
Dos Seat 600 al pie del Risco de la Nava, soporte geológico del Valle de los Caídos, en una foto de 1962 publicada en el libro de propaganda «España».
Fue el locuaz Ernesto Giménez Caballero el que llamó así al Palacio de las Torres de Meirás: “De tiempo en tiempo [el Caudillo va] al Pazo de Meirás, a su roca delle camminado, a su Berchtesgaden gallego, a tomar impulso nativo y creador”(1). A finales de marzo de 1938 la Diputación de la Coruña había transferido la propiedad del pazo a la familia Franco, pero el trabajo de la llamada Comisión Pro-Pazo del Caudillo no terminó ahí ni mucho menos. La Comisión organizó una suscripción popular en toda la provincia, una más de las muchas que sangraban a la población en aquellos años (las había de todos los tipos, desde el Aguinaldo del Combatiente hasta la suscripción para el acorazado España). Pero esta era de un tipo especial, puesto que no estaba dedicada a comprar suministros o armamento, sino a financiar un tremendo regalo para el dictador. El perfil político de la cuestación era peliagudo, por lo tanto, y los alcaldes y autoridades locales de FET y de las JONS fueron aleccionadas para que no quedara ni un solo hogar sin contribuir. El que no lo hacía sabía a qué se exponía.
El tamaño del obsequio era considerable: 300 obreros trabajaron durante meses para acondicionar el pazo y sus dependencias, incluyendo colocar una torre extra que se trajo de otro pazo y arreglar un terreno de varias hectáreas. El general Franco estaba realmente complacido con el regalo, y su esposa todavía más. El dictador pasaba como mínimo 20 días al año en el pazo, en el que se celebraban consejos de ministros y se firmaban decretos, y gustaba de visitarlo en cuando tenía ocasión. El Pardo era su residencia habitual, un lugar a una conveniente distancia sobre la hostil ciudad de Madrid, pero es evidente que el pazo de Meirás era su lugar de seguridad, un paisaje rural nada peligroso, completamente desactivado políticamente a diferencia de las grandes ciudades o áreas industriales. Franco iba y venía, recibía aclamaciones de la multitud y prometía diversas mejoras en las parroquias que visitaba. Los ministros y jerarquías del régimen se acostumbraron a incluir el pazo de Meirás en sus recorridos por la gobernada España.
Esta historia debería haber acabado hacia 1977. Dejando un prudente margen tras la muerte del dictador, la Diputación de la Coruña habría perdido disculpas por las exacciones de cuarenta años atrás, el pazo habría vuelto a su propiedad en calidad de museo u otro equipamiento público similar, y el asunto habría terminado.
Pues no. Todavía en 2018, justo 80 años después del expolio y 43 años después de la muerte de Franco, el pazo de Meirás era propiedad legal, firme y sólida como una roca, de la familia Franco. Pero lo más asombroso es que la Fundación Nacional Francisco Franco (denominación literal) se encargaba de gestionar las visitas al complejo. En 2020, por fin, la propiedad legal del Pazo pasó a Patrimonio Nacional. La larga y extenuante batalla legal entre el Estado español y los herederos de la familia Franco parece que terminó en el verano de 2023, cuando al parecer estos últimos sacaron del Pazo una serie de muebles y objetos valiosos que la justicia consideraba de su propiedad.
Un episodio interesante de este culebrón político-legal ocurrió cuando el Partido Popular (de Galicia) votó en mayo de 2017 (en el parlamento gallego) en contra de una propuesta para reclamar al Congreso (español) un cambio legal que permitiera recuperar el Pazo. El portavoz del PP alegó que la propuesta entraba en “colisión frontal con el [sagrado] derecho [de la familia Franco] a la propiedad”.
En la larga batalla judicial y política del Pazo se ve con claridad la capacidad del franquismo para hacerse fuerte en determinados bastiones que no está dispuesto a ceder. Un solo ejemplo, pero hay muchos: se consiguió frenar la ley de divorcio por mutuo acuerdo, establecida en 1932 y derogada en 1938, hasta nada menos que 2005. Hay otras plazas fuertes del franquismo en la España actual (además de un famoso bar en Despeñaperros dedicado a la memoria del dictador): la intocable financiación de la iglesia o el pánico al “separatismo” son algunas de ellas.
Además de bastiones de la dictadura hay una línea de resistencia infranqueable, la Ley de Amnistía de 1977 que hizo desaparecer como por arte de magia cualquier posibilidad de molestar al franquismo y a los que se lucraron y/o cometieron delitos a su amparo. En julio de 2015 el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas instó al gobierno español a que derogase esta ley. El Gobierno hizo oídos sordos.
Mucho más grande que el Pazo de Meirás y construido ex profeso como megamonumento del franquismo, el Valle de los Caídos es una enorme singularidad de la democracia española. Contiene cerca de 34.000 cadáveres de personas muertas de forma violenta durante la guerra civil, al parecer dos tercios de ellas del lado nacional y un tercio del lado republicano. Hasta el 24 de octubre de 2019 también contenía el cadáver del general Franco. Extraer sus restos del Valle de los Caídos fue una cuestión de tremendo calado político.
El 11 de mayo de 2017 el Congreso de los Diputados estuvo a punto de votar una proposición no de ley para exhumar a un tal Francisco Franco de un lugar llamado el Valle de los Caídos. Es decir, desenterrar su cadáver, que yacía bajo una lápida de aproximadamente uno por dos metros de granito, con una tonelada de peso bruto. La votación estaba en marcha cuando un viento frío pareció recorrer el hemiciclo, brotando de los agujeros de bala que hicieron las metralletas de los guardias civiles del teniente coronel Tejero en el golpe de estado de 23 de febrero de 1981.
Los diputados comprendieron que todavía no era el momento y pasaron a otra proposición no de ley (PNDL, para abreviar), que abundan como setas en el parlamento. Una PNDL es el equivalente de lo que se dice en las reuniones familiares en el campo: “Habría que ir a por agua para lavar los cacharros”, dice alguien, y todo el mundo toma nota y toma posiciones para escaquearse. La PNDL no es vinculante, es una simple opinión expresada en voz alta: “habría que ir pensando, si no es molestia, en sacar al general Franco de su tumba en el Valle de los Caídos”.
El fiasco del 11 de mayo no quedó así, sin embargo. Estaba escrito que el cadáver de Franco abandonaría el Valle de los Caídos en 2019. ¿porqué ese año y no antes o después? Hay una razón poderosa, una profecía que se hizo hace muchos años y que describe exactamente lo que ha pasado en España desde entonces. La profecía fue publicada por el diario ABC de Sevilla el 24 de diciembre de 1936. Dice así:
«¡Mucha sangre, ruinas, miles de millones y raudales de lágrimas está costando a España la infame “experiencia” a que ha sometido a la nación el trágico Frente Popular! Pero nuestros descendientes aprovecharán la cruenta y elocuentísima lección. El orden público va a quedar asegurado por muchos años. La masonería, las organizaciones obreras revolucionarias, los partidos políticos anarquizantes van a ser barridos para siempre. La profilaxis social inmunizará contra el morbo disolvente hasta la cuarta generación.» (2)
Las palabras clave para el tema que nos ocupa son las últimas: “hasta la cuarta generación”. Efectivamente, ochenta años según el cómputo habitual. A contar desde 1939, es decir 2019, como se quería demostrar.
Sería en 2019, pero no sería fácil. Durante meses, columnistas de uno y otro bando trabajaron sin descanso, en paralelo a la extenuante batalla legal entre la abogacía del Estado, entidades a favor y diversas fuerzas actuantes decididamente en contra.
Los columnistas de izquierdas tenían el argumentario hecho desde hacía décadas, pero los columnistas de derechas se encontraron con un inesperado problema: ¿cómo escribir contra la exhumación del Caudillo sin que parezca que uno es franquista y de extrema derecha? Se usaron cinco estrategias principales, que dan una idea del estado de la paleontología del franquismo en la segunda década del siglo XXI.
Primera: un niño o adolescente que no sabe quién es Franco. Se trata de que el infante vuelva la cabeza y pregunte candorosamente, «Papá (o abuelo, o tío, etc.) ¿Quién es Franco?» Eso dejaba el 90% del artículo resuelto. En efecto, ¿cómo vamos a sacar de su tumba a un personaje que las nuevas generaciones del siglo XXI no conocen?
Segunda: una contienda fratricida que hay que olvidar (la guerra de 1936-1939). Se solía incluir una nota ominosa, ¡evidentemente, no queremos que vuelva la convulsa República y el baño de sangre que provocó! Pero podría volver, no nos confiemos.
Tercera: una Transición que nos pide que miremos adelante y no atrás. Era frecuente recalcar que la Constitución «nos la dimos todos». Hay que pasar página, como hacen en los países civilizados de nuestro entorno, por ejemplo, Francia, Alemania, etc. Este argumento se solía rematar recordando que el Generalísimo había muerto hace más 40 años, una eternidad.
Cuarta: un siniestro dictador, pero no tanto. Hay que dejar claro que la dictadura es odiosa, pero… (no había paro, la economía crecía mucho, los españoles pudieron comprarse un coche y un frigorífico, etc.). Se le puede comparar favorablemente con Hitler y Stalin.
Quinta y última: una lista de los verdaderos problemas de los españoles. Lo urgente es … (el top manta, la avalancha de inmigrantes que amenaza nuestras pensiones y estilo de vida en general, la cuestión catalana, etc. ) no sacar una momia de su tumba.
Los columnistas de derechas usaron un tono general jocoso, dejando claro que todo el asunto era una tontería, una cortina de humo, etc. Es decir, intentando aparentar que en realidad no tenía importancia para el que suscribía. Hay que tener en cuenta que la exhumación del antiguo jefe del estado, de manera explícita, solo tenía importancia para la extrema derecha, que la consideraba simplemente una profanación.
Por fin, tras atravesar unos cuantos laberintos legales y cautelares, la decisión del Gobierno de la nación (3) se puso en práctica. La Exhumación se hizo el 24 de octubre de 2019.
La sola visión mental del ataúd conteniendo al Generalísimo siendo extraído de su alvéolo en Cuelgamuros y llevado a algún otro sitio resultaba impresionante, un punto aterrador: ¿quién podría asegurar que levantar la lápida no desataría alguna fuerza infernal o rotura espaciotemporal imposible de controlar? Después de todo, eso se ha visto en muchas películas.
No pasó nada de eso. El ataúd con los restos del dictador abandonó la cripta a hombros de sus deudos y luego fue cargado en un helicóptero, que lo llevó en pocos minutos al cementerio de Mingorrubio, en El Pardo, a 40 km de distancia. Así fue como el pueblo español, tan honrado y sufrido, dejó de rendir homenaje al dictador que lo avergonzó durante cuarenta años, vergüenza que se redoblaba cuando cualquier turista del exterior se daba una vuelta por The Valley of the Fallen y comprobaba como en España todo seguía en orden, con el general descansando en su gran mausoleo entre nubes de incienso.
1- «Franco y Andalucía», por Giménez Caballero. Libertad (Valladolid), 6 de mayo de 1943. El artículo se publicó en cantidad de periódicos.
2- J. Sánchez-Rivera: La gran lección. ABC de Sevilla, 24 de diciembre de 1936
3-Real Decreto-ley 10/2018, de 24 de agosto, por el que se modifica la Ley 52/2007, de 26 de diciembre, por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la Guerra Civil y la Dictadura.
Asuntos: Sociedad
