105. Cataluña y Madrid

5.cata-madr“Madrid y Cataluña” o viceversa es un título prometedor, del estilo de “Sexo y violencia en Las Vegas”. Sin duda es la conexión más densa de todas las 136 sometidas a estudio, la más cargada de improperios, la única que tiene un puente aéreo funcionando a todo gas durante todo el año, el gran derby del fútbol peninsular, etc. Hay una subrelación todavía más intensa y antigua: la que existe entre Madrid Capital y Barcelona en tanto que ciudades grandes y ostentosas.
Según Luis Carandell, en su libro Vivir en Madrid, hasta 1973, los industriales catalanes viajaban allá dalt (allá arriba) comentando las últimas disposiciones oficiales en el vagón restaurante del Exprés Barcelona-Madrid. Llegados a la capital, establecían su cuartel general en el hall del Palace e iniciaban la ronda de contactos con funcionarios de diversas jerarquías y hombres de mucha mano (bien relacionados), que en ocasiones culminaba con la ansiada entrevista con el ministro del ramo. El objeto del viaje, que se hacía una o dos veces al año, solía ser una contrata con el gobierno, un pedido importante o un permiso de importación de maquinaria.
A partir de 1973, fue posible hacer la gestión en Madrid o en Barcelona y volver a dormir a casa, gracias al Puente Aéreo, institución que permite llegar y volar, monopolio de Iberia hasta hace unos años. Algunas personas viven prácticamente en el Puente Aéreo, una de las rutas aéreas más frecuentadas del mundo y pasan más tiempo a diez kilómetros de altura sobre Daroca que en sus propias casas. Últimamente, con el AVE sumándose al avión, el ajetreo Madrid-Barcelona y viceversa es infernal.

“Madrileños! Cataluña os ama…” era el texto de un cartel publicado por la Generalitat recogiendo las palabras de un discurso de Lluis Companys el 14 de marzo de 1937, en un mitín celebrado en la Monumental en ocasión del Día de Madrid. Se conservan montones de testimonios gráficos de esta relación pasional catalano-madrileña durante la guerra civil: soldados catalanes en la Gran Vía –enarbolando la senyera en el mismo palo que la bandera española–, hileras de camiones con el letrero pintado “Queviures a Madrid”, ardientes declaraciones de todos los líderes republicanos. Por debajo ardía el resquemor mutuo entre el gobierno de Valencia (que terminó por trasladarse a Barcelona, entre otras razones, para controlar mejor el díscolo país catalán) y la Generalitat, que quería actuar, y casi lo consigue, como un estado completamente independiente de facto de la República española.

En apenas tres días de julio de 2010 se celebraron dos enormes concentraciones populares en el Estado: en Barcelona el día 10 y en Madrid el 12. El sábado diez de julio fue una fecha histórica para Cataluña, pues la manifestación reunió más gente que la famosa diada del 11 de septiembre de 1977. Un millón, en números redondos. El lema era Som una nació. Nosaltres decidim y el argumento protestar contra una decisión anticatalana más dictada en Madrid, en concreto en la calle Domenico Scarlatti, 6, sede del Tribunal Constitucional. La riada humana colapsó Barcelona y demostró el poderío del catalanismo y de la idea del derecho a decidir (dret a decidir). Dos días después, el lunes, otra marea humana salió a la calle, pero con un propósito muy distinto, celebrar la victoria en la Copa del Mundo de Fútbol de 2010. Las calles de Madrid fueron recorridas por la selección al completo en un desfile triunfal que duró casi todo el día 12 de julio, bajo un sol justiciero. Los comentaristas de derechas compararon el delirio madrileño del 12 de julio con la manifestación catalanista de dos días antes en Barcelona y dictaminaron que el patriotismo españolista, antes dormido, había despertado con tanta fuerza que lo de Barcelona se podía considerar como una cosa diminuta y sin importancia en comparación. En realidad varios jugadores de la selección llevaban banderas catalanas, valencianas, asturianas y canarias, y puede que alguna más.

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