La eugenesia y la guerra

abortolegalencatalunyaUna imagen del reportaje publicado por Mundo Gráfico el 12 de mayo de 1937.

 

Chiquillos sanos, sin taras fisiológicas, sin tristes males de herencia: esto es lo que busca el aborto legal…

Mundo Gráfico, 12 de mayo de 1937

 

La primera mujer que abortó legalmente en España, en marzo o abril de 1937, tenía 25 años y era un compendio de desdichas más o menos hereditarias: su padre era luético (sifilítico) y padecía cáncer, su madre había muerto de una enfermedad cardíaca, y de sus ocho hermanos dos habían muerto de pulmonía y una era escrofulosa (una variante supurante de la tuberculosis). Ella misma había tenido dos hijos “heredosifilíticos” y “anormales” (discapacitados mentales). La mujer, embarazada de nuevo,  huyó de Madrid, donde se quedó su marido, miliciano combatiente, y llegó hasta Barcelona, donde abortó con todas las garantías legales en el hospital Cardenal. Es evidente que su caso fue filtrado a la prensa[73] con ánimo de recalcar la faceta eugénica de la nueva ley catalana de legalización del aborto. La nueva ley, única en el mundo, con precedentes únicamente en Suiza y Checoslovaquia, revelaba el poder de la cultura anarquista en el Govern catalán.

En 9 de enero de 1937, el Diario Oficial de la Generalitat de Catalunya había publicado el decreto que establecía que la decisión de abortar se dejaba en manos de la mujer embarazada y se debía realizar por profesionales cualificados en la red sanitaria oficial. La ley era presentada como el primer paso de la “reforma eugénica… que representa una de las mayores conquistas revolucionarias en Sanidad”. La finalidad de la nueva norma era “facilitar al pueblo trabajador una manera segura y sin riesgos de regular la natalidad cuando existan causas poderosas, sentimentales, eugénicas o terapéuticas que exijan la interrupción artificial del embarazo.”  La ley catalana no llegó a extenderse al resto del territorio bajo control republicano, ya que la ministra de Sanidad, la anarquista Federica Montseny (probablemente la primera y última vez en el mundo en que una mujer con tal ideología haya alcanzado un responsabilidad de ese tamaño) fue incapaz de convencer a sus colegas varones del Consejo de Ministros para que aprobasen una ley similar para todo el territorio republicano.  La ley se mantuvo en vigor en Cataluña hasta enero de 1939. En 1942 fue promulgada la ley de protección de la natalidad y prohibición del aborto y la propaganda anticoncepcionista. En 1986 el aborto se despenalizó en una serie de supuestos. En 2010 se aprobó una nueva ley de plazos, bastante parecida en espíritu a la catalana de 1937, sólo que casi tres cuartos de siglo después. En 2013, el ala derecha del Partido Popular, por entonces en el poder, planteó el retroceso de la ley de 2010 hasta los supuestos de 1986 o anteriores.

La ley catalana de interrupción artificial del embarazo fue en realidad, como reconocía expresamente su texto, la primera vez que la eugenesia se incorporaba a algún texto legal. También fue la última. En realidad, fue el canto del cisne de la escuela ibérica de eugenesia, que duró desde principios del siglo XX hasta 1939. Esta corriente de pensamiento no tenía casi nada que ver con la eugenesia racista que practicaron con entusiasmo algunos países para limpiar de toda mancha su legado racial “ario”.

Aunque Joaquín Costa habló con bastante timidez de una higiene racial potenciadora del elemento “nórdico” en detrimento del “africano” (su pensamiento, expresado al completo, sería por tanto despensa, escuela e higiene racial), los energúmenos del regeneracionismo, no obstante, no llegaron nunca a plantear la eugenesia como un instrumento de rango equiparable a la política hidraúlica. No se pasó de dotar a algunas doncellas pobres de buenos caracteres físicos e intachable moralidad para que pudieran contraer matrimonio, costumbre que degeneró con el tiempo en los concursos de belleza[74].

En el III Congreso Panamericano de Ciencias (Lima, 1925) se aprobó una ponencia recomendando la legitimidad del aborto en una serie de casos: el riesgo para la vida de la madre, la violación y el “móvil eugenésico”: “cuando se trata de embarazos de mujeres idiotas o dementes, o debidos a uniones incestuosas”. El ponente principal de esta resolución del Congreso fue Luis Jiménez de Asúa, prestigioso penalista  en su época y que sólo ocho años después sería el principal autor de la Ley de Vagos y Maleantes de 1933, una de las pocas leyes de la República que el franquismo no  sólo no derogó, sino que amplió  en variados supuestos y transmitió después en espíritu a la Ley de Peligrosidad Social de 1970, en vigor hasta 1978.

Luis Huerta, el más famoso de los fanáticos de la Eugenesia en España,  derrama flores sobre el futuro prócer de la República: “Con júbilo debemos celebrar esta gloriosa conquista eugénica; el aborto autorizado es un derecho reconocido hoy por las ciencias jurídicas. ¡Loado sea el profeta y loado también el jurista! No podía saber D. Luis que Jiménez de Asúa terminaría dedicándose al tráfico de armas para el Ejército popular desde su puesto de embajador en Praga[75].

El 2 de febrero de 1928 se inauguró en Madrid el primer Curso Eugénico español, con gran cobertura en los periódicos y asistencia de todo el staff médico, biológico y antropológico del país. Fue suspendido fulminantemente el 22 de marzo por orden gubernativa [76]. Más que la eugenesia clásica, basada en la reproducción de los mejores vía certificado obligatorio de aptitud biológica matrimonial (que la Dictadura se  veía incapaz de implantar por falta de medio técnicos, además de entrar en el terreno vedado de la Iglesia) lo que que molestó a Primo de Rivera fueron las alusiones que “con crudeza de fondo y forma” se  hicieron a ideas mucho más nefandas, como las del amor libre y la “independencia de la mujer para escoger su maternidad[77]”.

Libre España de aberraciones sociales como el amor libre o el divorcio, teniendo ante sí un rosado panorama económico, la dictadura de Primo de Rivera se propuso combatir el maltusianismo estimulando la natalidad mediante auxilios a las familias numerosas, lo que resultaba ser una novedad en España. Un Decreto Ley de julio de 1926 estableció subsidios a las familias numerosas (de la clase obrera) que iban desde las 100 pesetas para 8 hijos a 1.000 pesetas para aquellos afortunados con 18 o más descendientes. Los funcionarios civiles o militares tenían derecho a subsidio cuando tenían más de diez hijos. Un funcionario con 12 hijos cobraba un 5% más de sueldo, y uno con 20 un 50%  más. Habiendo puesto el listón tan alto, los desembolsos del Estado no fueron muy grandes por este concepto[78].

Las primeras Jornadas Eugénicas Españolas (abril-mayo de 1933) fueron muy distintas de las de 1928. Reunieron a la flor y nata de la intelectualidad: Sender, Baroja, Ortega y Gasset, Marañón, Azaña, Menéndez Pidal, Antonio Machado, García Lorca y Rafael Alberti junto con decenas de científicos, juristas y publicistas de prestigio. Aquello era progresismo en estado puro: en la organización de las Jornadas participó de manera relevante la Liga Española para la Reforma Sexual sobre bases científicas, y hasta se llegó a hablar de “Feminismo y pacifismo”. Junto con asuntos bastante disparatados, como “Literatura y Eugénica”, “Filosofía del amor” y “Psicopatología del amor”, se trataron temas de más interés para la gente corriente, precisamente aquellos que ponían los pelos de punta a los antimaltusianos, como la regulación de la natalidad y la educación sexual.
La relativa libertad reproductiva y sexual de que se gozó en aquellos años formó parte de la leyenda dorada de la República, y reforzó la convicción de la gente de orden de que era preciso acabar con aquel régimen de libertinaje.

El régimen republicano apoyó la eugenesia sin comprometerse mucho, subvencionando al fundador de la genética en España, Antonio de Zulueta, para asistir a un congreso internacional del ramo en Nueva York y creando una sección de Eugenesia en la nueva Escuela Nacional de Puericultura, siendo la cría de niños perfectos una de las obsesiones republicanas. Más adelante, ya comenzada la guerra, se creó una sección de Eugenesia y Maternología en el ministerio de Sanidad y Asistencia Social, que se dedicó sobre todo, al parecer, a proporcionar suplementos de comida a la embarazadas y a trasladar a algunas expediciones de mujeres en esa condición a la relativa seguridad de Vélez Rubio, en Almería. Sorprendentemente, la eugenesia también podía aparecer en la zona nacional, a pesar de que era una de las muchas “ideologías” prohibidas por la Iglesia (junto con el Transexualismo, el Socialismo, el Maltusianismo, el Espiritismo, etc.). En abril de 1938 se dictó una lección sobre Herencia y Eugenesia en un cursillo de puericultura organizado por las autoridades sanitarias locales de Zamora; tal vez los canónigos de la catedral no se enteraron.

En paralelo a todas estos movimientos más o menos oficiales, la gente seguía intentado no quedarse embarazada, y lo hizo con más denuedo a medida que los desastres de la guerra se abatían sobre la población, sobre todo en la zona republicana. El consumo de anticonceptivos estaba bastante extendido antes de la guerra y siguió estándolo después de su comienzo. Un libro publicado en 1936 muestra cierta inquietud por “la pulcra condición maternal de la mujer campesina en Castilla”, sometida a los embates del neomalthusianismo, deducidos de informes de “una señorita farmacéutica de nuestra localidad”, que informa que “casi diariamente mujeres casadas nos demandan algún producto cuyo anuncio han leído en los periódicos para evitar la descendencia[79]”.
Esos productos podían ser las famosas y misteriosas Perlas Femi, y otras variedades como las Grageas Chaves, las Perlas Victoria o el Trietane del Doctor Palisse, que se anunciaban en las revistas en anuncios algo crípticos pero que prometían todos ellos la vuelta de la regla suspendida (sin ningún peligro). No se sabe mucho sobre estas precursoras de la actual píldora del día siguiente.

Anticonceptivos más corrientes y de gran venta eran los preservativos. Marcas conocidas era La Ideal (a la venta en la calle Jardines, 23, a cuatro pesetas la docena de calidad propaganda y a cinco pesetas la calidad superior) y La Discreta, en la calle de la Salud, 6. Estas marcas se anunciaron en la prensa madrileña durante toda la guerra. Otros anticonceptivos estaban dirigidos a las mujeres, como los “conos profilácticos” y otras variedades de diafragmas. La marca Intim se vendía a 7,50 ptas la caja grande y prometía el envío de un folleto explicativo en un sobre en blanco.

Si ocurría lo peor, que la chica se quedase embarazada, no había más remedio que acudir a la sección Comadronas de los periódicos, donde se anunciaban “consultas reservadas” y a veces se daba hospedaje a las preñadas antes de practicarles el aborto. El aborto en estas condiciones garantizaba una enorme tasa de mortalidad y otras complicaciones, que la República en guerra no se atrevió a paliar siguiendo el ejemplo catalán. En la zona nacional ocurría lo mismo, pero en condiciones peores. Los condones se vendían en la más estricta clandestinidad, aunque todo el mundo sabía donde encontrarlos, y las aborteras no se anunciaban abiertamente en la prensa, aunque todo el mundo conocía su dirección. La Sección Femenina tenía sus propias ideas sobre la eugenesia, pero esa es otra historia.

 

[73] Mundo Gráfico, 12 de mayo de 1937
[74] Raquel Álvarez  Peláez, La eugenesia en España. Mundo Científico, nº 48.
[75] Luis Huerta:Eugénica. Folletón de la revista Helios (1926)
[76] RO de 18 de marzo de 1928
[77] Manuel Rubio Cabeza: Crónica de la Dictadura de primo de Rivera. SARPE (1986)
[78] JOSÉ PEMARTÍN: Los valores históricos en la dictadura española (prólogo del general Primo de Rivera). Arte y Ciencia- Madrid. -. (1928)
[79] J. BERMÚDEZ BERNARDO: Oginoísmo. Significación biológica de la familia – limitación moral de la natalidad. Sucesores de Juan Gili- Barcelona. -. (1936)

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