{"id":10919,"date":"1936-12-14T17:25:44","date_gmt":"1936-12-14T17:25:44","guid":{"rendered":"http:\/\/aeropinakes.com\/wordpress\/?post_type=reader&#038;p=10919"},"modified":"2019-12-06T18:55:07","modified_gmt":"2019-12-06T17:55:07","slug":"queviures-a-madrid","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/aeropinakes.com\/wordpress\/1936\/12\/14\/queviures-a-madrid\/","title":{"rendered":"C\u00f3mo empezaron los diez a\u00f1os del hambre"},"content":{"rendered":"<h5><a href=\"http:\/\/aeropinakes.com\/wordpress\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/tarjetadeabastecimientocanillas.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone wp-image-10922 size-full\" src=\"http:\/\/aeropinakes.com\/wordpress\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/tarjetadeabastecimientocanillas.jpg\" alt=\"tarjetadeabastecimientocanillas\" width=\"1024\" height=\"799\" srcset=\"https:\/\/aeropinakes.com\/wordpress\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/tarjetadeabastecimientocanillas.jpg 1024w, https:\/\/aeropinakes.com\/wordpress\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/tarjetadeabastecimientocanillas-300x234.jpg 300w, https:\/\/aeropinakes.com\/wordpress\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/tarjetadeabastecimientocanillas-768x599.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a>Cr\u00f3nica, 20 de septiembre de 1936 &#8211; Biblioteca Nacional de Espa\u00f1a \u2013 Hemeroteca Digital<\/h5>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\">\u00a1Heroicas mujeres de las colas; de los amaneceres en la puerta de las tiendas; de las horas pasadas arrimadas a la pared, porque los pies ya no sostienen, con el capacho al brazo, para llevar algo a casa!<\/h4>\n<h4 style=\"text-align: right;\">E.F.: La nueva cocina madrile\u00f1a, impuesta por la guerra.<br \/>\nCr\u00f3nica, 30 de mayo de 1937<\/h4>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Los primeros meses de la guerra fueron plet\u00f3ricos en Madrid. Las tiendas estaban llenas, la comida abundaba y la gente ten\u00eda dinero en el bolsillo. Se hab\u00eda acabado el paro, y el Gobierno daba diez pesetas diarias a cada miliciano, lo que no estaba nada mal. El racionamiento que se implant\u00f3 oficialmente era espectacular: lejos de ser un reparto de la escasez, era simplemente el ideal alimentario puesto en una cartilla, con cantidades generosas de carne, pescado, l\u00e1cteos, frutas frescas y verduras. Es decir, lo que las clases proletarias espa\u00f1olas no com\u00edan muy a menudo antes de la guerra. Sumando las cantidades establecidas de carne, por ejemplo, se llegaba a m\u00e1s de 50 kilos al a\u00f1o, entre dos y tres veces la media de consumo nacional en aquellos a\u00f1os.<\/p>\n<p>Los problemas empezaron en noviembre, cuando los facciosos chocaron contra la ciudad. Para entonces ya estaban cortadas las carreteras y ferrocarriles del Norte (en Somosierra, a unos 50 km. de la capital), de Galicia y la Meseta norte (la carretera fue cortada en las mismas afueras de la capital en enero de 1937), de Extremadura (pr\u00e1cticamente en la misma estaci\u00f3n), de Andaluc\u00eda (a la altura de Getafe, a una decena de kil\u00f3metros al sur) y de Catalu\u00f1a y Zaragoza (a unos 60 km., poco m\u00e1s arriba de Guadalajara). S\u00f3lo quedaba abierta la carretera y ferrocarril de Valencia. Para entonces, las reservas de v\u00edveres y de carb\u00f3n ya estaban acabadas, despu\u00e9s de cien d\u00edas de alegre consumo.<\/p>\n<p>En noviembre de 1936 Madrid qued\u00f3 reducida a una triste situaci\u00f3n desde el punto de vista de los abastecimientos. Una ciudad que anta\u00f1o recib\u00eda alimentos de toda Espa\u00f1a y parte del extranjero, v\u00eda ferrocarril, camiones y tambi\u00e9n carros, se qued\u00f3 sin la parte m\u00e1s sustanciosa del suministro. De la noche a la ma\u00f1ana desaparecieron cosas como el pescado y marisco de Cant\u00e1brico, la leche y quesos de Galicia, harina y legumbres del valle del Duero, las verduras de Arag\u00f3n y las patatas de La Rioja, el aceite de Extremadura, los vinos del Bajo Guadalquivir, los corderos de Segovia, las terneras de \u00c1vila y la mantequilla de Soria.<\/p>\n<p>El Gobierno de la Rep\u00fablica se encontr\u00f3 entonces con un problema imprevisto: abastecer a una ciudad de aproximadamente un mill\u00f3n de habitantes, a unos 400 km. del puerto de mar m\u00e1s pr\u00f3ximo, a trav\u00e9s de una sola carretera y un solo ferrocarril. Para empeorar las cosas millares de refugiados llegaron a la ciudad huyendo de las tropas facciosas, y se acercaba el invierno, que en Madrid, a 700 metros de altura sobre el lejano mar, suele ser duro.<\/p>\n<p>El gran problema planteado por los intelectuales falangistas \u2013la necesidad de que la ciudad dejara de absorber la energ\u00eda vital de campo sin compensarlo a cambio\u2013 cobr\u00f3 ahora una dimensi\u00f3n nueva. La visi\u00f3n falangista era de m\u00edseras aldeas hundidas en el polvo y el barro por culpa de la rica y pujante ciudad, pero ahora era la ciudad la m\u00edsera y las aldeas la que pod\u00edan salvarla. Al principio, la carrera para abastecer a Madrid se pint\u00f3 con tonos \u00e9picos, de acuerdo con el habitual sistema \u00abla propaganda primero, la acci\u00f3n despu\u00e9s\u00bb tan cara a la Rep\u00fablica. Los convoyes de camiones cargados de v\u00edveres procedentes de Levante eran recibidos en triunfo en la capital, con los flancos de los veh\u00edculos abarrotados de lemas y consignas. En ocasiones un pueblo de Cuenca o de Guadalajara, o de m\u00e1s lejos todav\u00eda, cargaba a sus expensas un cami\u00f3n con sacos de trigo, patatas, vino, aceite o lo que diera la tierra y lo enviaba a Madrid, la ciudad que estaba empezando sus dos a\u00f1os largos de asedio.<\/p>\n<p>Catalu\u00f1a tambi\u00e9n echaba una mano: \u201cCom ajuden els obrers gastron\u00f3mics als heroics defensors de Madrid\u201d, un cartel de la Federaci\u00f3 Obrera de Sindicats de la Ind\u00fastria Gastron\u00f2mica &#8211;\u00a0 Uni\u00f3n General de Trabajadores de Espa\u00f1a (Barcelona), mostraba\u00a0 una hilera de camiones que llevan pintada en grandes letras la leyenda \u00abQueviures a Madrid\u00bb (V\u00edveres para Madrid). Las hileras de camiones procedentes de Levante llevando comida a la heroica ciudad (y proclam\u00e1ndolo en grandes carteles) ser\u00edan una escena muy habitual durante la guerra.<\/p>\n<p>Al comenzar 1937, la situaci\u00f3n empeor\u00f3. Durante el invierno, la ciudad hab\u00eda devorado los recursos de su entorno pr\u00f3ximo, reducido a las faldas sur de la sierra del Guadarrama. Se hab\u00eda comido todo el ganado de la Sierra, y se hab\u00edan talado infinidad de \u00e1rboles para le\u00f1a, pues el carb\u00f3n de Puertollano o de Asturias ya no pod\u00edan llegar a la ciudad. Durante la batalla del Jarama en febrero de 1937, un empuj\u00f3n del ej\u00e9rcito nacional cort\u00f3 el ferrocarril de Valencia al sureste de la ciudad, y domin\u00f3 la carretera con sus fuegos. Fue necesario construir a toda prisa (en solo cien d\u00edas), aprovechando un ramal de un ferrocarril industrial, un by-pass ferroviario que evitara el corte de la v\u00eda principal.<\/p>\n<p>Al final se consigui\u00f3 mantener un abastecimiento m\u00e1s o menos regular de suministros a Madrid, pero con un racionamiento cada vez m\u00e1s draconiano, y un mercado negro paralelo cada vez m\u00e1s feroz. A peque\u00f1a escala, los madrile\u00f1os aprendieron a organizarse, intercambiando toda clase de art\u00edculos, desde radios a las joyas de la familia, por hogazas de pan o huevos en los pueblos, con una relaci\u00f3n de intercambio abrumadora a favor del campo: falangismo puro.<\/p>\n<p>La cat\u00e1strofe se evit\u00f3 gracias a que el suministro de agua potable y de electricidad, aunque renqueante, nunca se interrumpi\u00f3. Madrid ten\u00eda uno de los mejores sistemas de abastecimiento de agua de Europa, con presas en el r\u00edo Lozoya, que serpenteaba al pie del gran arco de c\u00edrculo que formaban las monta\u00f1as en torno a la ciudad. Los embalses enviaban el agua a Madrid por canales de hasta 70 km de longitud. Esta agua serrana era de gran calidad, mejor que la subterr\u00e1nea que sol\u00eda abastecer a muchas ciudades en el mundo. Los camareros madrile\u00f1os la serv\u00edan con mucha prosapia a los clientes que les ped\u00edan un vaso de agua, con la f\u00f3rmula \u00abA ver un Lozoya, caballero\u00bb. Pero su gran tama\u00f1o hac\u00eda vulnerable el sistema de abastecimiento, y cost\u00f3 grandes esfuerzos y bastantes muertos evitar que los franquistas se hicieran con el control del embalse de Puentes Viejas, la clave de todo el sistema, desde donde habr\u00edan podido literalmente cortar el agua a la ciudad.<\/p>\n<p>Tres compa\u00f1\u00edas el\u00e9ctricas suministraban fluido a Madrid en 1936, que contaba con cuatro usuarios principales: el metro, la compa\u00f1\u00eda de tranv\u00edas, la industria y los clientes dom\u00e9sticos, que la usaban principalmente para alumbrado. El abastecimiento el\u00e9ctrico era renovable en un alto porcentaje, pues la luz ven\u00eda principalmente de varias centrales hidroel\u00e9ctricas, la m\u00e1s lejana situada en Albacete, y otras en Guadalajara, Valencia y \u00c1vila. El metro y otras empresas grandes ten\u00edan centrales propias de carb\u00f3n en la misma ciudad. La central del Burguillo, en \u00c1vila, cay\u00f3 pronto en manos facciosas, pero el grueso del suministro continu\u00f3 sin dificultad, al pasar la conexi\u00f3n con la central de Bolarque, en Guadalajara, justo por el corredor que un\u00eda a Madrid con el resto de la zona republicana. Las compa\u00f1\u00edas el\u00e9ctricas lanzaron pronto una tarifa social econ\u00f3mica, pues la electricidad, que se usaba en los hogares para poco m\u00e1s que producir luz, era muy cara en relaci\u00f3n a la estructura de precios, mucho m\u00e1s que en la actualidad.<\/p>\n<p>La falta de carb\u00f3n oblig\u00f3 a Madrid a echarse en brazos de las energ\u00edas renovables: la madera de bosques y parques se aprovech\u00f3 y esquilm\u00f3 intensivamente, y lleg\u00f3 un momento en que la ciudad comenz\u00f3 a devorarse a s\u00ed misma, cuando millares de personas se dedicaron a arrancar y hacer astillas cualquier pedazo de madera que pudieran encontrar en edificios o viviendas abandonadas o bombardeadas. Al cabo, agotados todos los recursos, la gente se volvi\u00f3 a la electricidad para obtener calor. Las estufas y hornillos el\u00e9ctricos se llevaban vendiendo d\u00e9cadas, pero eran todav\u00eda una rareza. Para cocinar y calentar agua hab\u00eda desde las grandes cocinas de carb\u00f3n, mineral o vegetal, capaces de caldear toda una casa, a hornillos m\u00e1s peque\u00f1os que se pod\u00edan alimentar casi de cualquier cosa. Las grandes casas del barrio de Salamanca ten\u00edan calefacci\u00f3n central por caldera de carb\u00f3n, una curiosidad en el resto de la ciudad, donde se pasaba el invierno a base de braseros y peque\u00f1as estufas. El gas ciudad tambi\u00e9n alimentaba buen n\u00famero de hogares, pero necesitaba carb\u00f3n para ser fabricado.<\/p>\n<p>En pocos meses se vendieron en Madrid decenas de miles de cocinillas el\u00e9ctricas, que la industria local improvis\u00f3 a toda velocidad con los cada vez m\u00e1s escasos materiales que pudo encontrar. Hasta un total de 100.000 resistencias sustituyeron al antiguo y ahora in\u00fatil parque de cocinas de combusti\u00f3n[115]. Teniendo en cuenta el impresionante aumento de demanda que esto origin\u00f3, el suministro el\u00e9ctrico sigui\u00f3 funcionando con bastante eficacia, a\u00fan completamente sobrecargado. El voltaje tuvo que ser paulatinamente reducido para repartir el escaso recurso entre una creciente demanda, y hacia el final de la guerra la corriente apenas transportaba la energ\u00eda suficiente como para poner de color naranja el filamento de una l\u00e1mpara. La gente pon\u00eda\u00a0los 50 gramos de lentejas del racionamiento en un puchero colocado toda la noche sobre el macilento hornillo, con la esperanza de que al d\u00eda siguiente el calor hubiera ablandado las lentejas como para poder comerlas. Una fuerte sequ\u00eda en la segunda mitad de 1938 empeor\u00f3 todav\u00eda m\u00e1s las cosas.<\/p>\n<p>El racionamiento, que hab\u00eda empezado con tanto br\u00edo en agosto de 1936, empeor\u00f3 inexorablemente durante el resto del tiempo que dur\u00f3 la guerra. Madrid deb\u00eda ser mantenido con vida, y en general a los soldados que lo defend\u00edan nunca les falt\u00f3 de comer, pero la poblaci\u00f3n civil se adentr\u00f3 paulatinamente en los terrenos de la inanici\u00f3n. A mediados de abril de 1937, la Junta de abastos de Madrid envi\u00f3 una resentida carta abierta al diario ABC, quej\u00e1ndose de que el diario republicano de izquierdas hab\u00eda publicado pocos d\u00edas atr\u00e1s la foto de un cami\u00f3n de huevos reci\u00e9n llegado a la ciudad. La fotograf\u00eda hab\u00eda despertado ilusorias esperanzas en la hambrienta poblaci\u00f3n madrile\u00f1a de poder comer alg\u00fan huevo fresco, porque lo cierto es que el cami\u00f3n hab\u00eda llegado en enero. Contrito, ABC prometi\u00f3 comprobar con m\u00e1s rigor en adelante la fecha de sus fotograf\u00edas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h5>[115] El suministro de energ\u00eda el\u00e9ctrica en Madrid bajo el dominio rojo. Por Enrique Becerril, ingeniero de caminos. Revista de Obras P\u00fablicas, n\u00ba 2697 (1940)\u00a0 (ropdigital.ciccp.es).<br \/>\n[116] Guillermo Cabanellas: La guerra de los mil d\u00edas.<\/h5>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cr\u00f3nica, 20 de septiembre de 1936 &#8211; Biblioteca Nacional de Espa\u00f1a \u2013 Hemeroteca Digital &nbsp; &nbsp; \u00a1Heroicas mujeres de las colas; de los amaneceres en &hellip; <!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":10922,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_is_tweetstorm":false,"jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":[]},"categories":[2196],"tags":[],"Asuntos":[],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/aeropinakes.com\/wordpress\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/tarjetadeabastecimientocanillas.jpg","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p7HKWx-2Q7","jetpack-related-posts":[{"id":15755,"url":"https:\/\/aeropinakes.com\/wordpress\/1936\/08\/14\/paisanos-pastores-y-campesinos-lanzados-a-la-guerra-cuatro-fotos-de-cronica\/","url_meta":{"origin":10919,"position":0},"title":"Paisanos, pastores y campesinos lanzados a la guerra: cuatro fotos de Cr\u00f3nica","date":"1936","format":false,"excerpt":"\u00a0 Cr\u00f3nica, 2 de agosto de 1936 Biblioteca Nacional de Espa\u00f1a \u2013 Hemeroteca Digital \u00a0 Cr\u00f3nica, 30 de agosto de 1936 Biblioteca Nacional de Espa\u00f1a \u2013 Hemeroteca Digital \u00a0 Cr\u00f3nica, 27 de septiembre de 1936 Biblioteca Nacional de Espa\u00f1a \u2013 Hemeroteca Digital \u00a0 Estampas de la lucha en el frente\u2026","rel":"","context":"En \u00ab1936\u00bb","img":{"alt_text":"","src":"https:\/\/i0.wp.com\/aeropinakes.com\/wordpress\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/pastor.jpg?resize=350%2C200&ssl=1","width":350,"height":200},"classes":[]},{"id":15404,"url":"https:\/\/aeropinakes.com\/wordpress\/1936\/04\/09\/coches-y-autobuses-para-la-guerra\/","url_meta":{"origin":10919,"position":1},"title":"Coches y autobuses para la guerra","date":"1936","format":false,"excerpt":"Todos los veh\u00edculos de motor, y sus conductores, fueron r\u00e1pidamente militarizados desde los primeros d\u00eda de la guerra civil. 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