Un final de mierda

Patton es el último general a la derecha (Wikipedia)

 

Los tres supergenerales norteamericanos Eisenhower, Bradley y Patton parecían incómodos, al borde de una especie de gran parrilla hecha con traviesas de ferrocarril que contenía trozos de cuerpos humanos a medio quemar. Estaban en el campo de Ohrdruf, justo en el centro de Alemania, a medio camino entre Frankfurt y Leipzig. Ohrdruf era un campo pequeño subsidiario de Buchenwald, a unos 50 km al este. Se había dedicado a tareas de excavación de búnkeres subterráneos, propios de la cultura de las profundidades que se desarrolló en Alemania en los últimos años de la guerra. Al aproximarse el III Ejército de Patton, el campo fue evacuado y sus presos enviados a Buchenwald, que fue uno de los campos–sumidero en esa época. En Ohrdruf quedaron cadáveres, cientos de ellos, en pilas, medio quemados o simplemente diseminados por todo el recinto. Los tres generales visitaron el campo el 12 de abril de 1945. Eisenhover, enfurecido, mandó que la población alemana de los alrededores fuera obligada a contemplar también aquel horror y que a continuación colaborasen en el enterramiento de los cadáveres. Patton dejó en sus memorias una vívida descripción de la “barbacoa caníbal” que habían visto. En las fotos se le puede ver un poco apartado, con su magnífica apostura militar, casco de acero pulido con tres estrellas, guerrera bien cortada, pantalones de montar y botas altas. Todo aquello parecía completamente fuera de lugar en Ohrdruf, especialmente la pistola con cachas de nácar que llevaba al cinto. El hombre que dijo “comparada con la guerra, las demás experiencias humanas son triviales” estaba viendo ante sus narices la manera absolutamente banal en que se mataba gente en la guerra en la que él participaba. Aquello fue demasiado para el general, que hizo un aparte tras un barracón para echar la papilla.
Belsen fue mucho peor, y les tocó a los británicos. Bergen Belsen había sido uno más de la red de campos, no especialmente duro como Mauthausen , más bien lo que lo presos experimentados llamaban “un balneario”. Pero fue recibiendo grandes cantidades de reclusos de todo el Imperio alemán en los meses y semanas finales, y el campo colapsó. Decenas de miles de personas atrapadas sin comida ni agua potable produjeron una mortalidad espantosa. Por primera vez el mundo pudo contemplar el uso de palas retroexcavadoras para manejar cadáveres, pilas y montículos de cadáveres, decenas de miles de muertos emaciados, entrelazados unos con otros, rellenando fosos enormes.
En toda Alemania la civilización se vino abajo. La gente arrancaba trozos de carne de los caballos muertos entre cañerías rotas y postes de la luz derribados. El agua contaminada provocaba disentería y por ende diarrea, que se unió a la falta de instalaciones higiénicas para provocar la ola de excrementos que sumergió toda Europa. La mierda alcanzó gran altura en los campos de concentración. En Buchenwald los presos se aliviaban en los tejados de los barracones. En la enfermería de Auschwitz, cientos de enfermos yacían sobre sus deyecciones.

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