de sus características alveográficas, determinadas con el alveógrafo de Chopin, son: extensibilidad (L): mínimo 90 mm; fuerza (W): mínimo 300 ergios; tenacidad (P): mínimo 75 mm”, maravillosa muestra de prosa burocratoprofesional que nos descubre a qué se dedicaba Federico Chopin durante su estancia en Mallorca, cuando no pegaba la hebra con George Sand: a inventar el alveógrafo.
La ensaimada es un dulce fractal, es decir que conservando la misma forma en espiral puede tener cualquier tamaño, desde la palma de la mano al de una rueda de carro (legalmente, una ensaimada IGP puede pesar desde 60 gramos a tres kilos). Las ensaimadas, además, se envasan y expenden al mundo entero metidas en una caja de cartón octogonal. Esta formidable combinación de contenido, peso, forma y tamaño hizo sonar todas las alarmas en el misterioso lugar de Irlanda donde estén las oficinas centrales de Ryanair. Esta aerolínea es famosa por cobrar a sus pasajeros extras por toda clase de cuestiones absurdas, por ejemplo no llevar impresa en su propia impresora la tarjeta de embarque. Lo del equipaje es una especialidad: el desdichado pasajero que no lleve un único bulto de dimensiones canónicas será obligado a pagar a peso de oro lo demás. Corrió el rumor de que Ryanair cobraba 8 (ocho) euros por cada caja de ensaimada transportada en sus aviones desde Mallorca. El asunto llegó a la prensa y causó bastante irrisión. La compañía desmintió el bulo, pero creando más confusión, al asegurar que tampoco cobraban un extra por el transporte de tartas de Santiago desde Galicia, y al reiterar que las dimensiones del ÚNICO bulto permitido son 55x40x20 centímetros, y ya me dirán como cabe ahí dentro una ensaimada como Dios y la IGP mandan.

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