Si yo te olvidara, oh Jerusalén

Ari Ben Canaán, disfrazado de Paul Newman, trepa los muros de la fortaleza de Acre para salvar a los muchachos del Irgún. Es una escena de Éxodo, las película que nos enseñó todo lo que había que saber sobre Israel, su origen, fundamentos morales y prometedor desarrollo histórico. La escena final está llena de chicas con gorros de excursionista y pantalones cortos, pero no son girl scouts, sino combatientes del Haganá, que van a dar su merecido a los cien millones de árabes aulladores que rodean el minúsculo oasis israelí.

Para la gente que vio Éxodo y leyó Oh Jerusalén cuando correspondió, los sucesos de la frontera de Gaza 70 años después fueron un horrendo anticlímax. Pudimos ver a soldados de Israel provistos de rifles de precisión casi más grandes que ellos apuntar con tranquilidad y disparar y ver como vuela por los aires una rodilla a 400 metros de distancia y un palestino queda lisiado para siempre. Nada de chicas con pantalones cortos, solo soldados con uniformes complicados y armas de precisión llenas de llaves y manijas, con óptica de precisión y correas de kevlar.

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