La política española necesita un pacto de damas y caballeros ¿Hay alguna dama (o algún caballero) en la sala?

Como todo en la vida, llega un momento en que hay que reconocer la verdad. El arroz se ha quemado, y no hay forma humana de resucitarlo. Hay que ponerse inmediatamente a hacer otra paella. Estas son algunas de las maneras en que podemos evitar el  desastre culinario, político y pandémico en que se encuentra nuestro bello país:

• Publicando un manifiesto conjunto de todos los partidos, que recoja el programa de mínimos que todos aceptan. Es decir, dejar los navajazos políticos para cuando haya sido controlada la pandemia. Hasta entonces, crítica ferozmente constructiva, unidad y aguantar.

• Creando un parking de asuntos que pueden ir a un ritmo más tranquilo hasta que haya sido controlada la pandemia. Es decir, el derecho a decidir, monarquía o república, memoria democrática, etc.

• Haciendo la lista de lo que no puede esperar ni un minuto más. Es decir, contratar personal sanitario, dotar la sanidad de toda clase de medios, humanos y no humanos (incluyendo miles de rastreadores), establecer una renta mínima universal firme como una roca, ayudar a los sectores económicos en apuros con algo más que buenas palabras, etc.

• Creando una cultura de solidaridad cívica. No se asusten, consiste en que la ciudadanía esté bien informada de lo que está pasando (por ejemplo, mejorando mucho los ilegibles datos diarios del Mº de Sanidad), sepa exactamente lo que tiene que hacer y sepa cómo ayudar a los demás a que lo hagan. Con un poco de suerte, los controles policiales de confinamientos y mascarillas pasarán a la historia.

Controlar la pandemia no es suficiente. Necesitamos un objetivo mayor, que incluya este control pero abarque cosas más interesantes. Ahí es donde los políticos pueden ganarse el sueldo. Por ejemplo, avanzar con decisión hacia un país con el aire y las aguas libres de contaminación, una energía barata basada en las renovables, una  alimentación cada vez más alejada de la comida basura, etc. Además: un replanteamiento de arriba abajo del funcionamiento del estado y de sus autonomías (que se han portado de manera muy mejorable), ya hacia el asunto federal o bien en otra dirección, decidida democráticamente. Bien, para eso están los políticos, se supone que son profesionales de estos menesteres.

Todo este arduo asunto requerirá buen número de micropactos y algoritmos de comportamiento. Por ejemplo, quedará prohibido absolutamente el lenguaje político del “y tú más”, el ventilador, etc. Importante será reducir progresivamente la terminación en “ao” tan cara a los políticos españoles y ciertas coletillas. Por ejemplo, el primero que diga “el pacto nace descafeinao”,  “mirar para otro lado”, “ponerse de perfil”, “encantado de haberse conocido”, etc., multazo al canto, Ya verán como van puliendo su lenguaje poco a poco.

Marciano Lafuente

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