26 de febrero de 2024

¡Detengan a ese río!


El peor caso de delincuencia contumaz en España cuenta con el apoyo de las autoridades socialistas. El delincuente es el río Ebro, y su crimen verter al mar nada menos que doce billones de litros de valiosa agua potable todos los años. El Ebro lleva haciendo esto impunemente desde hace millares de años. Hasta que no llegó al poder el gobierno popular, en 1996, nadie se había atrevido a poner coto a sus desmanes.

Pero el plan hidrológico del PP, que pretendía meter en cintura a la díscola corriente de agua –desviando parte de sus aguas para vivificar las sedientas tierras levantinas– no pudo ser llevado a su fin por oscuras conspiraciones socialistas, sin duda en connivencia con la masonería, el ecologismo y otras organizaciones antiespañolas.


El Ebro quedó libre para delinquir nuevamente (triste metáfora de la blanda actitud general de la progresía ante los criminales) y el Levante volvió a crujir de sed, sus campos agostados por la desidia criminal marxista.

Ante este auténtico golpe de estado hidrológico, ¿qué opción le queda al ciudadano? Sólo una: la acción directa. No hagamos ningún caso de las hipócritas campañas gubernamentales de ahorro de agua. Abramos los grifos a chorro todo el día. Reguemos céspedes y llenemos piscinas. Acabarán por ceder, no lo duden. Tendrán que devolvernos esos doce billones de litros de agua dulce a sus legítimos propietarios, los españoles, disciplinando de paso a un río criminal. Entonces, y solo entonces, nos plantearemos cerrar el grifo mientras nos lavamos los dientes.

Ilustración: el río Ebro vertiendo agua con saña al Mediterráneo

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