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El ejército de los pinos y la sociedad de los árboles

Parte de la portada del folleto «El acervo forestal» . Temas españoles, 1955.

Todo empezó en Soria, en un seguramente frío día de enero de 1939, cuando dos ingenieros forestales de alto rango echaron el cierre a un documento titulado modestamente Plan para la repoblación forestal de España (1). Cumplían así la Orden publicada en junio del año anterior de poner en marcha “uno de los puntos programáticos del Estado Nacional-Sindicalista” (2). El Plan, que se consideró “urgente e inaplazable”, es fácil de resumir: se trataba de plantar árboles, en un plazo de 100 años, en seis millones de hectáreas, aproximadamente la extensión de Cataluña y Galicia juntas, el 12% del territorio nacional, el doble del tamaño de Bélgica si se hace la clásica comparación internacional.
Detrás de este sencillo objetivo había siglos de agitación forestal en el país, que había llegado a rozar el culto al árbol.

El bosque era la Gran Solución de los problemas de la patria. Los bosques atraían la lluvia, tan escasa y tan necesaria en la mayor parte de la Península, evitaban que el agua caída erosionara la tierra, enriquecían el terreno, dulcificaban el carácter de sus moradores, proporcionaban toda clase de productos útiles y embellecían el paisaje. La repoblación forestal era tal vez la solución panacea más importante, solo por detrás del regadío y la Política Hidráulica, junto con el Catastro, la Concentración Parcelaria, o la construcción de ferrocarriles.

En el ecosistema franquista, halló un lugar de privilegio, siendo la II Fase de una historia secular (la fase I abarca desde mediados del siglo XIX a 1939, la III desde 1984 a la actualidad).

La maquinaria forestal del Régimen del Movimiento se abatió sobre el monte, primero con cierta parsimonia y alguna vacilación, hasta que en 1952 se superó por primera vez el objetivo de 60.000 hectáreas anuales. En tres años (1955-1957) se llegó a las 130.000 hectáreas al año; a ese ritmo el plan original se habría cumplido en 46 años, no en 100. Entre 1953 y 1974 superó todos los años las 80.000 hectáreas. El ritmo infernal de repoblación siguió por inercia hasta 1982, el año de la victoria electoral socialista, último en que se rebasaron las 80.000 hectáreas. El resultado final de este megaesfuerzo forestal fueron (entre 1940-1980 aproximadamente) unos tres millones de hectáreas repobladas, una extensión equivalente a la de toda Bélgica.

Unas 800.000 hectáreas (un poco menos del tamaño de Puerto Rico) fueron plantadas con Pinus pinaster, la especie ganadora de la era geológica franquista, que añadió 400 millones de ejemplares a sus efectivos anteriores. El P. pinaster (pino rodeno, “rojizo”), es el árbol más bien desgalichado que podemos ver por doquier en los montes españoles. Es un colonizador tan implacable que la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza) lo incluyó en su lista de 100 especies invasoras más dañinas del mundo (3). Un observador imparcial diría que el franquismo fue un constructo creado por el pino rodeno para asegurar su expansión. En realidad los ingenieros forestales conocían bien sus características de frugalidad y resistencia a casi todo, y confiaban en que fuera el primer escalón de una repoblación forestal comme il faut a base de especies frondosas, hayas, encinas, etc. Mientras este bello futuro se materializaba, se podía sacar un montón de madera de los pinaster. Luis Ceballos, en un artículo de divulgación publicado en 1959, utiliza la analogía de los árboles nobles (hayas, robles, etc.) y los árboles plebeyos (pinos, eucaliptos), que colonizan el terreno y lo preparan para la instalación de la nobleza. Hasta ahí bien, pero el ilustre forestal concluye que la lentitud de crecimiento de las especies nobles las hace incompatibles con el gran acelerón de la producción “que exige la economía en estos tiempos”. Era el año del Plan de Estabilización, el pistoletazo de salida de los sucesivos Planes de Desarrollo. Así que se acababan los bosques y comenzaba la era de los cultivos de árboles. (4)

Si Pinus pinaster ocupó un territorio de extensión equivalente al de la provincia de Valladolid, tampoco le fue mal al Pinus sylvestris, con unas 560.000 hectáreas a añadir a su territorio original, el tamaño de la provincia de Alicante, ni al Pinus halepensis (500.000 hectáreas, más o menos la extensión de La Rioja), ni al Eucalyptus (algo más de 400.000 hectáreas, como Vizcaya y Guipúzcoa juntas) ni al Pinus nigra (algo menos de la cifra anterior). Se repobló el 90% de la extensión reforestada con pinos, nacionales en su mayoría. En total, las siete especies autóctonas de pino (pinaster, sylvestris, halepensis, nigra, pinea, canariensis, uncinata) ocuparon el 83% del total. Tres tipos exóticos, el pino de Monterrey (Pinus radiata o insignis, procedente de California), el eucalipto (venido de Australia) y los chopos híbridos (especies artificiales obtenidas de juntar plantas europeas con otras americanas y asiáticas) se llevaron el 15%. Quedó el 2% para las especies nobles (el climax u orgasmo forestal español, los bosques umbríos de hayas, robles, pinsapos, etc.) y prácticamente nada para el árbol nacional, la encina (5).

La necesidad de una repoblación forestal masiva no se discutía, todas las fuerzas políticas estaban de acuerdo en su urgente necesidad. La primera ley republicana al respecto, de septiembre de 1931 (Nacionalización y Repoblación de la propiedad forestal) llama al asunto de plantar árboles “una imprescindible necesidad social y económica… unánimemente reconocida”, que no hacía falta ni siquiera detallar las razones que la aconsejaban, se daba por sentada, caía por sí misma (6).

Ocupaba el punto 20 del programa político de la Falange de antes de la guerra, expresado con el violento estilo característico de la organización: “Emprenderemos una campaña infatigable de repoblación ganadera y forestal, sancionando con severas medidas a quienes la entorpezcan e incluso acudiendo a la forzosa movilización temporal de toda la juventud española para esta histórica tarea de reconstruir la riqueza patria”. El Frente Popular incluía la misma tarea en su programa electoral, si bien de manera menos agresiva: “Fomento de los pastos, la ganadería y la repoblación forestal”.

El modo falangista de hacer la repoblación forestal se capta bien en este ejemplo de 1942: “​​… comenzaron los trabajos de la repoblación forestal de la provincia de Guadalajara de esta manera: el domingo muy de mañana el primer grupo de la Centuria «Fernando Palomares» de las Falanges Juveniles de Franco, después de asistir a misa, marchó en formación, guiado por el delegado provincial del Frente de Juventudes, a la finca señalada, en la margen derecha del río Henares. Una vez allí, los ayudantes del ingeniero de Montes del distrito indicaron dónde y cómo cavar 35 hoyos de 80 x 80 cm, donde se colocaron los correspondientes plantones de chopos, «al objeto de proteger la margen del río y cumplir las consignas dadas por nuestro jefe nacional». Se trataba de cavar y plantar, en formación, para conseguir «el resurgimiento y la riqueza de nuestra economía Nacional, puntal firme de la creación de la España Nueva». (7)

La repoblación forestal no se hizo en general a base de falangistas marchando en formación hacia el monte, aunque la ​​Delegación Nacional del Frente de Juventudes, en 1943, preparó unas Cartillas Rurales sobre Normas para la Repoblación Forestal (8). Aquella etapa de voluntarismo político y plantaciones fallidas muchas veces dio paso a partir de la década de 1950 a un programa sistemático de repoblaciones. La etapa de cavar los hoyos con azadones dio paso al uso de bueyes para tirar de arados Brabant, y de ahí se pasó al empleo de buldócers para preparar el terreno, cuando la repoblación forestal se subió a la oleada general de petrolización. Los ingenieros de montes marcaban las zonas a reforestar sobre el mapa, con criterios “protectores”, si se trataba de parar los pies a la erosión, o simplemente productores, si se pensaba en la producción de madera. A continuación había que conseguir el terreno, cosa no fácil al principio, pues el medio rural español estaba densamente ocupado por cultivos y pastizales. Los cultivos eran sagrados, pero los pastos eran más fácilmente sustituibles por repoblaciones forestales, con el consiguiente menoscabo de los ganados.

El Consejo Económico Sindical Provincial de Jaén (9) se quejó en 1961 a la superioridad de tanta furia forestal a base de pinos con algunos hechos fundados: en Andújar la cabaña ganadera se había reducido en un 80%, y lo peor estaba por llegar: “el día de mañana habrá grandes pinares, pero nada más. No habrá pastos, porque la pinaza no consiente que la hierba prospere bajo su imperio».
La gran mayoría de las repoblaciones se hicieron en zonas con dueño privado o municipal, con la fórmula del consorcio, según la cual al propietario le llenaban gratis de árboles su terreno, y el PFE (Patrimonio Forestal del Estado) no se gastaba dinero en adquisiciones. A veces era necesario comprar las zonas a repoblar, y esta fórmula se siguió en el norte de la provincia de Huesca, donde un centenar de aldeas y lugares fueron adquiridas por el PFE, previo desalojo de sus habitantes. Algunos vieron la posibilidad de rehacer su vida en las tierras más feraces del llano con el dinero de la venta, pero otros se resistieron como pudieron.

La repoblación forestal contribuyó así a la creación de la España Vaciada, pero a medida que avanzaba la década de 1960 muchos pueblos se vaciaron sin intervención forestal alguna, y el PFE se encontró con la sorpresa de una repentina abundancia de tierras abandonadas a su disposición.

La petrolización cambió la repoblación, que pasó de realizarse a base de nutridas cuadrillas de trabajadores mal pagados colocando plantitas de raíz desnuda en hoyos cavados con azadones, a llevarse a cabo con maquinaria pesada, buldócers de cadenas y camiones forestales Unimog con tracción a las cuatro ruedas. Se trazaron infinidad de carreteras forestales y se generalizó la práctica de las terrazas, trazadas con palas de cuatro metros de ancho, muy lejos ya de los hoyos individuales o de los precarios surcos trazados con arados tirados por animales. Las terrazas eran una manera violenta de reforestar y se acompañaban con la práctica del enresinado de montes de coscoja, que consistía en eliminar estas versiones de encinas de matorral para plantar pinos. Otra mejora propia de los tiempos fue el final de las plantitas de raíz desnuda, que ahora se embutían en una bolsa de plástico con un poco de abono y tierra. El problema es que la raíz tenía tendencia a enroscarse dentro de la bolsa.

En 1966 el Ministerio de Hacienda publicó el Informe BIRF-FAO (BIRF, Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento y Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, FAO) sobre El desarrollo de la Agricultura en España. El mamotreto lo había solicitado el año anterior el entonces ministro de Agricultura, Cirilo Cánovas, y lo recibió su sucesor, Adolfo Díaz Ambrona. La parte del informe dedicado a asuntos forestales es extraordinariamente tecnocrática, completamente alejada de toda consideración sobre mejorar el clima de la patria, atraer la lluvia o dulcificar los temperamentos. La FAO y el BIRF criticaron que se hubieran plantado tantos árboles a mogollón, sin distinguir claramente entre los dos objetivos de producir madera y de proteger el terreno de la erosión. Y propusieron separar ambos programas, así como evaluar su rentabilidad. Nada de plantar para regenerar la patria: cada hectárea repoblada debía tener su cuenta de gastos y beneficios, tanto si se trataba de una plantación maderera como de otra destinada a sujetar una ladera para evitar que se desplomara sobre un cultivo o llenara de tierra un embalse.

El informe recomendaba reducir la repoblación para protección, evitar la erosión con otros métodos menos costosos que plantar árboles y dedicar todo el esfuerzo forestal a cultivar madera, en estrecha coordinación con la industria. Al grito de ¡más madera!, el informe se permitió la osadía de criticar el sistema comunal de cuidado del bosque, como el que existe en Soria, por su baja producción: “Este sistema está basado en fórmulas anticuadas que tienden a la constitución de reservas en pie, y no a la producción de madera”. Significativamente, la repoblación forestal incluida en el II Plan de Desarrollo invirtió los términos de porcentajes dedicados a protección y a producción del plan anterior. Las nuevas plantaciones de eucaliptos en Huelva y de pino pinaster en Galicia ya se plantearon en coordinación con la industria.

En Extremadura, la timidez inicial dio paso a las plantaciones masivas de eucaliptos y pinaster en terrazas, previo descuaje y quema del denso matorral con la ayuda del Caterpillar D7, un buldócer que tuvo un destacado papel en Vietnam, con el aplique Rome Plow, en una tarea no muy distinta de la realizada en Extremadura: el descuaje y arrasamiento de bosques en los que se ocultaban las posiciones del Vietcong (10).

Medido en porcentaje sobre el presupuesto total del Estado, el dinero dedicado a la repoblación forestal pasó de un 0,1% en 1940 (en décadas anteriores se decía que el asunto forestal nacional gastaba menos que el Ayuntamiento de Madrid en jardinería) a cerca del 2% en 1957, el año cumbre de casi 150.000 has repobladas, para descender luego en curva asintótica hasta un 0,2 % a comienzos de la década de 1980.

En Huelva, la repoblación forestal hecha entre 1940 y 1980 afectó aproximadamente al 23% del territorio de la provincia. En Pontevedra, el 70% de la superficie forestal de la provincia cambió radicalmente de aspecto al ser sometida a repoblación. (11)

La gran repoblación forestal de 1940 a 1980 es tal vez el fósil más fácil de ver del franquismo, el más extenso y el que más cambió el paisaje. Sus consecuencias a largo plazo son discutidas: ¿aumento de la riqueza nacional y protección de la naturaleza, o creación de un inmenso polvorín propenso a los incendios forestales? Es muy significativo que la ley de Impacto Ambiental de 1986 incluyera las repoblaciones forestales, junto con la minería a cielo abierto o las centrales nucleares, entre la lista de proyectos que debían someterse obligatoriamente al proceso de evaluación de impactos.

Al norte de la provincia de Huesca “A poco que busque con la mirada, el visitante pronto encontrará laderas cubiertas por unos pinares uniformes e igualados. Un ejemplo bien claro lo encontramos en los entornos de Jaca, Ayerbe, Sabiñánigo, Boltaña, Gráus o Benabarre”. (12) Lo mismo se podría decir en muchas zonas en toda España. Esta descripción resume bien lo que se consiguió: un ejército de pinos, algo bien distinto de una sociedad de árboles. La frase es de Luis Ceballos, uno de los firmantes del Plan general de repoblación de 1939.

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1-Joaquín Ximénez de Embún y Luis Ceballos y Fernández de Córdoba: Plan para la repoblación forestal de España. Comisión del Plan General de Repoblación Forestal (1939). En Homenaje en el centenario de Luis Ceballos: Tres trabajos forestales, 1996. Edita Organismo Autónomo de Parques Nacionales.

2-Orden del Ministerio de Agricultura de 21 de junio de 1938.

3-Global Invasive Species Database. Full account for Pinus pinaster. ISSG (Invasive Species Specialist Group). https://www.iucngisd.org/gisd/species.php?sc=43

4- Luis Ceballos: «Pinsapos, pinos y eucaliptos. Árboles nobles y árboles plebeyos». ABC de Sevilla, 9 de octubre de 1959.

5- La restauración forestal de España: Jesús Pemán García, Iñaki Iriarte Goñi, Francisco José Lario Leza (editores) 75 años de una ilusión. Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, Secretaría General Técnica, Centro de Publicaciones. (2017)

6- 75ª aniversario del Plan General para la repoblación forestal de España. 4 de diciembre de de 2014, Escuela de Ingenieros de Montes, Universidad Politécnica de Madrid.

7 – Nueva Alcarria, 26 de diciembre de 1942.

8- Jesús Pemán García: Las Administraciones repobladoras entre 1940 y 1984. En La restauración forestal de España: 75 años de una ilusión” (2017).

9 – José Domingo Sánchez Martínez, Eduardo Araque Jiménez
José Manuel Crespo Guerrero y Antonio Garrido Almonacid: La repoblación forestal de Sierra Morena, Jaén, (1940-1984). Anales de Geografía, vol. 28, núm.1 (2008)

10-Eduardo Rico: Las repoblaciones del Patrimonio Forestal del Estado y del ICONA en la provincia de Badajoz, 1941-1977. Historia Agraria, 46, Diciembre 2008

11 – Enric Vadell Guiral, Sergio de Miguel Magaña, Jesús Pemán García: La actividad repobladora desarrollada a partir de 1940. Luces y sombras. En «La restauración forestal de España: 75 años de una ilusión” (2017).

12 – Carlos Tarazona Grasa: Repoblaciones y territorio. Consecuencias sociales de la acción repobladora del Patrimonio Forestal del Estado en la provincia de Huesca (1950-1971). En “La restauración forestal de España: 75 años de una ilusión” (2017).

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