{"id":18771,"date":"2026-03-04T11:37:23","date_gmt":"2026-03-04T10:37:23","guid":{"rendered":"https:\/\/aeropinakes.com\/wordpress\/?p=18771"},"modified":"2026-03-04T11:39:43","modified_gmt":"2026-03-04T10:39:43","slug":"colapso-ni-canones-ni-mantequilla","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/aeropinakes.com\/wordpress\/2026\/03\/04\/colapso-ni-canones-ni-mantequilla\/","title":{"rendered":"Colapso: ni ca\u00f1ones ni mantequilla"},"content":{"rendered":"<h6><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-18772 size-full\" src=\"https:\/\/aeropinakes.com\/wordpress\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/1944-certificadodesinfectaciondestacada.jpg\" alt=\"\" width=\"1000\" height=\"581\" srcset=\"https:\/\/aeropinakes.com\/wordpress\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/1944-certificadodesinfectaciondestacada.jpg 1000w, https:\/\/aeropinakes.com\/wordpress\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/1944-certificadodesinfectaciondestacada-300x174.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 1000px) 100vw, 1000px\" \/><\/h6>\n<h6>El certificado que se obten\u00eda en las Casas de Higiene madrile\u00f1as a comienzos de la d\u00e9cada de 1940.<\/h6>\n<p>Los madrile\u00f1os, sobre todo los de los barrios del sur, vieron acercarse los meses finales de 1941 con aprensi\u00f3n. Para ellos era el sexto invierno de calamidades. En noviembre de 1936 el ej\u00e9rcito nacionalista hab\u00eda sido detenido a las puertas de la ciudad, pero acto seguido se hab\u00eda implantado el racionamiento, que fue cada vez m\u00e1s draconiano a medida que avanzaba la guerra. Las esperanzas de una r\u00e1pida mejora de las condiciones de vida tras la entrada de las fuerzas nacionales en abril de 1939 no se hab\u00edan cumplido. El racionamiento no solo no hab\u00eda terminado, sino que se hab\u00eda implantado en todo el territorio nacional, y era peor que el de la guerra civil. En septiembre de 1939 Europa entr\u00f3 en guerra, alejando una vez m\u00e1s la esperanza de una vida mejor. En junio de 1941 Alemania invadi\u00f3 la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica y diciembre, con la entrada de Estados Unidos en la guerra contra Jap\u00f3n, la masacre ya se hizo universal.<\/p>\n<p>Espa\u00f1a no estaba en guerra contra ning\u00fan pa\u00eds. La divisi\u00f3n enviada a unirse a la Wehrmacht en el frente del Este luchaba oficialmente contra el comunismo en abstracto, y la URSS se abstuvo de declarar la guerra a Espa\u00f1a tras tama\u00f1o acto de hostilidad, lo que seguramente salv\u00f3 al r\u00e9gimen, pues los aliados brit\u00e1nicos y norteamericanos habr\u00edan tenido que guerrear acto seguido contra Espa\u00f1a. Parec\u00eda que nadie deseaba tal cosa, y no era precisamente porque Espa\u00f1a fuera una potencia a tener en cuenta en ese momento de la historia. Hab\u00eda un cuarto de mill\u00f3n de personas en campos de concentraci\u00f3n y c\u00e1rceles m\u00e1s o menos improvisadas, una de cada cien personas. La cosecha de trigo del verano solo alcanzaba al 60% de lo necesario para alimentar a la poblaci\u00f3n. No hab\u00eda gasolina para los camiones y poco carb\u00f3n para mover los trenes. En agosto de 1941 un informe de la Direcci\u00f3n General de Sanidad advirti\u00f3 que en el invierno que se acercaba pod\u00edan producirse \u201centre 1,7 y 2 millones de fallecimientos por hambre o enfermedades relacionadas con la desnutrici\u00f3n\u201d. (vvv)<\/p>\n<p>A comienzos de diciembre de 1941, mientras el ej\u00e9rcito alem\u00e1n fracasaba en su intento de tomar Mosc\u00fa y Alemania perd\u00eda as\u00ed la guerra, lo que tendr\u00eda su importancia para el futuro del franquismo, Espa\u00f1a se enfrent\u00f3 a lo que se llamar\u00eda medio siglo despu\u00e9s una cat\u00e1strofe humanitaria: la muerte de centenares de miles de personas de hambre, fr\u00edo y enfermedad. Era la peor coyuntura posible, por m\u00faltiples razones que se sumaron para acercar el pa\u00eds al colapso.<\/p>\n<p>La producci\u00f3n interior de alimentos, que tradicionalmente era el 90% del abastecimiento, funcionaba con varios frenos de mano echados, principalmente la aguda escasez de nitr\u00f3geno y otros fertilizantes. La otra mitad del ecosistema agrario, los animales, hab\u00edan perdido efectivos durante la guerra civil, lo que significaba menos esti\u00e9rcol por un lado y unos efectivos de mulas, asnos, caballos y bueyes de tiro mermados. Tractores nunca hab\u00eda habido muchos, y la cosa fue a menos: muchas m\u00e1quinas hab\u00edan sido militarizadas y destruidas y no hab\u00eda gasolina para mover los que quedaban.<\/p>\n<p>Los env\u00edos de alimentos del exterior, que se anunciaban minuciosamente en los peri\u00f3dicos con la f\u00f3rmula \u201cTrigo (o az\u00facar, o cualquier otra cosa) para Espa\u00f1a\u201d, llegaban con cuentagotas, en barcos navegando por mares peligrosos en plena guerra submarina contra los mercantes. En a\u00f1os previos a la guerra hab\u00eda sido normal la necesidad de importar algunos cientos de miles de toneladas de trigo cada a\u00f1o para llegar a la cifra de cuatro millones de toneladas que se consideraba necesaria para el abastecimiento b\u00e1sico de pan.<\/p>\n<p>Tras la guerra, habr\u00eda sido necesario importar mucho m\u00e1s trigo, pero eso no fue posible. Espa\u00f1a hab\u00eda elegido muy mal sus aliados: la Alemania nazi y la Italia fascista eran in\u00fatiles como abastecedores de alimentos, y tanto Gran Breta\u00f1a como los Estados Unidos, que controlaban las rutas de suministro, abrieron y cerraron el grifo de los env\u00edos de alimentos siguiendo criterios estrat\u00e9gicos, consistentes en reducir al m\u00ednimo la colaboraci\u00f3n de Espa\u00f1a con el Eje evitando al mismo tiempo que su poblaci\u00f3n muriera de hambre.<\/p>\n<p>No menos importante, la red de comunicaciones interiores estaba seriamente da\u00f1ada. Los ferrocarriles estaban reducidos a una fracci\u00f3n de su capacidad normal de carga por falta de vagones y locomotoras y no hab\u00eda gasolina para el transporte por carretera, muchos camiones alimentaban el motor quemando madera en un gas\u00f3geno. En estas condiciones, la reducida producci\u00f3n de alimentos se mov\u00eda con lentitud hacia los lugares donde se necesitaba el suministro. La lentitud era literal. Los camiones movidos con gas\u00f3geno no pod\u00edan moverse muy r\u00e1pido, y los neum\u00e1ticos gastados deb\u00edan sustituirse por otros fabricados con un material suced\u00e1neo \u201cde bajo contenido en caucho\u201d que Firestone Hispania, su fabricante, recomendaba usar con tres precauciones: cargar un 25% menos de la carga normal, no superar nunca los 40 km\/h, y parar con frecuencia para enfriar los neum\u00e1ticos. (2). Desde la ausencia de nitrato de Chile a los suced\u00e1neos de neum\u00e1ticos, pasando por la feroz burocracia de la producci\u00f3n de alimentos, todo se sum\u00f3 para producir el hambre.<\/p>\n<p>Desde 1905, cuando el clima se volvi\u00f3 loco en la mitad sur de la Pen\u00ednsula, no se hab\u00eda registrado en Espa\u00f1a ning\u00fan a\u00f1o del hambre. El de 1905 fue el \u00faltimo episodio de una serie de hambrunas que asolaron Andaluc\u00eda durante el siglo XIX (se contaron cinco, incluyendo la m\u00e1s prolongada, de 1834-1835). Estas hambrunas eran m\u00e1s bien de origen clim\u00e1tico, principalmente cuando faltaba el suministro de agua de lluvia y las cosechas se perd\u00edan, y no sol\u00edan durar m\u00e1s de un a\u00f1o (3).<\/p>\n<p>La Gran Hambruna de 1939-1949 fue algo muy distinto. Afect\u00f3 a todo el pa\u00eds (aunque el sur se llev\u00f3 la peor parte) y dur\u00f3 mucho tiempo, con una fase muy dura entre 1940 y 1943 y otra intensa en 1946. No tiene explicaci\u00f3n climatol\u00f3gica (excepto en 1946, cuando hubo una gran sequ\u00eda). Tuvo una fase inicial entre 1936-1939, como uno m\u00e1s de los desastres de la guerra. Los primeros brotes surgieron en Madrid, en el invierno de 1936-1937. En un a\u00f1o el hambre se extendi\u00f3 a toda la zona republicana. En el verano de 1939 la penuria ya era generalizada en toda Espa\u00f1a.<\/p>\n<p>El hambre republicana era una consecuencia directa de la guerra y se pod\u00eda explicar por la dislocaci\u00f3n del pa\u00eds, pues las zonas m\u00e1s productoras de trigo y alimentos en general estaban en manos nacionalistas. La Rep\u00fablica se qued\u00f3 con las grandes ciudades y las industrias, pero los campos de trigo estaban fuera de su alcance.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de acabar la guerra esta dislocaci\u00f3n desapareci\u00f3, pero fue entonces cuando comenz\u00f3 el hambre de verdad. Con la guerra terminada, \u00bfqu\u00e9 pas\u00f3? Parad\u00f3jicamente, tal vez las buenas cosechas de trigo de los a\u00f1os 30 fueron causantes indirectas de la hambruna de los a\u00f1os 40. Los cosechones de 1932 y 1934, de m\u00e1s de cinco millones de toneladas, asustaron al establishment triguero. Tanto grano promov\u00eda el anatema, la bajada de los precios de tan precioso producto. Durante la guerra, el gobierno nacionalista cre\u00f3 el Servicio Nacional del Trigo (en 1937) para gestionar la abundancia, no la escasez. La idea general era desincentivar la producci\u00f3n de trigo, de manera que cosechas m\u00e1s reducidas volvieran a colocar los precios en su sitio. Pero, al mismo tiempo, hab\u00eda que alimentar a la poblaci\u00f3n, y el trigo era la mitad irreductible de la comida, lo que manten\u00eda a la gente con vida. Y eso quer\u00eda decir que los precios deb\u00edan bajar, so pena de matar de hambre a la gente. La soluci\u00f3n, propia de tiempos de guerra, fue controlar toda la cosecha de trigo, hasta el \u00faltimo grano, y comprarla a precio fijo y bajo. Esta pol\u00edtica se sigui\u00f3 aplicando autom\u00e1ticamente hasta que se afloj\u00f3 a lo largo de la d\u00e9cada de 1950.<\/p>\n<p>La pol\u00edtica oficial de control r\u00edgido de precios y producciones se revel\u00f3 desastrosa. El 4 de diciembre de 1941, el Gobierno admiti\u00f3 de plano la miseria alimentaria que asolaba el pa\u00eds, con una nota (\u00abAumento del racionamiento nacional\u00bb) que publicaron los peri\u00f3dicos. Cautelosamente, la nota afirma, tras prometer un aumento de la raci\u00f3n de carne: \u00abAdem\u00e1s, probablemente, se lograr\u00e1 una pol\u00edtica de precios que, compensando al productor por sus gastos y d\u00e1ndole un margen de leg\u00edtimo beneficio, permitir\u00e1, sobre todo a los poseedores de cartillas de tercera categor\u00eda, la adquisici\u00f3n del carne a precios asequibles a sus jornales\u00bb (4). Esta nota oficial apoya la explicaci\u00f3n de los a\u00f1os del hambre basada en la pol\u00edtica de precios. El Gobierno pagaba poco por el trigo o la carne, as\u00ed que los agricultores y ganaderos no ten\u00edan incentivos para aumentar la producci\u00f3n, entregaban el cupo reglamentario y desviaban el resto al mercado negro, que pagaba mucho m\u00e1s.<\/p>\n<p>Con tantos problemas juntos, bastaba un peque\u00f1o empuj\u00f3n para que todo el endeble edificio se viniera abajo. Podr\u00eda ser un invierno excepcionalmente crudo (los inviernos de 1941 a 1945 fueron severos, seg\u00fan el climat\u00f3logo Inocencio Font Tullot (5), una epidemia de tifus exantem\u00e1tico o una cosecha m\u00e1s reducida de la ya reducida normalidad de los primeros a\u00f1os de la posguerra. Cualquiera de estos disparadores habr\u00eda dado las condiciones para reforzar un ciclo de desnutrici\u00f3n y epidemia que habr\u00eda provocado la muerte de cientos de miles de personas. No ocurri\u00f3 tal cat\u00e1strofe de manera repentina, pero algunos estudiosos creen que, de manera m\u00e1s prolongada y subterr\u00e1nea, murieron en torno a 200.000 personas por causas relacionadas directamente con la penuria (6).<\/p>\n<p>Los que viv\u00edan de un salario escaso lo pasaron peor. No era posible subsistir con los alimentos proporcionados por el racionamiento, que apenas cubr\u00eda entre un tercio y la mitad de las necesidades de comida, y no era posible pagar los precios del mercado negro. Los trabajadores, sencillamente, se quedaron sin fuerzas. Los mineros de Pe\u00f1arroya, dec\u00eda p\u00fadicamente un informe empresarial, \u201cno estaban bien alimentados en relaci\u00f3n con el trabajo exigido\u201d (7). La C\u00e1mara de Comercio de Menorca informaba fr\u00edamente en 1943 que \u201cel obrero en la actualidad no puede dar el rendimiento que dan en tiempos normales, con motivo de que su alimentaci\u00f3n es de todo punto insuficiente\u201d (8). La Estad\u00edstica Minera de 1946 anotaba una anomal\u00eda estad\u00edstica en los accidentes mineros en la provincia de Ja\u00e9n: se reduc\u00edan los accidentes por explosivos y hundimientos y aumentaban en cambio las ca\u00eddas en pozos y calderines. La causa probable era que algunos mineros, al borde de la inanici\u00f3n, se mareaban y perd\u00edan el conocimiento, aseguraba el informe oficial.<\/p>\n<p>Los que viv\u00edan de la tierra y conservaban su autosuficiencia alimentaria ten\u00edan m\u00e1s posibilidades de disponer de m\u00e1s comida, siempre listos para ocultarla de los voraces inspectores de la Fiscal\u00eda de Tasas y la Comisar\u00eda de Abastecimientos y Transportes y tambi\u00e9n para venderla a los habitantes de las ciudades cercanas, si les sobraba algo. Muchos labriegos de zonas apartadas con poco impacto de la agricultura comercial, en las monta\u00f1as de Le\u00f3n o en el altiplano de Soria, siguieron viviendo de sus tierras y el huerto, y simplemente cancelaron o redujeron sus compras de bacalao y az\u00facar. Junto con los ricos en general, estos fueron los que mejor lo pasaron. En el extremo opuesto, las ciudades y las zonas de agricultura comercial, como el valle del Guadalquivir, se llevaron la peor parte.<\/p>\n<p>El sistema alimentario espa\u00f1ol tradicional estaba organizado como un melocot\u00f3n: un n\u00facleo duro de vegetales de resistencia (cereales, patatas, aceite y legumbres) que proporcionaba las tres cuartas partes de la subsistencia, con un elemento central fundamental que se llevaba la mitad (el pan) y una envoltura de goller\u00edas de m\u00e1s a menos apreciadas e importantes (desde la carne a la fruta).<\/p>\n<p>En 1941 la ciencia de la nutrici\u00f3n humana parec\u00eda madura y bien asentada. Grasas, hidratos de carbono y prote\u00ednas eran los componentes b\u00e1sicos necesarios para una buena alimentaci\u00f3n, complementados por otros menos aparentes pero tambi\u00e9n importantes, como las vitaminas y los minerales. En Reino Unido, ya desde 1939, serios comit\u00e9s cient\u00edficos hab\u00edan dise\u00f1ado la dieta de guerra, espartana pero suficiente, que el estado deb\u00eda garantizar a la poblaci\u00f3n. En Espa\u00f1a eso fue imposible. El estado organiz\u00f3 el racionamiento de los alimentos b\u00e1sicos (desde el pan al az\u00facar) y a partir de ah\u00ed la gente se busc\u00f3 la vida como pudo. El racionamiento espa\u00f1ol fue incapaz de proporcionar en cantidad suficiente el suministro b\u00e1sico, el \u00abn\u00facleo duro\u00bb.<\/p>\n<p>El pan negro, exageradamente integral y muchas veces con mezclas de harinas nunca vistas, provoc\u00f3 epidemias alternas de estre\u00f1imiento y diarreas. La avitaminosis prolifer\u00f3, pues era m\u00e1s barato transportar harina o patatas que frutas y otras goller\u00edas. La tuberculosis se multiplic\u00f3, pues era una enfermedad que se curaba con una dieta sana rica en alimentos frescos, justo lo que no hab\u00eda. Las huertas locales, la costumbre de comer legumbres y las latas de sardinas, verdaderas bombas de f\u00f3sforo, hierro y otras cosas necesarias, evitaron lo peor.<\/p>\n<p>La sarna prolifer\u00f3, auxiliada por las carencias de vitaminas y minerales. Y los antis\u00e1rnicos en pomadas proliferaron en las p\u00e1ginas de los peri\u00f3dicos, cuando una verdadera epidemia de sarna se abati\u00f3 sobre el pa\u00eds y origin\u00f3 los llamados \u201ca\u00f1os del Barachol\u201d. Los muchos anuncios de antis\u00e1rnicos no ten\u00edan contemplaciones, iban directos al grano y llegaban a acusar a la competencia de \u201capestar a letrina\u201d.<br \/>\nLa sarna prolifer\u00f3 en ambientes de personas hacinadas y mal alimentadas que compart\u00edan ropa e instalaciones comunes. Muchas veces estas personas no ten\u00edan la posibilidad de darse una ducha y menos diaria, de ah\u00ed el reclamo publicitario de que la pomada antipar\u00e1sitos se pod\u00eda aplicar \u201csin ba\u00f1o\u201d. La sarna no se consideraba un problema sanitario de primera magnitud como el tifus, que requiri\u00f3 el empleo del ej\u00e9rcito para su control, sino m\u00e1s bien como una molestia vergonzosa.<br \/>\nEl jab\u00f3n estaba estrictamente racionado, y surgieron diversos suced\u00e1neos, como un misterioso producto anunciado en la prensa, \u00abJabonia\u00bb, que \u00absustituye al jab\u00f3n con buenos resultados\u00bb y del que no se conoce su composici\u00f3n (9). Fue una \u00e9poca de limpiezas heroicas y espor\u00e1dicas. Siendo el jab\u00f3n caro y escaso y no abundando en general el agua corriente en cada vivienda \u2013un importante reclamo de la calidad de un piso\u2013, las plagas estaban servidas en abundancia. En sus variantes m\u00e1s benignas, pod\u00eda tratarse de piojos, chinches y liendres de toda clase.<\/p>\n<p>El estado reaccion\u00f3 a la amenaza de las ladillas mediante el establecimiento en los suburbios de las grandes ciudades de Estaciones de Despiojamiento con anexos de ba\u00f1os y duchas.<br \/>\nEn Madrid las hab\u00eda en Vallecas (desde 2 abril de 1943) y Carabanchel Bajo (desde 15 febrero de 1944), llamadas \u00abCasa de Higiene n\u00fam 1\u00bb y \u00abCasa de Higiene n\u00fam 2&#8243;. La adusta fachada correspond\u00eda con el interior. El agente principal empleado en la destrucci\u00f3n de par\u00e1sitos era el \u00e1cido cianh\u00eddrico (10), sustituido a partir de 1945 por el DDT, que ten\u00eda la ventaja de que se pod\u00edan fumigar las ropas con su propietario dentro de ellas. El gas t\u00f3xico se enviaba a las dos c\u00e1maras de desinsectaci\u00f3n, de 21 metros c\u00fabicos cada una, que eran parte de las instalaciones de las Casas de Higiene. En las c\u00e1maras se despiojaba la ropa de los que eran procesados en estas instituciones, que tomaban un ba\u00f1o desinfectante en las galer\u00edas de duchas con capacidad para 50 personas. A los que eran atendidos en estos centros se les proporcionaba un certificado como el que sigue:<\/p>\n<p>F.E.T. y de las J.O.N.S.<br \/>\nAuxilio Social<br \/>\nCASA DE HIGIENE DE VALLECAS<br \/>\nCertificado de Desinfecci\u00f3n y Desinsectaci\u00f3n<br \/>\n&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;<br \/>\nha sido desinfectado y sus ropas desinsectadas en el d\u00eda<br \/>\nde la fecha<br \/>\nMadrid, &#8230;&#8230;.. de &#8230;&#8230;. de 194&#8230;<br \/>\nEl M\u00e9dico Director,\u00bb<\/p>\n<p>Las estad\u00edsticas oficiales muestran que las mujeres empleaban m\u00e1s el servicio que los hombres y que el total de desinsectados ascendi\u00f3 a 283.324, cerca del 20% de la poblaci\u00f3n de la ciudad (11). Estas instalaciones permanentes hab\u00edan sido precedidas por m\u00faltiples desparasitaciones en plan militar, parte de una fumigaci\u00f3n general de la poblaci\u00f3n que empez\u00f3 en plan propagand\u00edstico pero que termin\u00f3 como parte de un esfuerzo desesperado para atajar las epidemias.<\/p>\n<p>En mayo de 1939 ya funcionaban tres centros improvisados de desparasitaci\u00f3n en Madrid, que se encargaban de desinsectar la ropa y de proporcionar un ba\u00f1o a las personas que lo necesitasen. Fue parte de la Gran Limpieza de Madrid de la \u201cmugre marxista\u201d, que las nuevas autoridades proclamaron a los cuatro vientos. Pero no mucho despu\u00e9s la propaganda dej\u00f3 paso a una seria preocupaci\u00f3n por la salud p\u00fablica (12).<\/p>\n<p>Hac\u00eda m\u00e1s de veinte a\u00f1os que el tifus no era considerado una amenaza seria, pero las circunstancias del invierno de 1941 hac\u00edan esperar lo peor. La epidemia se manifest\u00f3 primero en una antigua azucarera de Guadix (Granada) habilitada como c\u00e1rcel improvisada, sin apenas agua corriente ni servicio sanitario alguno, y luego en un asilo de mendigos de Sevilla. Hab\u00eda cientos de establecimientos de este tipo por todo el pa\u00eds, y los continuos traslados de presos de un penal a otro facilitaban la diseminaci\u00f3n de la plaga. No eran solo los presos: en todo el pa\u00eds \u2013incluso en un pa\u00eds donde hab\u00eda que conseguir un salvoconducto para justificar cualquier desplazamiento\u2013 los movimientos de poblaci\u00f3n fueron continuos desde el fin de la guerra, la peor situaci\u00f3n posible para detener una plaga. La epidemia de tifus exantem\u00e1tico, que creci\u00f3 de manera amenazadora a lo largo de 1941 para perder fuerza en 1942, fue detenida a base de \u201ctiendas, barracones, jab\u00f3n, petr\u00f3leo, mantas y estufas\u201d \u2013y \u00e1cido cianh\u00eddrico, si hay que creer al Dr. Palanca, Director General de Sanidad entre 1936 y 1956 (13).<\/p>\n<p>Es muy posible que los centros de despiojamiento repartidos por todo el pa\u00eds se abastecieran de las existencias almacenadas en Valencia de cianuro pot\u00e1sico y s\u00f3dico para el tratamiento de los naranjos. Antes de la guerra civil Degesch, fabricante del gas Zyklon que se utiliz\u00f3 en Auschwitz, anunciaba en Espa\u00f1a su producto Calcid, un procedimiento de fumigaci\u00f3n con \u00e1cido cianh\u00eddrico para naranjos y olivos. Su firma asociada, Degussa, vend\u00eda cianuro de sodio a los agricultores valencianos con el reclamo \u201cEl cianuro alem\u00e1n es el m\u00e1s acreditado\u201d (14).<\/p>\n<p>Hubo otras emergencias potencialmente desastrosas, una epidemia de difteria y otra de viruela que pudieron ser atajadas a tiempo (esta \u00faltima a base de vacunaciones masivas). Y persist\u00edan los problemas tradicionales de la salud p\u00fablica espa\u00f1ola, agravadas por la penuria de aquel tiempo, como el paludismo y el tracoma, end\u00e9micos en el sur, o la ti\u00f1a. La ti\u00f1a era tan frecuente entre los ni\u00f1os mendigos, que sol\u00edan ser recogidos en masa, que en ocasiones m\u00e1s del 50% estaban afectados. Los servicios m\u00e9dicos de auxilio social informaron del tratamiento radical que se aplic\u00f3 a un millar de ni\u00f1os infectados: una dosis de radiaci\u00f3n de 400 Roentgen, suficiente para provocar la ca\u00edda del cabello. Luego se les depilaba y desinfectaba (15).<\/p>\n<p>Los accidentes no eran solo ca\u00eddas individuales, como las de los mineros de Ja\u00e9n. El colapso general se tradujo en una alta frecuencia de desastres, chernobiles de diferente gravedad en que las circunstancias generales de penuria se traduc\u00edan en fallos catastr\u00f3ficos. El accidente de Torre del Bierzo muestra esta cadena particular de errores con bastante claridad.<\/p>\n<p>En Torre del Bierzo, el 3 de enero de 1944, todo lo que pod\u00eda salir mal sali\u00f3 mal. El expr\u00e9s de Galicia perdi\u00f3 los frenos y se estamp\u00f3 dentro del t\u00fanel con una locomotora que maniobraba unos vagones. Luego lleg\u00f3 un pesado tren carbonero, que crey\u00f3 que las se\u00f1ales rotas por el accidente indicaban v\u00eda libre y se estrell\u00f3 a su vez contra el convoy accidentado. Los vagones repletos de pasajeros del expr\u00e9s ardieron dentro del estrecho t\u00fanel, lo que hizo la huida imposible para muchos. El balance oficial de v\u00edctimas fue de 78, pero todo el mundo sab\u00eda que eran muchas m\u00e1s, hasta 500 u 800, cifras aterradoras que terminaron en el libro Guinness de los R\u00e9cords. Investigaciones solventes recientes creen que el n\u00famero total de v\u00edctimas no super\u00f3 los 200 (16).<\/p>\n<p>El silencio informativo sobre un accidente de esta gravedad fue casi completo. Los peri\u00f3dicos publicaron breves noticias en p\u00e1ginas interiores el d\u00eda siguiente, y luego nada: ni reportajes sensacionalistas, ni fotos ni titulares.<\/p>\n<p>El responsable principal de la tragedia fue un material rodante abusado hasta el l\u00edmite. Locomotoras que deb\u00edan haber pasado al desguace hac\u00eda a\u00f1os continuaban tirando de pesados convoyes en un sistema ferroviario abrupto y plagado de t\u00faneles, viaductos y rampas. Dada la escasez de camiones, autobuses y buenas carreteras, el ferrocarril era la \u00fanica manera de mover mercanc\u00edas y pasajeros en cantidad en la Espa\u00f1a de la \u00e9poca. Los ferroviarios eran considerados desafectos al r\u00e9gimen, cosa justificada por su historial de huelgas antes de la guerra civil y su resistencia a la sublevaci\u00f3n militar, y este accidente de Torre del Bierzo y muchos otros fueron achacados en principio a sabotajes. La investigaci\u00f3n revel\u00f3 m\u00e1s bien lo contrario, un comportamiento heroico de fogoneros y maquinistas que hicieron todo lo posible, sin esperanzas, para evitar la cat\u00e1strofe.<\/p>\n<p>El sistema de cadena de mando f\u00e9rreo propia del sistema franquista, de la Superioridad a mi Autoridad, parece que tambi\u00e9n tuvo alg\u00fan papel en la tragedia al evitar la toma de decisiones algo m\u00e1s prudentes que las que se tomaron.<\/p>\n<p>Torre del Bierzo fue la punta de un gran iceberg de accidentes y cat\u00e1strofes, no solamente en los ferrocarriles, sino en f\u00e1bricas, instalaciones militares, presas y en general obras p\u00fablicas. El desastre del Polvor\u00edn de Pe\u00f1aranda de Bracamonte, el 9 de julio de 1939, caus\u00f3 m\u00e1s de 100 muertos e incontable destrucci\u00f3n en la localidad. El 18 de agosto de 1947 salt\u00f3 por los aires el dep\u00f3sito de municiones de la Armada en C\u00e1diz, lo que provoc\u00f3 cuantiosos da\u00f1os en la ciudad y m\u00e1s de 150 muertos. Hubo muchos m\u00e1s, aparatosos o simplemente un reguero continuo de accidentes de trabajo que dejaba enormes cifras de muertos y heridos. Las causas eran las propias del franquismo inferior: m\u00e1quinas abusadas, ausencia de procedimientos de seguridad, ordeno-y-mando para cumplir las cuotas y lo peor: el hambre, que se recoge como causa principal de accidente en las minas.<\/p>\n<p>En 1946 hubo 274 muertos y 305 heridos graves en las minas, seg\u00fan la estad\u00edstica minera oficial (17). Solo en la Cuenca Minera asturiana, (donde trabajaban 50.000 obreros) murieron 117, un desastre comparado con las 63 v\u00edctimas mortales de 1945. El informe correspondiente inclu\u00eddo en la Estad\u00edstica Minera no se tom\u00f3 la molestia de indagar causas estructurales de tantas muertes: simplemente ech\u00f3 la culpa a los mineros, se\u00f1alando como causa principal de tantas muertes \u00abla indisciplina, que cada a\u00f1o se acent\u00faa m\u00e1s\u00bb, detallando a continuaci\u00f3n el n\u00famero de obreros sorprendidos fumando en el interior o que al ser registrados llevaban \u00fatiles de fumar, o que hab\u00edan entregado la l\u00e1mpara desprecintada. Aquellos a\u00f1os fueron de auge minero carbonero, \u00fanico combustible comercial del que el pa\u00eds dispon\u00eda en grandes cantidades. Se necesitaban muchos trabajadores, se reduc\u00eda el miedo al despido y los mineros se relajaban, viene a decir entre l\u00edneas el informe.<\/p>\n<p>Se insinuaba en ocasiones que una \u00e9poca tan mala y tan larga era una especie de t\u00fanel expiatorio necesario para purgar tantos y tan horrendos pecados como se cometieron en tiempos de la Rep\u00fablica y la guerra. Pero, al final, Espa\u00f1a estaba en manos de la Providencia, que era quien ten\u00eda la \u00faltima palabra. El R\u00e9gimen aprovech\u00f3 la aleatoriedad propia del clima mediterr\u00e1neo para esgrimir un argumento a lo Felipe II: la mejor pol\u00edtica no pod\u00eda hacer nada si los elementos atmosf\u00e9ricos y en general naturales se pon\u00edan en contra. Por ejemplo, si no llov\u00eda cuando deb\u00eda.<\/p>\n<p>En 1953, cuando lo peor ya hab\u00eda pasado, la Industria Nacional del Nitr\u00f3geno public\u00f3 un anuncio a toda plana comunicando el aumento espectacular de la producci\u00f3n de fertilizantes (de 25.000 raqu\u00edticas toneladas en 1940 a 125.000 en 1952) que termina as\u00ed: \u00abConfiando en que Dios, en su Providencia, conceda a Espa\u00f1a un r\u00e9gimen favorable de lluvias, deseamos a todos los espa\u00f1oles, y a los agricultores en particular, un pr\u00f3spero y abundante a\u00f1o 1953\u00bb (18)<\/p>\n<p>\u2014&#8211;<\/p>\n<p>1- Margarita Vilar Rodr\u00edguez: Estrategias de supervivencia de las familias trabajadoras en el marco laboral hostil de la posguerra civil espa\u00f1ola (1939-1958). Departamento de Econom\u00eda Aplicada I, \u00c1rea de Historia e Instituciones Econ\u00f3micas, Facultad de Ciencias Econ\u00f3micas y Empresariales, Universidad de A Coru\u00f1a, 2006.<\/p>\n<p>2- La Vanguardia Espa\u00f1ola, 26 de septiembre de 1942.<\/p>\n<p>3- Nicol\u00e1s Salas: La hambruna de 1905. El Correo de Andaluc\u00eda, 23 de noviembre de 1917 (elcorreoweb.es).<\/p>\n<p>4- ABC de Sevilla, 4 de diciembre de 1941.<\/p>\n<p>5- Inocencio Font Tullot: Historia del clima de espa\u00f1a. Cambios clim\u00e1ticos y sus causas. Instituto Nacional de Metorolog\u00eda, 1988.<\/p>\n<p>6- Miguel Angel del Arco Blanco, La hambruna espa\u00f1ola, 2025.<\/p>\n<p>7- Cohen Amselem, A., Fleta Gonz\u00e1lez, A., Ram\u00edrez, F., &amp; de los Reyes Peis, E. (2006). La siniestralidad laboral en la miner\u00eda y la industria de Pe\u00f1arroya durante la primera mitad del siglo XX. Er\u00eda, (69), 75\u201395.<\/p>\n<p>8- David Ginard i Fer\u00f3n: Las condiciones de vida durante el primer franquismo. El caso de las islas Baleares. Universitat de les Iles Balears. Hispania, LXII\/3, num. 212 (2002) 1099-1128<\/p>\n<p>9- Patria, Granada, 12 de enero de 1941.<\/p>\n<p>10- En Espa\u00f1a, las fumigaciones de cosechas antiplagas con \u00e1cido cianh\u00eddrico comenzaron ya en 1910.<\/p>\n<p>11- Dr. Vent\u00edn: Las Casas de Higiene de Auxilio Social. &#8211; Madrid. Trabajos del Departamento M\u00e9dico de \u00abAuxilio Social\u00bb (1949).<\/p>\n<p>12- ABC, 20 de mayo de 1939.<\/p>\n<p>13- Jos\u00e9 Alberto Palanca: La sanidad en espa\u00f1a. El rostro de Espa\u00f1a, Editora nacional, 1947.<\/p>\n<p>14- El Progreso Agr\u00edcola y Pecuario, 7 de junio de 1936.<\/p>\n<p>15- Doctor S. Carlos Cam\u00fa\u00f1ez Pajares, Solans L\u00f3pez y Urioste Oterm\u00edn: Nuestra organizaci\u00f3n de lucha contra la tricoficia (mil casos tratados). Trabajos del Departamento M\u00e9dico de \u00abAuxilio Social\u00bb (1949).<\/p>\n<p>16- En Astorga Virtual (www.astorga.com\/articulo\/torre.htm).<\/p>\n<p>17- Estad\u00edstica Minera y Metal\u00fargica de Espa\u00f1a. Ministerio de Industria y Comercio- Direcci\u00f3n General de Minas y Combustibles. Formada y publicada por el Consejo de Miner\u00eda. A\u00f1o 1946. Bola\u00f1os y Aguilar, SL- Madrid (1947).<\/p>\n<p>18- ABC, 8 de enero de 1953.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El certificado que se obten\u00eda en las Casas de Higiene madrile\u00f1as a comienzos de la d\u00e9cada de 1940. 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