¿Cómo irán las cosas en 6942?

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Una de las más famosas cápsulas del tiempo, la enterrada en Nueva York en 1939 en terrenos de la Exposición Universal de ese año y diseñada por investigadores de la Westinghouse. Fue una de las primeras en que se comprimió información gráfica y literaria usando microfilm. Actualmente la cantidad de información que se podría comprimir, mediante  algún dispositivo informático, en los 360 kilos que pesa el contenido del artefacto parece casi infinita, pero los microfilmes o mejor todavía las hojas escritas tienen una ventaja: se pueden leer muy fácilmente, y cualquier archivo de datos enterrado hoy en un formato electrónico actual sería probablemente ilegible dentro de 5.000 años. Es lo que ocurre cuando encontramos una cápsula del tiempo en lo más profundo de nuestro ordenador, una carpeta con archivos que ninguna aplicación conocida es capaz de abrir.

 

Selecciones del Reader’s Digest (USA, edición en español) noviembre de 1941

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