La aviación contra Sandino

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Un D.H.4 de la aviación del cuerpo de Marines de los Estados Unidos en 1927

 
Aunque la aviación militar estadounidense había sido desplegada en múltiples ocasiones sobre Centroamérica y el Caribe, el episodio que dejó más huella fue la participación de la aviación del cuerpo de Marines en la guerra contra Sandino, en Nicaragua, entre 1927 y 1933.

Las fuerzas norteamericanas nunca habían abandonado el país desde comienzos del siglo XX, pero la insurrección sandinista era algo nuevo con lo que enfrentarse. El empleo demoledor de la aviación en Ocotal forzó en adelante a las fuerzas sandinistas a cambiar de estrategia, evitando el campo abierto y la concentración de efectivos, y buscando la protección de la cubierta arbórea. Más tarde, los aviones bombardearon día tras día el supuesto cuartel general de Sandino, en El Chipote, al norte del país. La novedad técnica de la acción mereció los elogios de Jane’s All the World’s Aircraft, pero estas grandes operaciones no eran la norma.

La guerra aérea contra las fuerzas sandinistas fue pequeña en comparación, pero anunciaba ya todas las características de la gran pesadilla en que se convertiría la guerra contrainsugente a la vuelta de tres décadas. Los ataques aéreos garantizaron un firme apoyo popular a Sandino y su ejército, pues eran vistos desde abajo como actos de terror indiscriminado.

Los aviadores nortemericanos tenían órdenes de imposibles de cumplir, es decir, no tocar un pelo a la población civil y aplastar al mismo tiempo a los insurgentes. El método a seguir era atacar sólo a la gente si llevaban armas, si se encontraban en las proximidades de una acción guerrillera reciente, o si mostraban una actitud sospechosa, como correr para ponerse a cubierto. Los aviones de reconocimiento buscaban guerrilleros en modo omnipresente, “volando tan bajo como para mirar a través de las puertas y ventanas[i]”.

Los aviadores empleaban indicadores de la presencia de la guerrilla como la proporción de hombres y mujeres en una aldea, la cantidad de ropa tendida o el número de animales de tiro que se podía ver. El jefe de la unidad aérea, mayor Rowell, poseía información sobre las técnicas y resultados obtenidos por otros poderes coloniales en tareas similares a la suya y pretendía aprender de sus errores, evitando el bombardeo deliberado de niños, mujeres y animales que practicaba la aviación militar británica, francesa, italiana y española.

Rowell intentó utilizar la técnica del “policía de barrio” que conoce bien su territorio y detecta inmediatamente cualquier cambio sospechoso. Pero lo que podía funcionar en las calles de Londres o Nueva York era de difícil aplicación en los campos de Nicaragua. Rowell se vio obligado incluso a contradecir una de sus propias reglas de detección de sospechosos, al admitir que “los pilotos deberán tener en cuenta siempre que en ocasiones personas inocentes corren a esconderse ante la llegada de los aeroplanos[ii]”.

[i] JENNINGS, K. A. : Sandino Against The Marines: The Development of Air Power for Conducting Counterinsurgency Operations in Central America. Air University Review (jul 1986)

[ii] JOHNSON, W.R.: Airpower and Restraint in Small Wars. Marine Corps Aviation in the Second Nicaraguan Campaign, 1927-33. Aerospace Power Journal (fall 2001)

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