heinkelhe1111937

 
Heinkel He-111 de la en la primavera de 1937.

 
Aunque es generalmente identificado como una de las armas prototípicas del nazismo, el He-111 fue encargado por el Ministerio de Transportes alemán como avión rápido de pasajeros (con la aprobación del Ejército, que pensaba utilizarlo como bombardero) en 1932, un año antes de la llegada de Hitler al poder.

A finales de 1936 comenzó a equipar unidades del Ejército del Aire alemán, creado un año antes. En marzo de 1937 llegaron los primeros ejemplares a España, asignados a la Legión Cóndor. En total, Alemania envió en ayuda de Franco casi un centenar de aviones de este tipo. La tercera parte se perdió en acciones enemigas o en accidentes durante la guerra, y el resto quedó en poder de la fuerza aérea nacionalista.

Tanto gustó el modelo al franquismo (después de todo, había tenido la evaluación en condiciones reales más exhaustiva de la historia, incluyendo ensayos de destrucción completa de poblaciones como el de Guernica) que se planeó su producción en gran escala para después de la guerra.

Los He-111 pintados de color “gris ratón” de la Legión Cóndor se hicieron famosos a su pesar en todo el mundo tras su participación en el bombardeo de Guernica. Hasta entonces, la única ciudad atacada duramente desde el aire en la guerra civil había sido Madrid, sin contar muchas ciudades chinas y etíopes que quedaban demasiado lejos de la Europa civilizada. Madrid era muy grande, podía encajar mucho daño y quedaba lejos, en el centro de la Meseta ibérica. Pero Guernica estaba a un tiro de piedra de la frontera francesa, y no era una ciudad cualquiera, sino el núcleo simbólico del pueblo vasco, considerado como católico y poseedor de una elevada cultura. Además, había muchos más periodistas en España que en China o Etiopía.

La destrucción de Guernica/Gernika en abril de 1937 provocó pues una gran sacudida de la opinión pública mundial. El bombardeo inició además tres cuartos de siglo de discusiones en España, y hasta comienzos del siglo XXI los historiadores siguen asestándose unos a otros cifras dispares de víctimas del bombardeo. Si alguien dice que en Guernica murieron más de 200 personas, es de izquierdas. El origen de la controversia está en que el gobierno de Burgos intentó evitar el daño a su imagen pública achacando la destrucción de la ciudad a “dinamiteros anarquistas” republicanos. Casi 20 años tras el fin de la guerra, la historia semioficial de la guerra civil en el aire escrita por José Gomá continuó culpando a los rojos, pues el franquismo en general fue incapaz a lo largo de toda su historia de asumir este acto de terrorismo aéreo.

Hasta entonces, las fotografías (como las que circularon profusamente de los bombardeos de Madrid) eran más bien primeros planos de edificios destrozados, pero Guernica pudo mostrar al mundo fotografías panorámicas con barrios enteros aniquilados, siete años antes de que llegaran las terribles fotografías aéreas de Berlin o de Tokio. La más razonable justificación del bombardeo moral le estaba reservada a un oficial nacionalista anónimo, que dijo a propósito de Guernica a una periodista británica estas inspiradas palabras: ”We bombed it and bombed it and bombed it, and bueno (en español en el original), why not?[i]”.

Según un oficial de la marina alemana de guerra, en un informe tras su visita a España en 1938, los ataques aéreos sobre “objetivos de poca importancia militar”, es decir población civil, no servían para romper la resistencia del enemigo, sino que más bien la reforzaban: “El recuerdo del ataque aéreo a Guernica por la legión Cóndor todavía hoy afecta a la población y no permite sentimientos amistosos hacia Alemania por la población vasca, la cual antaño era abiertamente amistosa hacia Alemania y de ninguna manera comunista”.

No obstante, otro sector de la fuerza aérea alemana pensaba que los pocos resultados del bombardeo “estratégico” de las ciudades españolas de la zona republicana se debía a restricciones políticas derivadas del carácter de una guerra civil (lo que prevendría su aniquilamiento con bombas incendiarias, que no obstante se usaron con abundancia en Guernica), de la existencia de zonas “internacionales” (en puertos o barrios de embajadas) y simplemente de la casi inexistencia de industria que destruir.

Estos argumentos se parecen mucho a los esgrimidos por la fuerza aérea estadounidense para explicar el fracaso de las operaciones de bombardeo en Vietnam. Los generales del aire alemanes, en consecuencia, entraron en la siguiente guerra con las ideas acerca de la eficacia moral y política del bombardeo moral tan confusas como cuando empezaron la guerra de España.

Por lo que respecta a Gran Bretaña y Estados Unidos, la evidencia revelada en la guerra de España, que los ataques aéreos a la moral del enemigo no servían más que para reforzarla, puso en algunos apuros a sus respectivos y poderosos abogados del bombardeo estratégico. Al final, la evidencia se descartó sencillamente con el argumento de que una pequeña guerra en la semibárbara España no era representativa de un conflicto de verdad entre grandes potencias.
[i] The Enterprise of War (TimeFrame) Time-Life Books

 

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