{"id":13928,"date":"1960-07-21T20:18:46","date_gmt":"1960-07-21T19:18:46","guid":{"rendered":"https:\/\/aeropinakes.com\/wordpress\/?post_type=reader&#038;p=13928"},"modified":"2019-12-13T19:07:25","modified_gmt":"2019-12-13T18:07:25","slug":"el-gorila-que-querriamos-ser","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/aeropinakes.com\/wordpress\/1960\/07\/21\/el-gorila-que-querriamos-ser\/","title":{"rendered":"El gorila que querr\u00edamos ser"},"content":{"rendered":"<h4><a href=\"https:\/\/aeropinakes.com\/wordpress\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/gorila.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-13929 size-full\" src=\"https:\/\/aeropinakes.com\/wordpress\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/gorila.jpg\" alt=\"\" width=\"852\" height=\"1076\" srcset=\"https:\/\/aeropinakes.com\/wordpress\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/gorila.jpg 852w, https:\/\/aeropinakes.com\/wordpress\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/gorila-238x300.jpg 238w, https:\/\/aeropinakes.com\/wordpress\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/gorila-811x1024.jpg 811w\" sizes=\"(max-width: 852px) 100vw, 852px\" \/><\/a>Una gorila joven en el zool\u00f3gico de Berl\u00edn.<\/h4>\n<p>Los gorilas de los zool\u00f3gicos nunca dejan indiferentes a los visitantes. Una cebra parece un caballo a rayas, y un hipop\u00f3tamo un cerdo muy grande y chapoteador. Pero un gorila se asemeja a un ser humano encerrado en un corpach\u00f3n peludo, que nos mira desde el otro lado del cristal protector. Muchos observadores de gorilas enjaulados han detectado gestos de fastidio y complicidad en estos enormes simios, cuando el jaleo que arma alg\u00fan vocinglero grupo de visitantes amenaza con hacerse insoportable. Entonces, el gorila escoge a uno de los que le observan, el que parece m\u00e1s receptivo, y le dirige una larga mirada cargada de profundos significados. \u201cNo se puede luchar contra la estupidez\u201d \u2013o cualquier otra sentencia filos\u00f3fica de profundidad comparable &#8211; dice con toda claridad esa mirada. Despu\u00e9s, el animal opta por mostrar una estudiada indiferencia y vuelve la espalda a los espectadores, observ\u00e1ndose con profundo inter\u00e9s los pelos de la barriga o mordisqueando una fruta.<\/p>\n<p>De tanto repetir que \u201ccontra la opini\u00f3n general, los gorilas son pac\u00edficos y bondadosos\u201d hemos llegado a cre\u00e9rnoslo. Los gorilas son el simio budista por excelencia, el \u00fanico que ha alcanzado la iluminaci\u00f3n y que por ende vive en un estado perpetuo de nirvana. Un gorila adulto es la persona que todos los humanos querr\u00edan ser: noble, poderoso, pac\u00edfico y leal. El gorila no te arranca la cabeza de cuajo \u2013cosa que podr\u00eda hacer perfectamente\u2013 porque no quiere. Prefiere observarte a cierta distancia, con la mirada indulgente que le da la conciencia de su propia sabidur\u00eda reposada frente a la continua agitaci\u00f3n y al temblor que domina a la endeble tropilla de humanos que lo contempla desde el otro lado del claro.<\/p>\n<p>Las visitas a gorilas son una parte de la industria del entretenimiento de rango comparable a la \u00f3pera o las superproducciones de Hollywood. Como estas, asegura emociones fuertes, pero tiene el prestigio a\u00f1adido de requerir cierta cantidad de esfuerzo y dedicaci\u00f3n. Uno no va a ver gorilas en su ambiente como va a tomar una cerveza con gambas. No obstante, la industria tur\u00edstica ha conseguido una cierta racionalizaci\u00f3n de la producci\u00f3n: los gorilas que pueden recibir visitantes son grupos habituados, entrenados por los trabajadores y estudiantes de los centros primatol\u00f3gicos cercanos para soportar con buen talante la presencia de humanos. El impacto emocional de estas visitas es grande entre los profesionales liberales:<\/p>\n<p>\u201cCuando el gu\u00eda nos pidi\u00f3 que volvi\u00e9ramos despu\u00e9s de haber pasado exactamente una hora con los gorilas, partimos de un humor muy melanc\u00f3lico. Caminamos de regreso sobre el resbaladizo terreno hasta el campamento, primero en silencio, luego susurrando. Despu\u00e9s de que la emoci\u00f3n y la tensi\u00f3n se relajaron un poco, intercambiamos fuertes e intensas impresiones. Un broker joven de Nueva York lleg\u00f3 a decir, con l\u00e1grimas en los ojos, \u00abesto fue como subir al para\u00edso\u00bb (1).<\/p>\n<p>El gorila no utiliza instrumentos, aunque podr\u00eda hacerlo si le viniera en gana (2). No se afana persiguiendo animales por ah\u00ed y mendigando comida a sus compa\u00f1eros m\u00e1s afortunados si no ha conseguido \u00e9xito en la caza. Come vegetales, que selecciona y mastica con la misma parsimonia que un lord bien alimentado. No es grit\u00f3n ni pendenciero. Las pocas veces en que considera necesario hacer ruido organiza una representaci\u00f3n oper\u00edstica en toda regla, que culmina con el furioso tenor d\u00e1ndose golpes en el pecho entre resonantes rugidos, mientras los humanos yacen a sus pies en abyectas posturas de sumisi\u00f3n, confiando en que la bestia no pase de las amenazas a los hechos. El gorila eligi\u00f3 el camino correcto. Es un animal en paz con el planeta.<\/p>\n<p>Al igual que los ni\u00f1os, los primeros gorilas fueron fotografiados muertos. Los ni\u00f1os eran incapaces de permanecer absolutamente quietos durante los largos minutos de exposici\u00f3n que requer\u00edan las poco sensibles emulsiones de la primera mitad del siglo XIX. Los gorilas, muchos a\u00f1os despu\u00e9s, deb\u00edan ser cazados a tiros y transportados acto seguido con gran dispendio de porteadores hasta la aldea m\u00e1s cercana, donde los fot\u00f3grafos de la expedici\u00f3n los inmortalizaban. Era preciso sujetar al animal de alguna forma para que al menos el tronco y la cabeza permaneciesen derechos pues, a diferencia de un b\u00fafalo o un elefante, un gorila muerto tendido en el suelo es lo m\u00e1s parecido a un cad\u00e1ver humano, y por ende poco fotog\u00e9nico. A veces, se ataba al animal a un bastidor de madera, para que aparentase la postura erguida y amenazante que supuestamente hab\u00eda adoptado antes de que los certeros disparos del cazador hubieran acabado con su vida.<br \/>\nA continuaci\u00f3n, se le despellejaba y la piel se enviaba, convenientemente envuelta en sal u otro conservante, a los museos europeos. All\u00ed se le naturalizaba nuevamente en la postura m\u00e1s erguida y amenzante posible, con la boca bien abierta y los caninos bien pulidos hasta que brillaban con fulgor asesino.<\/p>\n<p>Disponer de animales muertos, empero, no satisfac\u00eda toda la necesidad de emociones fuertes que la sociedad occidental demandaba en las postrimer\u00edas del siglo XIX. Pero conseguir un gorila vivo para un zool\u00f3gico era mucho m\u00e1s f\u00e1cil de decir que de hacer. Desde luego, la tecnolog\u00eda de la \u00e9poca era incapaz de atrapar con vida a un ejemplar adulto y transportarlo desde su remoto hogar en la selva hasta un puerto donde pudiera ser embarcado hasta la casa de fieras m\u00e1s pr\u00f3xima. Fu\u00e9 preciso limitarse a las cr\u00edas. Una vez capturadas, se las intentaba mantener con vida el mayor tiempo posible, aun en la m\u00e1s absoluta ignorancia acerca de su dieta alimenticia, necesidades sociales y h\u00e1bitos cotidianos. Algunas consiguieron llegar hasta los zoos de Londres y Berl\u00edn, pero ninguna ech\u00f3 ra\u00edces. Entre 1887 y 1906, seis gorilas de corta edad fueron llevados al zool\u00f3gico de Londres, en Regent\u2019s Park, pero todos murieron en el plazo comprendido entre unas pocas semanas y cinco meses, y no por falta de atenciones. Un alto empleado del Zoo se\u00f1al\u00f3 a prop\u00f3sito del \u00faltimo fracaso, una joven hembra tan d\u00e9bil que nunca fu\u00e9 exhibida en p\u00fablico, que hab\u00eda recibido \u00abm\u00e1s cuidados que la hija de un millonario\u00bb.<\/p>\n<p>Una secuencia hist\u00f3rica de im\u00e1genes de gorilas muestra mejor que cualquier argumentaci\u00f3n hasta que punto ha cambiado nuestra percepci\u00f3n de estos simp\u00e1ticos animales, humanoides honorarios. La primera etapa fue la de los cr\u00e1neos puestos de perfil, esqueletos y pieles. M\u00e1s adelante, los grabados representan como el gran simio, bien erguido sobre sus patas traseras, ruge pavorosamente y agarra el ca\u00f1\u00f3n de la escopeta del cazador con las manos, con intenci\u00f3n de morderlo, que es el momento indicado para disparar. M\u00e1s adelante proliferaron las fotos de gorilas reci\u00e9n cazados amarrados a bastidores para mantenerlos erguidos, luego im\u00e1genes de gorilas en zoos cuando se consigui\u00f3 mantenerlos con vida el tiempo suficiente, y por fin el torrente de im\u00e1genes actuales, muchas de ellas de gorilas de monta\u00f1a, de estos grandes simios haciendo vida de familia entre una espesa floresta de color verde intenso.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo se pas\u00f3 de las leyendas de horrenda ferocidad a tan pac\u00edficas escenas? Hay una historia de la naci\u00f3n gorila como las hay de muchas otras, paralela en cierta forma a la historia de \u00c1frica misma. Todo empez\u00f3 en Boston, Massachusetts.<\/p>\n<p>La sesi\u00f3n del 18 de agosto de 1847 de la Sociedad de Historia Natural de Boston se abri\u00f3 con la lectura de una comunicaci\u00f3n del Dr. Thomas S. Savage, \u00abdescribiendo los caracteres externos y los h\u00e1bitos de vida de una nueva especie de Troglodytes (T. gorilla, Savage), recientemente descubierto por el Dr. S. en Empongwe, cerca del r\u00edo Gab\u00f3n, \u00c1frica\u00bb. Como anticl\u00edmax, a continuaci\u00f3n, Mr. Desor mostr\u00f3 al p\u00fablico numerosos ejemplares de moluscos f\u00f3siles hallados en sedimentos en Brooklyn, Nueva York. Esa fue la entrada oficial del gorila en la ciencia occidental. En un viaje desde Liberia, donde ejerc\u00eda su ministerio, Savage pernoct\u00f3 en casa del reverendo Wilson (Misionero senior de las Misiones Extranjeras en el \u00c1frica Occidental), en el actual Senegal. Wilson le mostr\u00f3 un cr\u00e1neo y luego consigui\u00f3 m\u00e1s piezas, as\u00ed como mucho material narrado por los naturales del lugar sobre las costumbres del animal.<\/p>\n<p>Resulta extra\u00f1o que un simio de semejante tama\u00f1o fuera desconocido para la ciencia europea hasta mediados del siglo XIX. Chimpanc\u00e9s vivos hab\u00edan sido enviados a Inglaterra en los a\u00f1os finales del siglo XVII, y el orangut\u00e1n era conocido probablemente desde los tiempos de Vasco de Gama. El gorila lleg\u00f3 tarde pero ya nunca abandon\u00f3 el podio de los animales extraordinarios, gracias a una larga dinast\u00eda de propagandistas. El primero fue el norteamericano Paul du Chaillu, que apareci\u00f3 en Londres en 1861 con un libro bajo el brazo \u2013Exploraciones y aventuras en \u00c1frica tropical\u2013 repleto de vibrantes im\u00e1genes, entre ellas algunas descripciones muy logradas de la bestia demon\u00edaca, el gorila, sus feroces ataques y c\u00f3mo detenerlos con certeros disparos.<\/p>\n<p>Empero muy pronto llegaron los aguafiestas, empe\u00f1ados en echar por tierra la imagen infernal del gran mono. El primero fue el escritor y viajero Winwood Reade, predecesor de Akeley y Schaller, que si bien apenas pudo atisbar directamente gorilas en libertad, s\u00ed recogi\u00f3 tal cantidad de testimonios fiables que termin\u00f3 la era mitol\u00f3gica del feroz gorila y comenz\u00f3 la etapa de la observaci\u00f3n y casi admiraci\u00f3n del enorme animal tan parecido al ser humano.<\/p>\n<p>Estos pac\u00edficos animales, tan parecidos a la imagen del Buda, ignoraban que parte de su destino se decidir\u00eda en el Congreso de Berl\u00edn, 1884-1885, cuando el Complejo Occidental, la futura Fortaleza del Norte, se consider\u00f3 preparada, desde el punto de vista log\u00edstico y tecnol\u00f3gico, para hincar el diente al continente africano. A partir de entonces los choques entre humanos y gorilas ser\u00edan cada vez m\u00e1s frecuentes. En 1907 (seg\u00fan Wendt) se llev\u00f3 a cabo la primera cacer\u00eda en gran escala de gorilas. Los env\u00edos a los zool\u00f3gicos llegaban con regularidad. El gorila de monta\u00f1a (en lat\u00edn, Gorilla gorilla beringei) entr\u00f3 en los anaqueles de la ciencia occidental en 1902.<\/p>\n<p>No es casualidad que el gorila de monta\u00f1a lleve el nombre de Von Beringe, teniendo en cuenta la fecha. En aquellos d\u00edas el Imperio Alem\u00e1n buscaba un lugar bajo el sol de Africa con todo el entusiasmo de que era capaz. Las sociedades coloniales proliferaban en Berl\u00edn. Esforzados exploradores azotaban Africa en todos los sentidos. El capit\u00e1n Oscar von Beringe describe as\u00ed en el Deutsches Kolonialblatt su primera visi\u00f3n de los gorilas de monta\u00f1a: \u201cVimos desde nuestro campamento un grupo de grandes monos negros que trataban de escalar el pico m\u00e1s alto del volc\u00e1n. Logramos matar dos.\u201d Von Beringe se encontraba en ese momento a unos 3.000 metros de altura, en la ladera del monte Sabinio. Hab\u00eda salido d\u00edas atr\u00e1s de Usumbura [Bujumbura], al norte del entonces lago Tanganika, para dejar ver el poder imperial alem\u00e1n indistintamente a los guardias de fronteras belgas y a los jefes locales aut\u00f3ctonos. Una frontera entre B\u00e9lgica y Alemania en los m\u00e1s profundo de la cadena de los volcanes Virunga resultaba completamente absurda, pero era una clara se\u00f1al de que el mundo estaba ya cerrado, provisto de cancelas y l\u00edneas trazadas sobre el mapa hasta el \u00faltimo rinc\u00f3n. El siguiente paso era evidentemente la guerra. Doce a\u00f1os despu\u00e9s el ej\u00e9rcito alem\u00e1n invadi\u00f3 precisamente B\u00e9lgica para iniciar el conflicto en que el Segundo Imperio Alem\u00e1n perdi\u00f3 el monte Sabinio y sus gorilas, junto con tres o cuatro millones de kil\u00f3metros cuadrados de territorios africanos.<\/p>\n<p>Siguieron tiempos duros para los gorilas de monta\u00f1a. En 1921, un personaje que respond\u00eda al estramb\u00f3tico nombre de pr\u00edncipe Guillermo de Suecia capitane\u00f3 una expedici\u00f3n a las monta\u00f1as que mat\u00f3 nada menos que catorce ejemplares. Ese mismo a\u00f1o \u2013que sin duda est\u00e1 calificado de sangriento en los anales gorilas\u2013 Carl Akeley mat\u00f3 cinco para el Museo Americano de Historia Natural, Nueva York, a orillas de Central Park. Pero Akeley cay\u00f3 del caballo, como un San Pablo del conservacionismo, abandon\u00f3 el exterminio de animales y presion\u00f3 al gobierno belga \u2013cuyo modelo de colonizaci\u00f3n era cualquier cosa menos interesado por el bienestar y el futuro de El Congo\u2013 para crear un Parque Nacional en los volcanes Virunga. El P.N. Alberto \u2013nombre del vigente rey de B\u00e9lgica\u2013 se estableci\u00f3 en 1925. Por esas mismas fechas, m\u00e1s o menos, dej\u00f3 de estar bien visto disparar sobre estos grandes simios. Ahora la consigna era estudiarlos. As\u00ed comenz\u00f3 la larga y casi desesperada historia de los gorilas de monta\u00f1a como especie s\u00edmbolo de la conservaci\u00f3n de la naturaleza, mucho m\u00e1s dram\u00e1tico que el panda gigante, logotipo del WWF.<\/p>\n<p>Carl Akeley represent\u00f3 el momento dulce (desde el punto de vista europeo) de la colonizaci\u00f3n africana, que tuvo otros destacados representantes, como Hemingway o Alan Moorehead, autor de No hay sitio en el arca (v\u00e9ase la dedicatoria a Sir Francis de Gignand, Freddy). Era un \u00c1frica todav\u00eda \u201csalvaje\u201d, firmemente sujeta por las redes de las colonias europeas, con verandahs, lounges, sirvientes ind\u00edgenas sol\u00edcitos, nobles guerreros, pigmeos y gorilas. En los a\u00f1os 20 y 30, Martin y Osa Johnson recogieron todo este exotismo en una serie de pel\u00edculas que alcanzaron gran \u00e9xito de p\u00fablico, una de las cuales se titul\u00f3 precisamente Congorilla. A\u00f1os despu\u00e9s, John Houston film\u00f3 Mogambo con el pretexto argumental de un cient\u00edfico deseoso de grabar y filmar a gorilas. El cartel anunciador del film promet\u00eda al p\u00fablico The battle of sexes! y The battle of Gorillas!<\/p>\n<p>La gran hora del gorila de monta\u00f1a lleg\u00f3 a mediados de los a\u00f1os 50, cuando se estaban echando los cimientos del Parque Pleistoceno Africano. En esos a\u00f1os de gran popularidad de los relatos sobre nuestros antepasados hom\u00ednidos, la posibilidad de ver a Nuestros M\u00e1s Cercanos Parientes en un clima fresco y entre bellos paisajes alpinos se convirti\u00f3 en irresistible. La industria hotelera lleg\u00f3 antes que la ciencia, gracias a uno de los hoteles m\u00e1s exclusivos del mundo, constru\u00eddo por Walter Baumgartel al pie de los Virunga. Baumgartel ofreci\u00f3 los tesoros naturales de su entorno a diversos cient\u00edficos, incluyendo a Raymond Dart y a Louis Leakey. Este \u00faltimo no visit\u00f3 jam\u00e1s el paraje, pero comenz\u00f3 a enviar a mujeres para estudiar los gorilas. La primera se\u00f1orita de la dinast\u00eda, Rosalie Osborn, \u201cex secretaria\u201d trabaj\u00f3 en la zona unos pocos meses en 1956. La sucedi\u00f3 Jill Donisthorpe el a\u00f1o siguiente. Ninguna de las dos consiguieron gran cosa: \u201cuna vislumbre, una sombra m\u00f3vil, una rama que cruj\u00eda al huir el animal\u201d. Ahora era el turno de Schaller, bajo el patrocinio principal de la NSF y la direcci\u00f3n general del doctor John T. Emlen, profesor de zoolog\u00eda en la Universidad de Wisconsin.<\/p>\n<p>A finales de los a\u00f1os 50, la visita de Alan Moorehead resume bien el nuevo punto de vista sobre los gorilas: ya no se les considera bestias feroces y peligrosas, pero todav\u00eda no se ha planteado el acercamiento. Por aquella \u00e9poca, \u00c1frica era todav\u00eda ese continente embriagador y primigenio donde uno pod\u00eda contemplar por la ma\u00f1ana una ceremonia incre\u00edblemente ex\u00f3tica en la aldea de una tribu extraordinariamente aislada, y por la tarde compartir un c\u00f3ctel en alg\u00fan lounge rodeado de c\u00e9sped, junto al Residente local y su esposa. Kabale era uno de estos lugares s\u00f3lo para blancos: prados, jardines, un bien cuidado campo de golf, campos de tenis, badminton y croquet. Por las tardes, \u201cse bebe vino franc\u00e9s con la comida, se leen revistas en el sal\u00f3n, se juega al bridge y se escucha la radio\u201d. No satisfecho con este sue\u00f1o burgu\u00e9s en el coraz\u00f3n de \u00c1frica, Moorehead recuerda que no lejos de all\u00ed viven gorilas y decide intentarlo. Tras una agotadora excursi\u00f3n por los montes Muhavura y Mgahinga, Alan Moorehead consigue entablar contacto visual con un macho \u201cenorme y reluciente\u201d, que le examina desde un escarpe de la ladera opuesta, con \u201cla dignidad y majestad de los profetas\u201d. Tras la visi\u00f3n, baja la monta\u00f1a a la velocidad de un joven ant\u00edlope, \u201csin pensar siquiera en mis dolidos pies, despu\u00e9s de una jornada tan dichosa\u201d. Era el efecto gorila en acci\u00f3n.<\/p>\n<p>Toda esta estampa id\u00edlica sufri\u00f3 un duro golpe con la rebeli\u00f3n Mau Mau en Kenya. Con todo, los inicios del parque pleistoceno africano estaban conform\u00e1ndose. Situado principalmente en Kenia, Uganda y Tanzania, secundariamente en Etiop\u00eda, era un enorme territorio dedicado al parecer en exclusiva a mostrar toda la historia remota de la humanidad, a trav\u00e9s de f\u00f3siles, parientes simios y alguna que otra tribu primitiva.<\/p>\n<p>George Schaller lleg\u00f3 a los Virunga en 1960. Poca era la experiencia disponible sobre el arte de observar grandes simios en libertad, todav\u00eda considerados como potenciales enemigos del g\u00e9nero humano. Su rutina lleg\u00f3 a ser apacible. Su libro (El a\u00f1o del gorila) podr\u00eda ser una versi\u00f3n moderna de El perfecto pescador de ca\u00f1a. Schaller y los gorilas se observaron con cort\u00e9s y distante inter\u00e9s durante algo menos de un a\u00f1o. Los gorilas hac\u00edan su vida sin interferencias, y Schaller desarrollaba una vida razonablemente confortable junto a su esposa, en su caba\u00f1a de Kabara. La imagen de un hombre que vive aislado en una caba\u00f1a, en un claro del bosque, en estrecho contacto con la naturaleza, recordaba irresistiblemente el Walden de Thoureau. Se levantaba por las ma\u00f1anas y acumulaba horas de observaci\u00f3n. En algunos momentos, lleg\u00f3 incluso a sentirse aburrido.<\/p>\n<p>Schaller puso a punto las t\u00e9cnicas b\u00e1sicas que luego Diane Fossey refinar\u00eda: acercamiento sigiloso, movimientos lentos, dejarse ver para evitar asustar a los animales. La t\u00e9cnica se parece mucho a un \u00abcontacto\u00bb con una forma de vida extraterrestre. Un gran avance se produjo cuando se comprendi\u00f3 el pavoroso despliegue intimidatorio de los grandes machos, que Schaller analiz\u00f3 y dividi\u00f3 en secuencias. Tambi\u00e9n se puso de relieve la importancia de no acercarse nunca furtivamente, sino de acercarse de manera visible pero dejando claro \u2013para la mentalidad gorila\u2013 que no se supone una amenaza. El caso recuerda, adem\u00e1s del contacto con una civilizaci\u00f3n extraterrestre, los contactos que hubo con tribus todav\u00eda extra\u00f1as a la civilizaci\u00f3n tal y como lo describen viajeros del siglo XIX y anteriores. En todos estos casos, se da por supuesto que es preciso respetar unos c\u00f3digos de acercamiento.<\/p>\n<p>Schaller se fu\u00e9 tan silenciosamente como hab\u00eda venido: tal vez el \u00faltimo espejismo de un contacto hombre blanco-\u00c1frica pac\u00edfico y apacible, capaz de sobrepasar la violencia colonialista. La violencia, por el contrario, acompa\u00f1\u00f3 a Dian Fossey desde el primero hasta el \u00faltimo de los 15 a\u00f1os que pas\u00f3 con los gorilas. Fossey representa un nuevo tipo del contacto. Ya no se trataba de observaci\u00f3n a distancia: Fossey impuso la gesti\u00f3n activa del pueblo gorila y de su habitat, y no dud\u00f3 en meterse a fondo en sus implicaciones pol\u00edticas, ambientales e incluso racistas.<\/p>\n<p>La historia de Diane Fossey es indudablemente la que tiene m\u00e1s componentes tr\u00e1gicos. Como en una tragedia griega, incluye coros (de estudiantes), violencia, amor y amistad, viaje inici\u00e1tico, valor a toda prueba y hasta locura. Prueba de ello es que es la \u00fanica de las historias de mujeres simias que ha sido llevada a la pantalla. Probablemente los gorilas no lo sab\u00edan pero el d\u00eda en que Fossey entr\u00f3 en su territorio comenz\u00f3 la etapa m\u00e1s agitada de su historia reciente.<\/p>\n<p>Nuestra hero\u00edna trabajaba como fisoterapeuta de ni\u00f1os cuando aparece LSB Leakey, en su papel de demiurgo. Por aquellos a\u00f1os, los 1960s, LSB pasaba buena parte de su tiempo en Estados Unidos, orde\u00f1ando fondos de la rica naci\u00f3n y ofreciendo en contrapartida espectaculares reportajes para sus mass media, especialmente Life y National Geographic. Da la sensaci\u00f3n que en la familia Leakey eran las mujeres (Mary, Meave) las que hac\u00edan el trabajo duro, dejando el relumbr\u00f3n para los varones de la especie. Eso es muy t\u00edpico de los croma\u00f1ones, en que un var\u00f3n puede alardear durante d\u00e9cadas del \u00fanico ciervo que caz\u00f3 en toda su vida, all\u00e1 por el oto\u00f1o del 25.200 AC. Parece ser que Leakey pensaba que las mujeres ser\u00edan mejores para desarrollar el contacto con especies extra\u00f1as, como embajadoras de la especie humana. Contratada al fin, Dian Fossey vuela a \u00c1frica y aterriza en un remoto aeropuerto atiborrado de soldados. Con la soltura que da la superioridad pol\u00edtica anglosajona, Leakey responde a sus preguntas sobre la situaci\u00f3n con la frase \u201cOh, debe haber una guerra civil en alguna parte\u201d.<\/p>\n<p>Reci\u00e9n llegada, fue expulsada por los soldados del Congo y tuvo que sentar sus reales en Ruanda, un diminuto pa\u00eds con una aplastante presi\u00f3n demogr\u00e1fica. Financiada por la revista National Geographic, Dian Fossey se dedic\u00f3 en cuerpo y alma a salvar a los gorilas, en el sentido moderno y conservacionista de la palabra. Desarroll\u00f3 una empat\u00eda tan fuerte con los gorilas que se convirti\u00f3 ella misma en una gorila: era capaz de apreciar la amistad, el mal humor o la gracia en estas bestias. Sent\u00f3 las bases de la incipiente industria tur\u00edstica basada en la observaci\u00f3n de gorilas \u2013al parecer, no existe nada semejante con relaci\u00f3n a chimpanc\u00e9s y orangutanes, aunque s\u00ed con respecto a leones o elefantes. Curiosamente, su empat\u00eda no alcanz\u00f3 a los nativos, ind\u00edgenas o en general seres humanos aut\u00f3ctonos que habitaban tierras peligrosamente cerca, a su juicio, de la tierra de los gorilas. Una de sus decisiones m\u00e1s pol\u00e9micas fue intentar evitar que los gorilas \u00abadiestrados\u00bb se acostumbraran a la vista de los africanos de piel oscura. Rwanda no significaba todav\u00eda \u201cgenocidio\u201d, no ten\u00eda todav\u00eda las terribles connotaciones que adquirir\u00eda a mediados de la d\u00e9cada de los 90. Despu\u00e9s de haberse enemistado con todo el mundo excepto con los gorilas, Dian Fossey fue asesinada en su caba\u00f1a en 1985. Seguir\u00edan a\u00f1os malos, m\u00e1s reportajes, poblaciones fluctuantes y al parecer una tim\u00edda recuperaci\u00f3n del gorila de monta\u00f1a en los \u00faltimos a\u00f1os. Lo que s\u00ed parece claro es que el gorila es a la humanidad como los cuervos de la Torre de Londres a la monarqu\u00eda brit\u00e1nica: el d\u00eda en que dejen de alentar sabremos que nuestra especie estar\u00e1 en un apuro muy serio.<\/p>\n<h5>\n1- When the guide called for us to return after we had spent exactly 1 hour with the gorillas, we departed in a very melancholic mood. We walked backthrough the slippery underground to the camp, first silently, then whispering. After the emotion and tension had relaxed somewhat, we exchange dour lively impressions. A young stock broker from New York even said, with tears in his eyes, \u201cthis was like a climb into paradise\u201d.\u201cClose Encounter with Gorillas at Bwindi\u201d Gorilla Journal &#8211; June 97.<br \/>\n2- Tal es el inter\u00e9s general sobre la inteligencia gorila, que hace unos a\u00f1os fue noticia mundial la filmaci\u00f3n de una hembra ayud\u00e1ndose con un palo para cruzar un r\u00edo.<\/h5>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una gorila joven en el zool\u00f3gico de Berl\u00edn. Los gorilas de los zool\u00f3gicos nunca dejan indiferentes a los visitantes. 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