Hasta la cuarta generación: la destrucción de la civilización republicana

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¡Mucha sangre, ruinas, miles de millones y raudales de lágrimas está costando a España la infame “experiencia” a que ha sometido a la nación el trágico Frente Popular! Pero nuestros descendientes aprovecharán la cruenta y elocuentísima lección. El orden público va a quedar asegurado por muchos años. La masonería, las organizaciones obreras revolucionarias, los partidos políticos anarquizantes van a ser barridos para siempre. La profilaxis social inmunizará contra el morbo disolvente hasta la cuarta generación.

J. Sánchez-Rivera: La gran lección. ABC de Sevilla, 24 de diciembre de 1936

 

entregabanderahellinUna muchacha hellinera representa la alegoría de la República española en esta fotografía publicada por Mundo Gráfico el 19 de mayo de 1937. El pie de foto decía: “Hellín ofrece una bandera a una brigada del Ejército Popular – El pueblo de Hellín ha ofrecido una bandera a las fuerzas de la Brigada Mixta. He aquí al comandante Santiago del Cerro, jefe de la brigada (x), con la madrina de la bandera, camarada Esperanza R. Merino, y las autoridades civiles y militares, después del acto de entrega de la nueva enseña. (Fots. Escobar).”

 

Deshacer las consecuencias de la Ley de Divorcio de 1932, que lo permitía por mutuo acuerdo, llevó tiempo y necesitó llenar muchas páginas del Boletín Oficial. Hasta marzo de 1938 los facciosos no hicieron nada, a diferencia de la coeducación, que quedó abolida el mismo septiembre de 1936 o el Tribunal del Jurado que fue suspendido ese mismo mes, por los evidentes “defectos inherentes” de la institución[204]. Sin duda era una cuestión más complicada, y hubo que esperar hasta cierta consolidación de la influencia clerical en el estado nacionalista. La ofensiva empezó con la paralización de todos los procesos de divorcio, estuvieran como estuvieran, excepto de aquellos en que se denegara la ruptura matrimonial. Siguieron variadas disposiciones a modo de remiendos, pues la materia era delicada de verdad, como no tardó en averiguar el legislador. Por fin se derogó oficialmente la nefanda Ley de divorcio de la República, y se dejó que las parejas mal avenidas pilladas entre la ley republicana y la franquista se apañaran lo mejor que pudieran.

Siendo importante poner fin a determinadas prácticas sociales, la tarea principal de limpieza y erradicación concernía a las ideas, o a los flujos de memes[205] que la República había dejado en libertad y potenciado. Se trataba de impedir la propagación de ideas disolventes, conceptos inmorales, propaganda de doctrinas marxistas, cualquier crítica al Ejército, atentado a la unidad de la Patria, menosprecio de la Religión Católica y en general cualquier cosa opuesta “al significado y fines de nuestra gran Cruzada Nacional[206]”. Mejor comunicador, Queipo de Llano había definido así al enemigo mucho antes: “la literatura pornográfica y disolvente[207]”. Trazadas así las líneas rojas, se trataba de cegar una corriente cultural y de comunicación completa, una tarea gigantesca. Se trabajó en varias direcciones a la vez, que iban desde expurgar bibliotecas a fusilar maestros. Se identificaron instituciones especializadas en la difusión de ideas que había que erradicar o vigilar, como la Institución Libre de Enseñanza, la Junta de Ampliación de Estudios, los clubes Rotarios, la industria del cine y editorial en general, la de la moda, etc[208].

Se revisaron todas las librerías y kioskos en busca de material prohibido, y los Gobernadores provinciales dieron prolijas instrucciones para la erradicación de esos materiales de bibliotecas públicas o privadas, previa la elaboración de listas completas de su contenido. Se dictaron normas detalladas para la clasificación de los libros y otros impresos de tipo peligroso: “1ª Obras pornográficas de carácter vulgar sin ningún mérito literario. 2ª Publicaciones destinadas a propaganda revolucionaria o a la difusión de ideas subversivas sin contenido ideológico de valor esencial. 3ª Libros y folletos con mérito literario o científico que por su contenido ideológico puedan resultar nocivos para lectores ingenuos o no suficientemente preparados”.

La tarea era difícil de verdad: ¿Deberían incluirse en las categorías 1,2 y 3, respectivamente, las obras del marqués de Sade, El Capital o El origen de las especies? La clave de toda esta gran operación de expurgo estaba en la protección de las mentes débiles. El material potencialmente nocivo se retiraba de las estanterías igual que se retiran frascos con veneno de los anaqueles de una despensa a la que tienen acceso los niños. La idea de que el pueblo español era bueno e infantil, y de que dormía hasta que fue despertado y aguijoneado por las ideas subversivas era la clave de todo. “¡Canallas! ¡Farsantes! ¡Criminales! ¿Por qué despertaron los instintos perversos del niño bueno, el pueblo? ¿Por qué no respetaron la fe y la esperanza de sus sueño dulce?” dice acusadoramente de los rojos J. Mayoral Fernández, en un artículo de fondo publicado en ABC la nochebuena de 1936. Mucho más brutalmente, José María Pemán –Presidente de la Comisión de Cultura y Enseñanza por entonces– dice algo parecido en una Circular dirigida a las Comisiones de Depuración en diciembre de 1936: Pemán exige el mayor rigor contra “los envenenadores del alma popular”, hijos espirituales de entidades como la Institución Libre de Enseñanza: los maestros republicanos[209].

Los maestros que se quedaron en la zona gubernamental también fueron depurados, y varios miles de ellos apartados de su cargo al parecer[210]. La desconfianza de los dos gobiernos en guerra hacia los maestros resulta lógica, de acuerdo con su papel de reproductores culturales y difusores oficiales de ideas entre la población. Pero en la zona nacional era una cuestión distinta: el énfasis de la República en la educación, con la apertura de muchas escuelas y la formación de muchos maestros, incluso con avanzadas ideas pedagógicas en juego, les hacía sospechosos de antemano. Ya en agosto de 1936 se solicitaron informes a los alcaldes sobre el comportamiento de los maestros de la localidad, y después el asunto generó una compleja burocracia que se aseguró de tamizar minuciosamente a todos y cada uno de los maestros del país.

Hubo muchas otras piezas en la gran máquina de aniquilamiento de la cultura republicana. Una orden perseguía a los rojos inclusos después de muertos: “Se tacharán de oficio todas las frases que aparezcan en las inscripciones de defunción o en sus márgenes… que sean tendenciosas, ensalzadoras del régimen fenecido, o escarnecedoras para el Estado Español[211] […]” Y parecidas disposiciones se adoptaron con las inscripciones de matrimonios, nacimientos, divorcios y en general cualquier acto civil realizadas en la zona roja.

En general, todo lo procedente de la República debía ser examinado, entresacado, cribado, limpiado, depurado y desinfectado. Los carnets expedidos por la FAI (Federación Aeronáutica Internacional) debían ser anulados hasta que se comprobase a sus poseedores. Las matrículas de los aviones se pusieron a cero, empezando con EC-AAA, ignorando las matriculaciones de la edad republicana (durante la guerra, los nacionales tuvieron que usar como matrícula civil la antigua M-). El ministro de Justicia, Esteban Bilbao, tuvo que trabajar como un forzado para limpiar los Códigos de toda la legislación que los habia manchado entre 1931 y 1936. Una  excepción fue la Ley de Vagos y Maleantes, claramente “prefranquista” en su concepción, aunque debida al gabinete de Azaña.

Tal vez el ataque más implacable fue contra la libertad sexual y reproductiva conseguida durante la República. La ley de prohibición del aborto, de los anticonceptivos y de la propaganda anticonceptiva, publicada el 24 de enero de 1941, pinta en su introducción el cuadro de una anti-España degenerada: “El estrago harto acusado en tiempos anteriores como consecuencia de un sentido materialista de la vida, adquirió caracteres de escándalo durante el régimen republicano, agudizándose aún más escandalosamente en aquellas zonas sometidas a la dominación del Frente Popular”.

Por fin, gracias a sucesivas iniciativas que tomó en los últimos meses de la guerra, el estado nacional dejó claro que su intención era la erradicación total de una cultura. Hubo aspectos muy notorios, como la ley de responsabilidades políticas, que bajo la tapadera de castigar la subversión roja, en realidad lo que hacía era criminalizar la política, que pasó a convertirse en una palabra peligrosa durante el franquismo. Se acababa así con una de las principales características de la civilización republicana. La ley transcribía una lista de 28 partidos y organizaciones prohibidas, desde Acción Republicana a “todas las logias masónicas”, incluyendo incluso el Socorro Rojo Internacional y el Ateneo Libertario, a modo de ejemplo. La lista de actos castigables era tan amplia (desde haber sido interventor en unas elecciones por esos partidos hasta  “haberse significado públicamente” a favor del Frente Popular) que podía incluir cómodamente a la totalidad de la población de la zona republicana, con excepción de los menores de 14 años. Se consideraba circunstancia atenuante ser menor de 18 años. La pena principal era una multa descomunal, que se podía pagar a plazos si se daban ciertas circunstancias.

 

[204] Decreto nº 102. Boletín de la Junta de Defensa Nacional de España, 12 de septiembre de 1936
[205] Concepto discutido el de memes (véase Alas, Poor Darwin: Arguments Against Evolutionary Psychology) pero muy útil.
[206] BOE, 17 de septiembre de 1937
[207] ABC de Sevilla, 8 de septiembre de 1936
[208] El Pensamiento Alavés, 1 de enero de 1938
[209] Carlos de Pablo Lobo: LA DEPURACIÓN DE LA EDUCACIÓN ESPAÑOLA DURANTE EL FRANQUISMO (1936-1975). INSTITUCIONALIZACIÓN DE UNA REPRESIÓN. Foro de Educación, nº 9 (2007)
[210] ROSALÍA CREGO NAVARRO: Depuración del personal docente
en la zona republicana durante la guerra civil. Espacio, Tiempo y Forma, T. IV (1991)
[211] Orden de 8 de marzo de 1939 sobre inscripciones de nacimiento, matrimonios civiles, defunciones y anotaciones de divorcio y adopción en la zona roja. Boletín Oficial del Estado, nº 72.

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